Broncearse: ¿Le gusta a usted tostarse al sol? Tenga mucho cuidado
Broncearse: ¿Le gusta a usted tostarse al sol? Tenga mucho cuidado

Broncearse: ¿Le gusta a usted tostarse al sol? Tenga mucho cuidado

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Cuando principia un nuevo verano, hay personas que tratan de broncearse al sol en un fin de semana, tanto como de ordinario no se broncearían en varias semanas; con el resultado de que, en vez de broncearse gradualmente, se queman: se ponen coloradas, se cubren de ampollas, se hinchan y se despellejan. Algunas se queman tanto que necesitan asistencia médica y aún hospitalización.

Estos males se evitan si se estudian y se tienen en cuenta ciertos hechos fundamentales relativos a los rayos solares.

En primer lugar, recuérdese que los brillantes rayos de luz y los rayos caloríficos que causan una sensación de calor y pereza no son los que queman al broncearse. Las quemaduras y el bronceado de la piel se deben a los rayos ultravioleta de onda corta de la parte invisible del espectro solar.

La reflexión de los rayos ultravioleta en el agua o en la arena blanca pueden duplicar su intensidad y por tanto su poder de quemar la piel. Así, uno puede estar expuesto a ellos sin saberlo en días nublados, o cuando se halla en la playa haraganeando bajo un quitasol, o en la cubierta techada de un barco. El «bronceado del viento» que se adquiere en un automóvil es generalmente producido por rayos solares reflejados.

Los rayos ultravioleta de onda más corta son absorbidos por las capas superiores de la epidermis, o parte exterior de la piel, y producen quemaduras, pero poco bronceado. Las células afectadas de la piel despiden entonces una sustancia semejante a la histamina, la cual causa hinchazón en los pequeños vasos sanguíneos y da a la piel un color rosado que gradualmente cambia a rojo. De esos vasos sale suero, que a veces se acumula en ampollas.

El bronceado es producido por los rayos ultravioleta de onda menos corta, que no afectan tanto las células superficiales pero en cambio penetran más profundamente y llegan hasta los gránulos colorantes de la capa inferior de la epidermis. Estos gránulos suben a la superficie de la piel y adquieren un color oscuro. He ahí el fenómeno del bronceado causado por el sol.

Aunque la piel bien bronceada parece tener menos probabilidad de quemarse y ampollarse por la acción de los rayos solares que la piel natural, los hombres de ciencia se inclinan a creer que el bronceado no es un preventivo seguro contra las quemaduras del sol. Mejor preventivo es el endurecimiento de la piel que resulta de la acción de los agentes atmosféricos cuando se pasa mucho tiempo a la intemperie.

Casi todas las personas morenas parecen resistir más el sol sin quemarse que las rubias y las pelirrojas. Algunas de cutis blanco nunca se broncean: cuando se exponen a los rayos del sol, aunque sea por poco tiempo, se ponen coloradas y se ampollan. Esto, sin embargo, no se debe al color de la piel sino a la mayor delicadeza de su textura. La mayor parte de los aceites, cremas y lociones, que se emplean para acelerar y mejorar el bronceado, se fundan en el hecho de que es posible interceptar los rayos ultravioleta de ondas más corta (los que queman) sin interceptar los de ondas menos cortas (los que broncean). Esto quizá parezca resolver el problema del bronceado y las quemaduras, pero no suprimen la necesidad de proceder con sentido común.

El valor de todos los preventivos de las quemaduras producidas por el sol es relativo. En la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, los peritos inventaron un medio casi seguro de proteger a los aviadores derribados que permanecían mucho tiempo en balsas salvavidas o aislados en el desierto. Es una jalea de petróleo, de color rojo oscuro, que intercepta todos los rayos perjudiciales; pero es espesa y pegajosa, de aspecto sucio y difícil de quitar. Fuera de esto, protege más de lo necesario si uno quiere broncearse.

Los aceites vegetales (pero no los minerales) interceptan algunos de los rayos que queman. Para mayor protección, generalmente se les agregan sustancias químicas, como ácido paraaminobenzóico, salicilato de fenilo y ácido tánico, que también interceptan rayos de esa clase. Tales sustancias entran en la composición de cremas, bálsamos y disoluciones alcohólicas que se usan para evitar las quemaduras del sol.

Quienes quieran broncearse deben tener cuidado de no exponerse al sol con demasiada frecuencia ni por períodos demasiado largos, aunque usen preparaciones protectoras, las cuales se desprenden por la acción del sudor y el agua y deben aplicarse con frecuencia.

Lo más seguro es no exponerse al sol sino por diez minutos al principio de la temporada y aumentar gradualmente día tras día el período de exposición. Recuérdese que el peligro de quemarse es menor antes de las diez de la mañana y después de las tres de la tarde. Evítese el sol del mediodía. Al broncearse, conviene usar lentes oscuros, y también, cuando uno se tiende en el suelo para darse un baño de sol, cubrirse los ojos con pequeñas almohadillas de algodón.

Las quemaduras ligeras del sol deben tratarse con una loción mitigante de calamina, con aceite de oliva o manteca de cacao. «No se agrave el mal aplicando antisépticos poderosos a la quemadura», dice un perito. «Algunos productos farmacéuticos contienen sustancias, como alcanfor y mentol, que irritan la piel». Las quemaduras graves (en que hay shock, fiebre o muchas ampollas) debe tratarlas un médico.

A las mujeres les cuesta muchas veces caro el atractivo bronceado que adquieren en el sol. La acción frecuente de los rayos solares seca y estira la piel y le quita la frescura de la juventud. Además, pone quebradizo el pelo, lo descolora y aumenta la dificultad de agarrarlo y rizarlo. La mujer debe cubrirse el pelo cuando tome un baño de sol para broncearse, lubricarse la piel a fin de impedir que se seque, y aplicarse, antes de acostarse, alguna crema o loción. El valor terapéutico de los rayos solares, que antes se creía ser muy grande, se mira hoy como casi nulo. Los rayos ultravioleta, es cierto, estimula el ergosterol de la piel, el cual produce la vitamina D, que fortalece los huesos e impide la raquitis; pero esta vitamina se obtiene con mayor seguridad en píldoras, en varios alimentos comunes, como la mantequilla, la leche y los huevos, y en el aceite de hígado de bacalao.

Así pues, en la actualidad el baño de sol no se toma sino por placer y vanidad: para sentirse mejor, más descansado y mejorar la apariencia corporal con un atrayente cutis bien bronceado; pero en él, como en todos los demás placeres, debe observarse la moderación.

Los médicos no aprueban la porfía de algunos adoradores del sol que se empeñan en adquirir a todo trance una piel bronceada de color de caoba. Saben que, según datos comprobados, la acción prolongada de los rayos ultravioleta causa con frecuencia cáncer de la piel y de los labios. Casi todos los cánceres de la piel ocurren en la cara o en las manos: las partes más expuestas a la acción de los rayos solares. El número de cánceres de esta clase es proporcionalmente ocho veces mayor entre marineros y pescadores que entre personas de otras ocupaciones u oficios.

«No queremos atemorizar a la gente hasta el punto de que huya del sol, ni nos oponemos a que la piel se tueste un poco para darle mejor color», dice un dermatólogo: «pero debe tenerse presente que el sol no es un bien sin mezcla de mal, y que para aprovecharlo hay que proceder cuerda y moderadamente».

 

 

Tomado de: ¿Le gusta a usted tostarse al sol? Por: James Monahan, en: Selecciones del Reader’s Digest. Diciembre de 1953. pp 86-88.

Poner a salvo tu piel en Curadas

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