Hoy hace un siglo se aprobó la primera Ley de Hidrocarburos de Venezuela

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La anécdota fue narrada por el propio Rómulo Betancourt. Siendo presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno (1945-48) acudió a un sepelio de este corte: gomecista había sido el finado y gomecistas la mayoría de los presentes, muy sorprendidos por la presencia de un adversario tan antiguo como tenaz, ahora al frente de un régimen empeñado en borrar todo vestigio de aquella dictadura.  El difunto era el ex Ministro de  Fomento de Gómez, Gumersindo Torres, impulsor de la primera Ley de Hidrocarburos, de la que se cumple hoy un siglo de su aprobación.

“Fue ese gesto mío una forma de testimoniar reconocimiento del país, representado por el Jefe del Poder Ejecutivo, a un funcionario que procuró la defensa de los Intereses de la Nación, en época en que el subsuelo de Venezuela era subastado en las peores condiciones entre los miembros de la internacional del petróleo”, dejó constancia Betancourt en su relato.

Ese experimento legal, que apenas sobrevivió 352 días a las presiones de las petroleras, sumado a una segunda ley en 1928 y el Reglamento de 1930, ambos con la impronta de Torres, hicieron del dos veces ministro de Fomento y primer Contralor General de la República rara avis de los gabinetes gomecistas y figura prominente en la historia de la industria petrolera venezolana.

La lotería petrolera

Aunque desde 1911 cuadrillas de exploradores, geólogos e ingenieros recorrían febrilmente el territorio nacional y tres años antes de la ley del año 20 Venezuela producía, refinaba y exportaba crudo, tuvo que hacer erupción el Pozo La Rosa, proyectando al cielo durante nueve días seguidos su caudaloso chorro de más 50 mil barriles de crudo, para que la palabra “petróleo” apareciera por primera vez en  un mensaje anual de un presidente al Congreso.

Hasta 1918 se habían aprobado doce leyes “de minas” y ese era el genérico bajo el cual los discursos oficiales abarcaban todo lo que tuviera que ver con asfalto, nafta, betún, ozoquerita, cera mineral, carbón, brea o petróleo. Podía ocurrir, como en efecto, que en las trastiendas del poder hubiera una verdadera rebatiña de concesiones en millones de hectáreas, cedidas al entorno más íntimo y/o familiar de Gómez y traspasadas luego para beneficio propio a las compañías extranjeras.

Sin embargo, del petróleo no había debate público ni se rendían las amplias relaciones dedicadas a los alzamientos, persecuciones de montoneras, inversión en armamentos, avances del ferrocarril, el telégrafo u obras públicas usuales en los mensajes al Legislativo de principio de siglo.

Pero era imposible ignorar el reventón del Barroso N° 2 (14-12-1922), que dejó boquiabiertos a los cazadores internacionales de fuentes de esa riqueza minera, holandeses, ingleses y norteamericanos. Era un torrente incontenible.

La Caribbean Petróleum se declaró en emergencia y desplazó hacia el caserío La Rosa, de Cabimas, “una caldera, dos bombas, gran cantidad de tubos de grueso calibre y 600 hombres para los primeros trabajos”.

Leámoslo con las mismas palabras que lo reseñó la prensa zuliana de la época: “Se nos informa que es tan potente el grueso chorro de petróleo, que ha inundado la zona La Rosa i corrido hacia el lago el precioso mineral en tal cantidad, que las corrientes lo han traído hacia las márgenes de la región de Las Rancherías i hacia Los Haticos en esta ciudad”. (Panorama, 20-12-1922).

Cuando el 28 de abril de 1923, Gómez dirija su mensaje anual al congreso dirá que en hidrocarburos la zona venezolana estaba reconocida como de las mejores del mundo, “sobre todo en estos últimos tiempos en que el pozo de petróleo La Rosa, por su potencia y capacidad, sorprendió gratamente al patriotismo, superando los más optimistas cálculos de técnicos y empresarios”. 

El año anterior al hablar de la “industria minera” sólo se había referido al carbón de Las Hulleras de Naricual.

El Lago de Maracaibo se convirtió en una de las zonas más noticiosas del país aunque mayormente circunscrita al Zulia. Una intensa movilización de hombres y equipos por mar y tierra, reventones, explosiones, incendios, derrames de crudo, los espasmos y el espeso líquido amniótico de la Venezuela que estaba por nacer y que vendría al mundo con su billete de lotería premiado bajo el brazo.

via TalCual

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