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Lorena Meritano: “Existe una vida después del cáncer”

Lorena Meritano cambia de voz, de inflexión, apenas comienza a hablar de Venezuela. La alegría le aflora de inmediato al recordar a los venezolanos, a pesar de que nunca vivió en nuestro país pero sí lo ha visitado varias veces. Es una emoción diferente a la que muestra cuando habla del proceso “adverso, difícil, cruel” que le ha tocado vivir a esta sobreviviente de cáncer de seno. Y aun así da gracias a la vida, algo que aprendió de chiquita con su familia cuando vivía en Concordia, en la provincia argentina de Entre Ríos, donde nació. “No estaría viva si no fuera una persona agradecida”, nos dijo la actriz y conferencista en esta entrevista exclusiva con Curadas.

La entrevista se la hicimos vía WhatsApp. Le enviamos el cuestionario y ella, gentilísima, nos respondió las preguntas mediante mensajes de voz. Los voicenote oscilan, en promedio, entre uno y tres minutos. Pero en el que habla de Venezuela, se extiende por 7:10 minutos.

“¡Venezuela. Yo tengo un amor especial por Venezuela y los venezolanos!”, dice la actriz, ahora radicada en Buenos Aires, desde donde sigue conectada con nosotros de una u otra forma. Hace poco la vimos en el cortometraje La peste del insomnio, del director y productor venezolano Leonardo Aranguibel, auspiciado por la Fundación Gabo. También forma parte del elenco de la película La semilla del girasol, del escritor venezolano Rafael Cabello-Wagner, cuyo rodaje fue suspendido a causa de la pandemia del coronavirus.

“Nunca viví en Venezuela, pero tuve el honor, la oportunidad, gracias a Arquímedes Rivero, de hacer dos telenovelas. Una fue La mujer de mi vida, en 1999, para Venevisión Internacional y Univisión; y luego Corazón apasionado, en 2012, también para Venevisión Internacional. Siempre que fui a Venezuela para mí fue una fiesta en el corazón. No conocía venezolanos ni conocí a Venezuela hasta que llegué a Miami”, contó.

Su primer amor de adulta

Lorena Meritano acababa de protagonizar la telenovela Escándalo, al lado de Christian Meier, en Perú. Regresó a México, donde vivía entonces, y le comentó a un amigo que necesitaba un manager – “no soy buena para hablar de dinero ni para negociar condiciones y contratos”, dice -. Así entró en contacto con Gabriel Blanco, un manager cubano que al día siguiente de conocerla le habló de una propuesta.

“Me llama y me dice que en Miami están rodando una novela para Venezuela y Estados Unidos y que necesitan una antagonista. Me dice que la idea es ir a hacer el casting y que si me aprobaban, me tenía que quedar porque ya llevaban una semana grabando; y si no, nos regresábamos. Así que nos fuimos con seis maletas y ¡me contrataron! Luego, Arquímedes reunió a todo el elenco y así conocí a Natalia Streignard y Mario Cimarro, los protagonistas, y a otros actores venezolanos y de otros países. Yo interpreté a Alexandra Montesinos, la antagonista.

Después me enamoré de un chico que trabajaba en producción, Carlos Bardasano. Fue mi primer amor adulto de alguna manera, vivimos dos años juntos. Carlos vino a pasar fiestas conmigo a mi tierra natal, Concordia. En algún momento de la novela tuvimos que ir a Caracas, y ahí fue cuando la conocí. Fui con Carlos. Lo recuerdo con muchísimo afecto a él, a su madre, Claudia; a su padre, a su hermana, gente de bien, amorosa, gente de trabajo, maravillosos. En ese viaje fui a Sábado Sensacional y al programa de Maite (Delgado). Después volví a Venezuela porque gracias a La mujer de mi vida me otorgaron el Mara de Oro.

Orando por Venezuela

Luego regresé – ya no estaba con Carlos – para el programa de Maite. En una de esas veces, que nunca olvidaré por la generosidad y la belleza de Maite, tenían a mi padre en el público. ¡Qué sorpresa!, porque yo vivía en Colombia en ese momento. Por eso te digo, cada vez que fui a Venezuela fue por un motivo hermoso.

Pero la última vez que me invitaron, y fue al programa Aprieta y gana, encontré muy golpeada a Venezuela. En el hotel no había ni refrescos y no me dejaban salir a la calle. Cuando fui al programa de Maite en el que estuvo mi padre, salimos juntos a caminar, a comer arepas, a ver un espectáculo en la Sala Rajatabla. Siempre que había ido a Venezuela había sido una fiesta. Pero la última vez la pasé muy mal.

Ahora pasa todo esto que está pasando en Venezuela, que es una tragedia espantosa. Acá en Argentina hay un montón de venezolanos que viven y trabajan, siempre me los encuentro, y están muy agradecidos con Argentina. He intentado ayudar de una y mil maneras a un montón de venezolanos, me da mucha tristeza por lo que están pasando. Le pido mucho a Dios que pronto puedan volver a ser libres y que pueda acabarse tanto odio entre hermanos. Yo he recibido casos de gente que sufre de cáncer que me pide ayuda. Es terrible lo que está aconteciendo en Venezuela.

Pero en lo personal me encanta, siempre me la pasé fantástico y me caen rebién los venezolanos. Tengo los mejores recuerdos de esas dos producciones que hice con venezolanos, compañeros increíbles, talentosos, amorosos. Siempre estoy orando y deseándole lo mejor a Venezuela. Espero que vuelva a ser la Venezuela pujante, hermosa y libre que fue siempre.

De Concordia a México

Lorena Meritano salió a los 15 años de Concordia, en la provincia de Entre Ríos, donde nació y realizó los primeros estudios relacionados con su carrera: clases de danza, de teatro, de declamación. Se fue a Buenos Aires y comenzó a trabajar como modelo, pero quedó traumatizada. “Fue muy difícil porque no estaba preparada ni mental, ni física ni emocionalmente para enfrentarme a la capital, sola, a un medio tan banal, tan superficial y tan despiadado para una niña de 15 años. Venía de un hogar, de mamá, papá, abuelos, hermanos.

Hubo un momento en el que me tuvieron sin comer durante un mes, comiendo solo limones, porque decían que estaba gorda. Eso me produjo mucha ansiedad, mucha tristeza. Me dejó trastornos de alimentación. Extrañaba a mi familia. Así que regresé a Concordia y me inventé un programa de televisión que lo hacía, producía y conducía yo”.

Eso le permitió ahorrar dinero e irse después a México, donde inició profesionalmente su carrera como actriz, que luego la llevó a Perú, Colombia y Estados Unidos. Debutó a los 21 años en la telenovela mexicana Prisionera de amor, a la que han seguido muchas otras producciones como Pasión de gavilanes y la versión latinoamericana de la serie estadounidense Amas de casa desesperadas. Más recientemente actuó en la serie El rey del valle (2017) y en la telenovela La bella y las bestias (2018). Esta última la transmitió Univisión, el principal canal en español de Estados Unidos.

También actuó en las películas Baño de damas, de 2005, una coproducción peruana-venezolana dirigida por Michel Katz; Soñar no cuesta nada, de 2006, una coproducción colombo-argentina dirigida por Rodrigo Triana; y protagonizó Fin de mundo, en 2013, del escritor y director Sergio Avilés, producida por Guillermo Arriaga.

Un vuelco en su vida

En 2014, Lorena Meritano llevaba un año, aproximadamente, en una relación de pareja – que se terminó en 2016 – en la que se animó a intentar de nuevo la maternidad. En su primer matrimonio, en el año 2000, tuvo un embarazo ectópico, extrauterino, y la tuvieron que intervenir. Fue la primera vez que ingresó a un quirófano en su vida.

“Fuimos con el Dr. Pedro Martínez, un médico venezolano y gran experto en fertilidad que tiene su clínica en Bogotá (donde vivía Lorena en ese momento). Me examinaron y todo estaba perfecto (…) En marzo de 2014 me había hecho mi mamografía y mi eco mamario porque estaba buscando un bebé. ¡Y tres meses después tenía cáncer! Entonces me fui a Argentina, que es donde ahora resido y tengo mi medicina prepaga, y comienzo este proceso de más de cinco años en el que tantas cosas me han sucedido”.

Primero le extirparon los senos. Después vino la quimioterapia. Luego de unas pruebas detectaron que en su caso había una mutación de un gen heredado y, por prevención, también le extirparon las trompas y los ovarios.

Con buen pronóstico

Ya pasaron más de cinco años desde que te diagnosticaron el cáncer, te operaste y te sometiste a quimioterapia. ¿Cuál es tu condición actual? ¿Ya estás en remisión?
El oncólogo me acaba de recordar que ya pasaron cinco años. Me acaba de decir que en mi tipo de cáncer generalmente hay alguna recidiva, o sea, que vuelve la enfermedad, en los cinco o seis primeros años. Yo ya llegué al año cinco y voy ´con buen pronóstico´. Esas fueron exactamente sus palabras, que me movieron toda porque me llenaron de miedo en el momento en que me las dijo. 

Después dije no, tengo que seguir como voy: con mucha fe, con mucha constancia, con mucha perseverancia y con mucho compromiso con mi sanación emocional, mental, psicológica; sobre todo emocional, que fue lo que me llevó a enfermar, independientemente de la condición genética. Nunca me han hablado de la palabra remisión, ni pregunto. Me guio por lo que me van diciendo los médicos y confío en ellos, en mi en Dios, en el Universo y en el proceso. Pero no, no me han hablado en esos términos todavía.

Antes de ir a este control semestral con el oncólogo escribiste en tus redes sociales que “es intransferible lo que sucede con las emociones cuando hay chequeos”. ¿A qué te referías?
A que a veces es intransferible, es decir, difícil poner en palabras lo que un paciente o expaciente oncológico siente en estos momentos; porque la enfermedad, si Dios quiere, pasa, pero muchas cosas llegan para quedarse. Es espantoso tener que ir con el oncólogo dos veces al año – a partir del próximo año ya será solo una vez – y tres veces con la doctora para la mamografía y el eco mamario.

Lorena Meritano se armó con herramientas

Es muy difícil – prosigue – la ansiedad que produce ir a la doctora, pedir las órdenes de los exámenes, pedir los turnos, ir a ponerle el cuerpo a los estudios, esperar los resultados, llevar los resultados a los médicos. Eso pasa tres veces al año más las dos del oncólogo. Es muy difícil vivir esperando que un médico te diga que estás sana.

Solo las personas que han atravesado este tipo de procesos – mi mamá me lo entiende porque ella es sobreviviente de cáncer; papá falleció de cáncer, desgraciadamente – solo las personas que le pusimos no solo el cuerpo, porque los seres humanos no somos solo un cuerpo, pusimos la psiquis, las emociones, el cuerpo y el espíritu a esto, sabemos de qué se trata esta cosa de los controles constantes. Es muy difícil vivir esperando que te digan si estás sana o no.

Por eso me apoyo en muchas herramientas. Unas que ya tenía como el reiki, una terapia de sanación, yo soy reikista desde el año 2000; las meditaciones de ho’oponopono que vengo haciendo con mucha perseverancia desde 2013, muchísimo antes de esto; las constelaciones familiares, a las que he acudido con diversos terapeutas; la terapia de bonding, que hace dos años y medio que encontré la terapia que a mí en este momento me sirve para sanar toda mi vida, y seguramente mis anteriores vidas; pero esta, seguro, porque he logrado darle vuelta a los problemas más profundos y esenciales y que seguramente por ellos me enfermé. En su momento fue la psicóloga, hoy es la terapia de bonding.

Centrada en el presente

Estoy meditando con Deepak Chopra todos los días; es un proceso nuevo para mí, pero sumamente sanador porque además me mantiene la mente en el presente. No hay nada más sano que estar conectada con el aquí y el ahora. Haber escrito un libro y haber hecho esa gran catarsis y sentirme útil y sentir que estoy ayudando a alguien al dar un testimonio esperanzador, concientizador, pero también diciéndole a quienes están atravesando o tienen un familiar atravesando por esto que existe una vida después del cáncer.

Entonces, hay un montón de herramientas que me ayudan a transitar por estos procesos que no significan lo mismo para otra persona. Para otros, hacerse un análisis o ir a un médico puede ser una tontería. Pero no es mi caso. Cada vez que voy a un control estoy esperando que me digan estás sana o no estás sana.

Tengo mucha confianza en todo lo que he hecho en estos cinco años para mi sanación. Le dejé el cuerpo a los médicos y yo me ocupé de la dieta alcalina, de las emociones, de sanar las relaciones primarias, de revertir los miedos, ansiedades y angustias que producen este tipo de patologías y que se quedan contigo. Por ahí te olvidas, te desconectas, pero cuando llega el momento de ir a la doctora, es muy difícil de transitar.

Lorena Meritano, sobreviviente

Con toda esta experiencia, Lorena Meritano escribió el libro Sobreviviente, que publicó en octubre de 2019 con el grupo editorial Penguin Random House. Tenía previsto presentarlo este año en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, pero fue suspendida por la pandemia del coronavirus.

¿Cómo van las ventas de tu libro?
No tengo idea. No lo hice como un negocio y no espero eso de mi libro. Lo hice como una catarsis, como un mensaje, para llegar a corazones y a lugares donde la gente está necesitando una palabra de aliento. Yo, a través de mis redes sociales, de una manera artesanal, fui contando mi proceso por muchísimos motivos. Primero, para dar información certera y de primera mano; segundo, para concientizar sobre la importancia de la detección temprana, de los controles anuales y del autoexamen, porque fue así que yo me descubrí el cáncer; y tercero, porque me sentía útil. Yo no estaba trabajando en ese momento, siempre había trabajado desde que tenía 15 años. Entonces me sentía útil cuando la gente del otro lado me decía que le hacía muy bien leer mi testimonio.

Para el Dia de la Mujer de 2017 le propusieron viajar a República Dominicana a dar una charla sobre lo que había vivido con su proceso de cáncer de mama. Así nació la Lorena Meritano conferencista, una actividad que hoy comparte con su carrera como actriz. “La charla se llama ´Lorena Meritano, sobreviviente´. La primera vez la di de una manera empírica, en un centro comercial, pero fue un éxito, la verdad. Les hablo de quien soy, de donde nací, de mi crianza, de mi familia, de mi profesión, de la enfermedad, del perdón, de cómo pude renacer de mis propias cenizas. Es una charla orgánica, que está viva.

Hice dos giras, una en 2018 y otra en 2019 contratada por una empresa de salud. Recorrí lugres insólitos de Colombia y Ecuador, donde pude compartir mi testimonio con pacientes oncológicos, familiares y con personal médico. Son charlas muy hermosas, emotivas, divertidas también. Fidel, mi perrito, me acompañó en algunas. Es una charla que le hace mucho bien a la gente que la escucha y me hace mucho bien a mi darla primero como testimonio; y también como una forma de trabajo, porque es remunerada. Llevar ese mensaje de aliento es muy sanador. 

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Buenos Aires, lugar de remanso            

¿Ya hiciste las paces con Buenos Aires?
¡Me reconcilié con Buenos Aires y ahora no la cambio por nada del mundo! Ya soy una adulta, ya sané lo que la niña vivió. Amo esta ciudad profundamente, puedo pasarme dos y tres horas caminando. Amo lo cielos porteños, ver el Río de la Plata que parece un mar interminable, los restaurantes, bares, teatros, su gente. Pero también me considero una ciudadana del mundo, me adapto mucho al lugar donde estoy viviendo, me ha tocado cambiar de residencia muchísimas veces. Elegí este lugar como base de vida por mis médicos, por mi familia y porque es el lugar de remanso y de paz para mí.

Pero también disfruto muchísimo cuando vivo en otros lugares y me la paso fantástico. No soy de las personas que está en Perú extrañando la comida de Buenos Aires. No. Estoy en Perú y disfruto de la comida de Perú. Estoy en Colombia y disfruto de la comida de Colombia y de las flores de Colombia y de las frutas de Colombia. Disfruto de lo que tengo y eso es ser agradecido. No me la paso extrañando lo que no tengo.

Y hablando de comida, ¿cuál es tu preferida?
La peruana. La primera vez que trabajé en Perú, en 1997, me enamoré de su comida. La comida de mar, los mariscos, los peces de mar, aunque los de río también me gustan porque de chiquita los pescábamos y nos los comíamos. Pero si me dan a elegir, la comida que más me gusta es la fusión peruana y japonesa, la nikkei. Sobre todo, con una copa de champán primero y después acompañándola con un vino blanco o uno rosé. Es la comida que más disfruto, la que más me gusta. ¡Me produce mucho placer!

Gracias a la vida

A pesar de todo lo que has vivido, ¿eres de las que da Gracias a la vida, como la famosa canción interpretada por Mercedes Sosa?
No estaría viva si no fuera una persona agradecida, pero no es desde este proceso adverso, difícil, cruel que me ha tocado vivir. Siempre he sido una persona sumamente agradecida, seguramente ahora mucho más. Aprendí desde muy pequeña, porque así me educaron y me lo inculcaron y así también lo decidí yo, a ser una persona agradecida.

Desde que abro los ojos y sobre todo en los momentos difíciles, porque si me pongo a ver la mitad del vaso vacío y me olvido de la mitad del vaso lleno, sufro mucho más. Y a veces el dolor es inevitable pero el sufrimiento, como lo dijo Buda, es opcional.

Para eso tengo esas herramientas de las que hablé. No dejo de tener miedo, ansiedad ni angustia, pero me ayudan a trabajar estos estados. Y así sigo un día a la vez con mucha fe y perseverancia y constancia porque esto es de todos los días. La salud se construye día a día.

¿Hay algo a lo que temas en la vida?
No tengo grandes miedos ni grandes fobias que pueda enumerar. Gracias a Dios, no. La escasez me provoca cierta ansiedad, cierta angustia, pero no podría decir que miedo. En los momentos de control médico tengo un poco más de angustia, ansiedad y un poquito de miedo, pero las herramientas que tengo me ayudan a trabajarlos.

Todavía me provoca algo de miedo andar en auto o en colectivo (autobús) porque tuve varios accidentes viales. Siendo bebé mis padres se accidentaron y yo estaba con ellos; me tuvieron que sacar los vidrios de la cara y de los ojos con una pincita de cejas. Después tuve un par de accidentes en auto, muy tristes, con muertes incluidas. Yo no manejaba, iba de acompañante, y quedé muy traumada. En los autos nunca me siento adelante sino atrás. Lo he trabajado, pero todavía si me preguntan cuál es mi miedo más fuerte, sería este. Si voy despacio, paseando, lo puedo llegar a disfrutar, pero la velocidad me da miedo. Creo que es el único miedo que reconozco.

Un corazón vivo

Además de la actuación, ¿con qué otras cosas llenas tu vida?
La actuación no es mi vida. Es un oficio y la verdad es que ocupa un lugar muy pequeño. Mi vida es otra cosa. Yo no soy una profesión, gracias a Dios. No considero que una profesión llene mi vida. Mi vida está llena de cosas mucho más importantes: familia, amigos, terapias, lecturas, idas al cine, viajes, aventuras, amaneceres, a veces noches en vela viendo una serie; mi perro, que para mí es sumamente importante la relación que tengo con él; las salidas con mis amigas, los viajes que hago a México por trabajo o a Colombia por las charlas, pero donde siempre hay una ida al mar porque para mí el mar es el lugar donde encuentro el hábitat que me devuelve como el equilibrio, la paz, es el lugar donde me siento feliz, plena.

Mi vida es muy simple pero muy hermosa. La actuación ha sido un oficio con el cual he podido vivir y desarrollarme, así como el de presentadora o el de escribir un libro o dar charlas. Pero no soy eso, esos son oficios que me permiten desarrollarme profesionalmente y también pagar mis cuentas.

¿Y cómo está tu corazón?
Sano. Mi corazón hoy en día está en paz. Porque vive conectado con el presente, porque no tengo la cabeza llena de palabras y estoy tranquila, porque no estoy deseando lo que no tengo, ni estoy pendiente del afuera ni buscando la continua aceptación que tal vez en toda mi vida estuve buscando. Porque me dediqué a sanar emocionalmente con un montón de terapias. Mi corazón hoy en día, por primera vez en mi vida, está limpio, está sano, sin rencores. Puedo decir que está lindo, que brilla, que está vivo.

Texto Katty Salerno

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2 respuestas a “Lorena Meritano: “Existe una vida después del cáncer””

Soy una venezolana más que intenta sobrevivir al cáncer igual que ésta bella alma que ha tenido mejores condiciones para llegar al día de hoy. Me identifico mucho con su vivencia sólo que en mi caso lo he tenido que desarrollar sobreviviendo ABSOLUTAMENTE SOLA y bajo las condiciones venezolanas. Dios me mantiene respirando y estoy agradecida por ello. Mi ángulo de lucha es de 85% pero aún me aferró al camino de llegar a la meta. Bien por ella quien ha podido realizar sueños que han pasado por mi mente y me hubiese gustado vivir los.

Un afectuosos saludo para esta linda mujer que de manera tan hermosa se expresa de nosotros los vzlanos de buena voluntad que somos la gran mayoría. Gracias por percibir nuestro gentilicio… Sus palabras emotivas hicieron aflorar unas lágrimas motivo de la nostalgia de nuestra otrora Vzla.

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