MONIAC era un ordenador sencillo capaz de resolver nueve ecuaciones diferenciales en pocos minutos, hazaña imposible de lograr calculando con papel y bolígrafo.

Es quizás una de las computadoras menos estilizadas y más húmedas de la historia. Pero eso no quiere decir que no fuera atractiva.

Para hacer el prototipo se utilizaron principalmente materiales excedentes de la Segunda Guerra Mundial, incluidas las piezas recuperadas de un bombardero de Lancaster.

Cuando se completó, hace 70 años, resultó ser un armazón de 2 metros de alto y 1,5 de ancho con tuberías, válvulas, tanques, bombas sujetas con planchas de madera, que, al agregarle el ingrediente mágico agua, mostraba las repercusiones de las políticas económicas en 3D.

La máquina es conocida como MONIAC o Monetary National Income Analogue Computer (Computadora Analógica para la Medición de la Renta Nacional) y también como el Financephalograph, algo así como «finanzafalógrafo», además de otros nombres.

A pesar de puede sonar como una gran innovación tecnológica de la época, nunca intentó serlo.

Lo que el artilugio hidráulico pretendía hacer desde un principio era algo maravilloso: tornar una situación relativamente compleja en algo comprensible.

La MONIAC mostraba de un vistazo los posibles efectos de una decisión.

Su creador

Bill Phillips era un economista algo sui generis.

Había nacido en Te Rehunga, una localidad rural de Nueva Zelanda, en 1914, y crecido en la única granja del área que contaba con inodoros y luz eléctrica, no porque sus padres fueran ricos, sino porque su papá, Harold, era un ingeniero apasionado. Y le pasó esa pasión a su hijo.

Le enseñó a hacer juguetes, radios y toda clase de artilugios que más tarde le servirían en situaciones insospechadas.

Cuando se graduó del colegio, no pudo ir a la universidad pues la Gran Depresión había llegado hasta Te Rehunga, y la granja de sus padres no estaba produciendo las ganancias acostumbradas.

 

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