Por Brian Fincheltub

La dictadura ha sacado nuevamente a la calle sus juguetes de guerra, eso sí, no sin antes aclarar en voz de Freddy Bernal que las cosa no es contra los Estados Unidos, porque ellos no quieren problemas con el imperio. La pregunta de los mil petros es ¿Contra quién o quiénes va entonces todo ese despliegue guerrerista? La respuesta parece evidente: contra la ciudadanía. Sin conflicto internacional a la vista, la dictadura apunta sus armas contra la población civil, enviándoles un mensaje camuflado de amenaza: si se atreven nosotros también.

Para la dictadura atreverse no significa mucho más que protestar de nuevo. La amenaza es creíble porque aunque frente a un ejército extranjero medianamente constituido toda esa chatarra soviética no tardaría mucho en ser inutilizada, frente a un pueblo desarmado su poder para causar muerte y destrucción no debe subestimarse. De allí que hayan colocado sus misiles y baterías antiaéreas a la vista de todos, en zonas residenciales, apuntando a universidades y otros sitios que han logrado sobrevivir al chavismo como símbolos de la civilidad.

No sería la primera vez que una dictadura masacra a su pueblo para mantenerse en el poder. De hecho, hay quienes aseguran que no hace falta una declaración de guerra oficial para darse cuenta que el régimen chavista tiene años aniquilando a su pueblo. No es sorprendente que en términos de proyección el número de desplazados venezolanos supere al de la devastada Siria. Los organismos internacionales no pueden decirlo, pero esos venezolanos huyen de la única fábrica que funciona en socialismo: la que produce muerte y miseria.

Aunque pueda generar miedo en algunos, quizás sea contraproducente abusar de la amenaza militar. En veinte años los venezolanos hemos perdido tanto que ni los tanques y fusiles oxidados de la dictadura, por más poder de daño que tengan, no podrán ser capaces de detener lo inevitable. Por más impresionante que sea el número de bajas, la población venezolana no ha sido derrotada, se repliega momentáneamente para volver y hacer frente a la dictadura. Hay una inmensa convicción de victoria que comienza a florecer, quizás esta vez sea diferente y las capacidades estén dadas para que ningún otro inocente muera por la libertad de su país.

 

Vía RunRun.es

 

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