El peor Zidane

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Criticar al triunfador siempre es contracultural. Parecen faltas de ortografía en un relato escrito por los dioses. Pero el fútbol es tan grande que escapa a cualquier consideración. En una temporada, como en las buenas novelas, cabe todo, lo mejor y lo peor. Llegados a este punto, al momento crucial del curso, el Madrid, competitivo desde el principio, se ha venido cayendo en una tendencia acusada en las dos últimas semanas en las que ha perdido el liderato en la Liga y se ha complicado muchísimo su futuro en la Champions tras la derrota con el City en el Bernabéu. El Clásico del domingo fijará definitivamente la zona cero de la crisis.

El fútbol también tiene mucho de científico. No funciona la magia. El problema estructural de los blancos desde que se fue Cristiano es la falta de gol. Zinedine Zidane es Houdini, por supuesto, pero no hay trucos que funcionen sin chistera. La grave lesión de Asensio y después la de Hazard han quitado tanto filo al Madrid que en un momento de debilidad de su nuevo goleador, Benzema, se ha visto abocado a meterse en un ring con Fury siendo un peso mosca. Contra eso no ha podido luchar ni siquiera un ilusionista consagrado como Zidane. Es un virus sin vacuna.

Zizou hizo muchas cosas bien en su segunda etapa en el banquillo blanco. Recuperó a efectivos para la causa, inculcó a sus jugadores la vocación por el día a día (la Liga), demostró de nuevo su infalibilidad en las finales (Supercopa), devolvió la fe a sus hinchas. Pero Zizou también trae sus penitencias. Por su afán de contar con todos tiró la Copa del Rey, un título que ahora estaría peleando para poder llevarse a la boca. El pan duro alimenta cuando no hay nada que comer. Despreció a la Real con un alineación estrambótica con siete cambios y una defensa prácticamente nueva. A la calle. Fue su responsabilidad.

En la Champions le quitó jerarquía a su equipo dejando a Kroos en el banquillo. Kroos era uno de los jugadores que Zizou había recuperado para la causa, uno de los mejores de la temporada blanca. El internacional alemán, salvo lesión, debe jugar siempre los partidos grandes. Isco no es tan fiable y Modric tiene una edad para estos ritmos. La energía de Valverde necesita otras piezas para ser bien canalizada.

Después Zidane tampoco leyó bien el partido. El 1-0 era un botín extraordinario ante la superioridad del City. Courtois ya era el héroe. El partido le pedía control, algo de anestesia, le pedía a Kroos y su labor de cirujano con el pase. Pero quiso operar un ojo con una sierra. Apostó por Bale, es decir, dejó a su equipo voluntariamente con 10 para sacar del campo al único jugador vertical (Vinicius). Ocho minutos fatídicos llevaron al Madrid a la picota. Olvídense de los árbitros, las excusas de los mediocres. Porque ante la falta de pegada y con la peor versión de Zidane en la gestión, los milagros no brotan como las flores.

 

Vía MARCA

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