Les tengo una mala noticia: no fueron los italianos quienes trajeron la pasta a Venezuela. Fueron los españoles. Lo hicieron en la época colonial, antes de la independencia, y a eso contribuyeron mucho los catalanes. No por esto hay que dudar de la italianidad de origen que la identifica.

Cuando llegó al país el último gobernador capitán general de Venezuela, Manuel de Guevara y Vasconcelos, nombrado por Fernando VII en 1798, se ofreció un fastuoso banquete de bienvenida y, entre los productos que se adquirieron para la celebración, figuran “…15 libras de fideos…”. También en otro banquete de marzo de 1824, ofrecido en Caracas por la Municipalidad a José Antonio Páez, Santiago Mariño y José Francisco Bermúdez, con motivo de su triunfo en Puerto Cabello, de acuerdo a la relación de gastos preparada por el organizador, Marcos Moreno, aparece la adquisición de “…6 reales de fideos…” y “…tallarines…”, sin especificar cantidad, víveres que no les fueron cancelados a los comerciantes Jerónimo Pompa y Roberto Comins que los suministraron.

No se habla de pasta porque en esa época cada tipo tenía denominación propia y así se nombraba y se la conocía de acuerdo a sus formas o rellenos, siempre partiendo de una nomenclatura itálica: macarrones, espaguetis, tallarines, ravioles, lasañas, etc. Los españoles hablaban de fideos, palabra derivada del mozárabe fidáwas, tomada luego por los catalanes como fideu y por los italianos fedelini, derivada de filello.

Fueron los catalanes quienes llevaron los fideos a España. No olvidemos que el reino de Nápoles estuvo bajo control del reino de Aragón (con algunas excepciones francesas y austríacas) desde 1442 hasta comienzo de 1713, y aceptaron de Sicilia la palabra originaria árabe para designar una pasta hecha de “harina de trigo, ya sola, ya mezclada con gluten y con fécula, en forma de cuerda delgada, que sirve para sopa”.

Quienes popularizaron la pasta en el mundo fueron los propios napolitanos que emigraron a América a partir de 1850, usando como bandera los macarrones con salsa de tomate y queso, una pasta corta en forma de canuto. Macarrón viene del bizantino makaronela que significa “el máximo de felicidad”.

Es probable entonces que los primeros fideos hayan entrado por Margarita, entre 1755 y 1785, cuando se estableció la Real Compañía de Comercio de Barcelona a Indias, empresa que competía con la Compañía Guipuzcoana, y que incursionaba en el oriente del país monopolizando el comercio marítimo de la época.

El primer registro de elaboración de pastas en el país habla de una “fábrica de fideos”, que se instaló en La Guaira, en 1846, según el cronista de la ciudad, Enrique Rivodó. En Caracas, en 1879, fue creada otra por un señor llamado León Suárez. Luego Luis Allegri, en 1884, registró la marca La Genovesa.

En muchos lugares de Venezuela se come pasta (tallarines) con caraotas sin que sea un plato de nuestra cocina tradicional, ya que se trata de una versión local de la pasta e fagioli de los italianos. Por años fue comida de obreros agrícolas necesitados de energía rápida a punta de carbohidratos para continuar.

Los únicos que pueden considerar como propia una preparación de pasta son los zulianos con su macarronada. ¿Puede un plato de pasta como la macarronada, ser considerado como un plato de cocina venezolana? Quien pruebe una macarronada bien hecha en Maracaibo y sus alrededores encontrará un sabor propio, definido, característico, de esta geografía, que nunca encontrará en Italia, aunque esté hecha con los universales macarrones.

Hubo una época en que fuimos el segundo país consumidor de pasta con un 17% per cápita. El éxito en nuestro caso tiene que ver con su condición de comida urbana que acompañó la rápida transformación del régimen alimentario de la sociedad agraria que éramos, a la sociedad urbana rentista petrolera que somos. Perdón, que fuimos.

@miropopiceditor / por Miro Popić

Curadas / Fuente: Tal Cual

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