Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo
Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo

Venezuela: Rumbo a la recuperación del Esequibo, II Fase – 34ta. entrega

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(Continuación)

Continuando con el marco de actuación que ha tenido Venezuela en el tiempo sobre la reclamación del espacio geográfico integral del Estado Esequibo, en el que habíamos sostenido la desesperación de Guyana al acudir ante la Corte Internacional de Justicia, se suman todavía otros hechos que no pueden obviarse en el que el Gobierno venezolano en su momento demostró tener la más firme disposición de suministrar a cualquier miembro del Movimiento de los Países No Alineados toda la
información que se requería al respecto, sin embargo, no logró conseguir el consenso requerido para su ingreso al Movimiento, siendo manipulada abiertamente la decisión por el Gobierno guyanés en evitar dicho ingreso, recordando el chantaje formulado por el mismo de obligarnos a olvidar la reclamación existente.

Desde el punto de vista ético, el pensamiento de Guyana y su actuación en conjunto con las naciones caribeñas, originó un vacío que puso en cuestión los viejos criterios donde se fundaban algunos principios sostenidos en la moral. Más estos se debilitaron estos, al reforzar Venezuela con hechos irrefutables que en el fondo existía una estrategia conformada por un conjunto de racionalidades, argumentadas con el registro de corolarios expuestos y con lógica del sentido, logrando discernir ante la comunidad internacional lo verdadero y lo falso. En este contexto, Venezuela asentó
criterios sostenidos en la verdad con sentido común; de allí la base de la racionalidad del uso del poder estructural a favor de nuestra Nación.

Y esta afirmación abrió un amplio espectro de alternativas como posibles
estrategias acordadas entre Venezuela y Guyana para la reivindicación integral del espacio geográfico esequibense, lo que conllevó a que la Cancillería venezolana concretase acciones con el fin de evitar una condena por parte del grupo, y el comunicado final de la reunión fue comentado por Venezuela tomando nota de las totales garantías dadas por el Gobierno venezolano de abstenerse de usar la fuerza como medio de solucionar la controversia. Se instó a ambas naciones a continuar con la búsqueda de una solución pacífica de la controversia según los términos del Acuerdo de Ginebra de 1.966 para llegar a una decisión final.

Estas acciones constituyeron el reto del pensamiento venezolano en cuanto la controversia se refería, evitando la práctica arbitraria y manipulada en el terreno de las luchas por la reivindicación integral del espacio geográfico esequibense que llega en su límite oriental al río Esequibo, combinando así toda la experiencia histórica de intermediación en el espacio que comprendía y aun lo sigue siendo considerando la participación de la comunidad internacional.

Ello en el tiempo, ello se convirtió en un juego complejo de condicionamientos que provenían de las naturales contradicciones de un Gobierno a través de las políticas determinadas por Guyana, quien ha estado imperativamente instigada a fijar sus límites regulativos; pero también han subsistido aquellos estrangulamientos que se fundaron en las relaciones de poder, y en las asimetrías estructurales de una lógica en que los antagonismos entre ambas Naciones no han sido accidentes del sistema, sino que ha prevalecido la coerción política impuesta a través del poder estructural situacional y táctico en el que el Gobierno de Guyana se ha aprovechado de la buena fé de los venezolanos, aceptando en apariencia condiciones de entendimiento, pero su actuación en el tiempo ha sido realmente contradictoria, al haber irrespetado el Acuerdo de Ginebra de 1966, dado que no ha dado muestra alguna de querer llegar a una solución práctica y satisfactoria, otorgando concesiones a otros países tanto en el territorio continental como en los espacios acuáticos en reclamación, aunado a su reciente involucración de la Corte Internacional de Justicia y
aceptación de los costos financieros que ello acarrea.

Y mientras tanto, la política de Venezuela ha ido consolidándose cada vez más hacia los micro estados del Caribe Oriental, resaltando estos últimos la necesidad de iniciar un proceso de integración con América Latina, hecho que parece aún tener coherencia, pero los hechos en sí hoy en día no parecen ajustarse a este contexto con el silencio de todos estos micro estados, lo que conlleva ineludiblemente a la exacerbación de un doble discurso. Y sin embargo, a pesar de ello, como avances de la integración en el marco de la CARICOM, Venezuela ha destacado la intensificación de esfuerzos por eliminar definitivamente los obstáculos a la economía con estos países, a través del ejercicio del comercio recíproco para darle un mayor dinamismo al proceso. El punto ha sido en esencia la propuesta en aceptar una amplia dimensión cultural como palanca esencial en la configuración del mapa de integración, cooperación, acercamiento y apertura de una racionalización acorde a los intereses que enmarcan ineludiblemente la controversia territorial sobre el Estado Esequibo.

Ello supone crear reglas tanto para Venezuela como Guyana, pero también
para todas las demás naciones del entorno, haciendo énfasis sobre el entendimiento cultural que traería consigo implicaciones en el campo geopolítico. No es que se trate de imponer condiciones sobre lo prioritario o lo secundario, sino más bien en entender la adopción de esta responsabilidad que implica particularmente para quien asume el liderazgo de las naciones, que con voluntad, se lograrían alcanzar significantes conexiones y, dada la coyuntura actual, ese rol lo tiene eminente e ineludiblemente tanto Guyana como Venezuela, por lo que actuaciones sustentadas en vivezas malsanas y aprovechamientos de la coyuntura actual, más bien desdicen mucho del Gobierno de Guyana, debilitando su credibilidad, y este punto No puede ser obviado como un colateral de primer orden ante la Corte Internacional de Justicia, aunado a las pruebas irrefutables en el que el Estado Esequibo, fue y seguirá siendo de Venezuela .

La experiencia ha demostrado, que ha sido Venezuela quien inició las
actividades que tienden hacia la apertura de entendimientos relacionados directa e indirectamente con la reclamación del espacio geográfico integral esequibense, recibiendo a cambio respuestas no conciliatorias, lo que hace necesario medir y conocer lo que aportaría un cambio de actitud por parte de Guyana no sólo a nivel comercial, sino en cada uno de los ámbitos del interés nacional.

La disolución de criterios éticos que operaron contradictoriamente en los
últimos años del siglo XX e inicios del siglo XXI, así como de la idea misma del ámbito político que predominó para Venezuela, más que requerir la sustitución de una definición, anuncia la necesidad de cambios más profundos. Se trata más bien del emplazamiento de racionalidades, prácticas, actores y retóricas, que desplacen el pensamiento ético y político que intentó imponer y manipular Guyana. Ello está significando la emergencia de una sensibilidad subjetiva de otra naturaleza, que aflore
necesidades de fondo en cambios de actitudes, y ya existen precedentes que tiendan hacia la flexibilidad e interacción entre ambas naciones, las cuales no pueden olvidarse ni abandonarse, por lo que el camino adoptado por Guyana ante el organismo jurídico internacional, no constituye precisamente una decisión certera ni la vía más adecuada para afrontar una responsabilidad que más temprano que tarde tendrá que aceptar en favor de Venezuela, quien fue y seguirá siendo su país vecino, y no el resto de las naciones que simplemente han actuado como instrumentos ajustados y acomodados a satisfacer estériles intereses, que por sí solos carecen de veracidad. Pero no debemos olvidar que el tiempo sigue transcurriendo. Ojo avizor.

José Chachati Ata

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