Los cirujanos realizan hoy hazañas que no se soñaron hace unos pocos años

Casi toda persona en algún momento de la vida necesita una costura quirúrgica: ya para cerrar heridas después de accidentes u operaciones, ya para reparar lesiones sufridas en el alumbramiento. Estas costuras son a veces tan sencillas que un ama de casa podría practicarlas; en otras ocasiones son tan difíciles que exigen la máxima habilidad de cirujanos expertos

Hay casos en que la aorta -la principal arteria del corazón- sufre una constricción que presenta la forma de un reloj de arena, lo que da por resultado que el organismo sufra gran escasez de sangre. Para corregir esta anomalía, los cirujanos cortan la sección afectada de la arteria y la reemplazan con un nuevo segmento. La labor de costura que se requiere es tan difícil que sólo pueden practicarla los más hábiles cirujanos. Los extremos de la arteria son duros, fibrosos y muy escurridizos. Los 20 o 30 puntos que se necesitan deben ser lo suficientemente fuertes para resistir el golpe de la sangre que pasa con cada latido, y absolutamente herméticos para impedir un escape que sería mortal, pero no tan apretados que corten la arteria. El interior de la unión debe ser impecablemente liso, pues en caso contrario puede formarse un coágulo fatal.

Para el injerto de la córnea se necesita igual habilidad. La córnea, tejido transparente, es el cristal de la ventana del ojo; cuando se empaña, la consecuencia es la ceguera. Los cirujanos pueden reemplazar el tejido afectado con córnea sana tomada de los ojos de los muertos o de personas ciegas por otras causas. La córnea es uno de los tejidos más duros del organismo, como lo es la esclerótica, que cubre el globo del ojo, a la cual debe unirse el injerto. Coser uno con otros dos pedazos de escurridizo cartílago, lograr el ajuste adecuado y asegurarse de que los bordes cosidos quedan exactamente alineados, exige la destreza de un virtuoso de la cirugía.

Un cirujano de hoy día (1953) tiene a su disposición un arsenal sorprendente de hilos quirúrgicos. Hay más de cien clases de material de sutura únicamente para la cirugía del ojo, y centenares para otros trabajos especiales. Los hilos son tan finos que llegan a tener un diámetro de 0,05 de milímetro, o tan gruesos que alcanzan a medir 0,85 de milímetro. La mayor parte del trabajo de costura se hace con algodón, seda, catgut -cuerda procedente del intestino del carnero- y finos alambres de acero y de tantalio. El nylon se emplea también, y están en estado de experimentación otros materiales sintéticos nuevos que ofrecen buenas perspectivas.

Cada material de sutura posee sus ventajas peculiares. El algodón es barato y fuerte; la seda no tiene acción irritante; el tantalio conserva su resistencia durante largo tiempo en heridas de cicatrización lenta. Si se dejan en el cuerpo, todos ellos, a excepción del catgut, pronto quedan encapsulados en tejido fibroso, es decir, aislados e inocuos. El catgut puro se absorve en unos diez días. Si la herida es de las que tardan más tiempo en cicatrizar, el cirujano emplea catgut tratado con tanino; y gradúa este tratamiento a fin de que el catgut tarde 20, 30 o 40 días en ser absorbido.

Los hilos quirúrgicos tienen diversos colores, para hacer contraste con el órgano que se cose. El cirujano puede emplear seda negra para los ojos; algodón azul para la piel; catgut para el intestino.

Hay una gran variedad de agujas, tanto rectas como curvas. Sus puntas varían: ahusadas para tejidos suaves (arterias, intestino, tiroides); cortantes para tejidos duros (ojo, piel, útero). Por regla general, las agujas rectas se sostienen entre los dedos. Para las agujas curvas se emplean los portaagujas, llamados pinzas de sutura, que sostienen firmemente la caña de la aguja.

Hasta hace poco tiempo, las enfermeras esterilizaban el hilo de sutura y enhebraban las agujas conforme el cirujano las iba necesitando. Actualmente la tendencia es a emplear las agujas «moldeadas». Es éstas se ha taladrado un orificio en la caña de la aguja, en él se ha introducido el hilo de sutura y se ha empalmado a presión. En esta forma, las agujas moldeadas no tienen ojo. Envasadas en tubos estériles, están listas para uso inmediato y se desechan después del trabajo quirúrgico.

Esas agujas tienen una ventaja evidente. Con una aguja enhebrada hay que introducir en el tejido dos cabos del hilo de sutura. La aguja moldeada, con sólo una hebra, hace un orificio más pequeño y produce una lesión menor.

Como en cualquier trabajo de costura, hay gran diversidad de puntadas. Los cirujanos usan principalmente la puntada de colchonero, la de hebra doble o reforzada, la de bolsa de tabaco, y la de puntos cruzados en equis. la sutura puede ser «interrumpida» o continua. Si hay peligro de que una infección se difunda a lo largo de una sutura continua, de que descomponga el material de sutura y ocasione que la herida se abra, el cirujano usa una sutura interrumpida. Cada punto se liga por separado. Este tipo de costura se usa generalmente en la piel; la continua por lo común se emplea en los músculos, en el peritoneo que tapiza la cavidad abdominal, y en el intestino.

Cada puntada debe asegurarse firmemente, cada vaso sanguíneo debe cerrarse por separado mediante una ligadura. En una operación amplia, por ejemplo la amputación de un pecho, puede haber 100 o más puntos sangrantes que deben ligarse. La mayor parte de los cirujanos usan tres o cuatro clases de nudos; en el que tienen más confianza es en el viejo nudo de doble lazo.

Cada operación presenta problemas de sutura que lo son propios, pero siempre se siguen unas cuantas reglas fundamentales. Los tejidos no deben nunca distenderse; los puntos deben ser lo suficientemente firmes para que tengan resistencia pero no tan apretados que oprimen y lesionen los tejidos. El fin que se persigue es el de volver a poner las cosas tal como estaban antes de la herida.

Cuando el cirujano «sale» del abdomen después de trabajar en una vesícula biliar, por ejemplo, tiene que enfrentarse a una serie de trabajos de sutura. Primero debe cerrar el peritoneo, la fuerte cubierta de la cavidad abdominal. Aquí el catgut es ideal. Después, debe coser los músculos; luego la fascia, el resistente tejido conectivo del cuerpo. Si el paciente es gordo, tal vez sea necesario tirar del tejido adiposo para unirlo. Finalmente, el cirujano llega a la piel. Aquí puede usar seda o algodón o quizás grapas metálicas, que dan un cierre neto y se quitan fácilmente.

Durante unos cuatro días, las puntadas solas mantienen la unión de los tejidos. Al cabo de ese tiempo la regeneración ha avanzado lo suficiente para contribuir a esa unión, y a los 14 días debe haber ocurrido la cicatrización completa. En las mejores condiciones, sólo quedará una cicatriz lineal, ligeramente purpurina, que irá desapareciendo gradualmente.

Las diferentes ramas de la cirugía tienen sus dificultades respectivas. La nitidez interesa particularmente a los cirujanos plásticos, puesto que su labor se lleva a cabo frecuentemente en la cara. Tratan de aprovechar los pliegues cutáneos naturales para las incisiones, y si es posible hacen pasar la aguja por los poros de la piel.

Para unir los huesos se usan por lo general placas metálicas y alfileres. Pero en algunos casos se cosen, como en una rótula fracturada, por ejemplo. Este hueso es demasiado duro para atravesarlo con aguja; hay que taladrarlo primero y después unirlo mediante sutura metálica.

El intestino es difícil de coser y la costura debe ser hermética para impedir la salida de gases. Cualquier escape hacia la cavidad abdominal podría ocasionar la peritonitis y la muerte.

Ninguna labor de aguja es tan delicada como la de los cirujanos. Su creciente destreza ha facilitado muchas operaciones que la generación anterior no se hubiera atrevido a realizar.

 

 

 

Tomado de: Cuando la vida pende de un hilo Por: J. D. Ratcliff Condensado de «Today’s Health» en: Selecciones del Reader’s Digest. Junio de 1953. pp 38-41.

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