La música para el cerebro: una herramienta para sanar lesiones cerebrales

La música para el cerebro puede ser una herramienta poderosa en el tratamiento de trastornos  y lesiones adquiridas, ayudando a los pacientes a recuperar habilidades lingüísticas y motrices, ya que activa a casi todas las regiones del cerebro. 

Estudios de neuroimagen muestran que, tanto al escuchar como al hacer música, se estimulan conexiones en una amplia franja de regiones cerebrales, normalmente, involucradas en la emoción, la recompensa, la cognición, la sensación y el movimiento.

Musicoterapia 

Las nuevas terapias basadas en la música pueden favorecer la neuroplasticidad -nuevas conexiones y circuitos- que compensan en parte las deficiencias en las regiones dañadas del cerebro.

La melodía es física y anima a la gente a moverse con el ritmo. Cuanto más destacado es el ritmo, más radical y contundente el movimiento del cuerpo.

El ejercicio físico puede ayudar a mejorar la circulación, a proteger el cerebro y facilitar la función motora. La música induce estados emocionales al facilitar cambios en la distribución de sustancias químicas que puede inducir estados de ánimo positivos y aumento de la excitación, lo que a su vez puede ayudar a la rehabilitación.

Emoción, expresión, habilidades sociales, teoría de la mente, habilidades lingüísticas y matemáticas, habilidades viso-espaciales y motoras, atención, memoria, funciones ejecutivas, toma de decisiones, autonomía, creatividad, flexibilidad emocional y cognitiva, todo confluye en forma simultánea en la experiencia musical compartida. 

Las personas cantan y bailan juntas en todas las culturas. Sabemos que lo hacemos hoy y lo seguiremos haciendo en el futuro. Podemos imaginar que lo hacían también nuestros ancestros, alrededor del fuego, hace miles de años. Somos lo que somos con la música y por la música, ni más ni menos.

La música en el cerebro, ¿para qué sirve?

Un bebé de dos meses discrimina entre sonidos considerados agradables y sonidos que para la mayoría son desagradables. Además, puede recordar melodías escuchadas días antes. De aquí se podría concluir que la música es innata: los seres humanos nacemos dotados para apreciarla sin que nadie nos enseñe.

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La suposición que se plantea: si la evolución nos ha dotado de cerebros musicales, debe ser porque la música confirió a nuestros antepasados alguna ventaja en su entorno. Siguiendo con esto, Darwin pensaba que la música en los humanos surgió como herramienta para el cortejo, igual que la cola del pavo real y el canto de muchas especies de aves. Sin embargo, esta opinión es hoy minoritaria ya que, si la música fuera exclusivamente de origen sexual, ¿por qué cumple tantas otras funciones y aparece en actividades tan diversa?

El sonido y el placer

El psicólogo experimental Steven Pinker de la Universidad de Harvard opina: “la música no es una adaptación, sino una especie de efecto secundario de otras habilidades y necesidades del organismo humano”.

Pinker señala que la música, con sus sonidos repetitivos, ordenados y predecibles, nos «hace cosquillas» en los centros del placer que sirven para indicarnos que hemos encontrado un ambiente ordenado y seguro. La música puede ser innata sin ser adaptativa, como otras tecnologías del placer; por ejemplo, la gastronomía: el organismo sólo exige nutrientes, sin requerir que estos vengan fritos o sazonados.

 

«Somos criaturas musicales de forma innata desde lo más profundo de nuestra naturaleza».

-Koelsch-

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