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Carlos Coste: “Me motiva mucho superarme a mí mismo”

Por Katty Salerno

Carlos Coste sigue siendo inquieto, curioso y soñador. De niño, sus padres lo llamaban Carlos Angustia, en vez de Carlos Augusto, por el estrés que les causaban sus travesuras. Pero lejos de controlarlo, encauzaron su temperamento y le dieron libertad para que su curiosidad lo llevara a encontrar la senda. “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”, escribió el poeta español Antonio Machado. Y eso fue lo que hizo, no en tierra sino en el mar, este apneista venezolano de fama internacional con 12 récords mundiales.

Ostenta, entre otros, el récord del mundo como la primera persona en lograr una inmersión libre de más de 100 metros (-101m, Venezuela 2003), certificado por la Asociación Internacional para el Desarrollo de la Apnea (AIDA) y por Guinness World Records. El más reciente, en Bonaire, 2016, al alcanzar 177 metros de distancia horizontal con una sola bocanada de aire en aguas abiertas, usando solamente aletas, lentes y un clip nasal.  En su empeño por hacer realidad sus sueños no se ha interpuesto ni siquiera el grave accidente cerebrovascular que sufrió en 2006, cuando entrenaba para tratar de superar el récord mundial en la especialidad No Limits que ostenta el austriaco Herber Nitsch (183m en 3min 17seg).

Hoy, con 44 años, Carlos Coste sigue teniendo metas y sueños. “Me motiva mucho el poder superarme a mí mismo”, dijo a Curadas en esta entrevista vía WhatsApp desde Bonaire, adonde emigró en 2014. Allí está anclado, por ahora, para sacar adelante la Deepsea Freediving School que fundó junto a su exesposa Gaby Contreras. Pero como las competencias nunca dejan de tentarlo, sigue entrenando por si se abre alguna en apneismo y se prepara para participar en el ultramaratón de 50 K en trail running que se realizará en 2021 en Utah, Estados Unidos.

Cuéntanos de tu niñez…

Mi nombre es Carlos Augusto, pero me decían Carlos Angustia por los disgustos que le causaba a la familia por mis travesuras, porque era muy inquieto. Soy el mayor de tres hermanos: me siguen Karina y Juan Pablo, el menor. Nací en Caracas. Mis padres vivían y viven aún en Maripérez. Comencé a estudiar en un jardín de infancia de la CANTV porque mi mamá era empleada de esa empresa. Empecé a nadar en la piscina de la CANTV en La Rinconada y en algunos campamentos del Ministerio del Ambiente, donde trabajaba mi papá.

Pasaba muchas temporadas con la familia de mi mamá en Altagracia de Orituco y con la de mi papá en Río Chico. La primera vez que fui al mar estoy casi seguro de que fue Mochima, en Puerto La Cruz, con la familia de mi mamá. Son recuerdos vagos, pero positivos porque me gustó mucho. También iba mucho al parque Los Chorros, donde había un pozo en el que uno se podía meter; y subía El Ávila con mi papá. Fue una niñez de mucho contacto con la naturaleza y con una libertad muy grande, porque mis viejos nunca fueron controladores conmigo. Eso me permitió experimentar mucho y darle rienda a mi curiosidad.

Yo era hiperquinético y muy curioso y todavía lo soy. En una época estuve obsesionado con el fuego. Jugaba con fuego, con pólvora, y pasé mis sustos y se los hice pasar a mis padres también. No obstante, toda esa energía y toda esa curiosidad se fue enfocando después en cosas más productivas, a medida que fui creciendo.  

Los libros

Algo que me marcó de niño fueron los libros de mi viejo, que tenía muchos y muy interesantes. Recuerdo uno sobre la costa venezolana que traía mapas en tercera dimensión que permitía apreciar las distintas profundidades del mar. Un libro muy lindo que todavía anda por ahí y que me dio a temprana edad una imagen del mar venezolano. Otro libro que también me gustaba mucho era uno sobre volcanes. Esos libros sobre la naturaleza tipo Discovery Channel o de documentales de Jacques Cousteau, a mí me llamaban mucho la atención. Mi viejo siempre fue un hombre volcado a la lectura, interesado por la ciencia, y siempre tenía respuestas para mis preguntas. Todos esos libros y esos documentales que veía en televisión sobre la naturaleza y el mar siempre mantuvieron inquieta mi mente.  

Ya cuando tenía como 10 años la curiosidad me llevó a aficionarme por la astronomía. Uno de los primeros juguetes que tuve fueron un microscopio y un telescopio. La óptica, ver las estrellas, eso me llamaba mucho la atención. Así me fui metiendo en el tema de la astronomía, tanto que me compraron varios libros e hice cursos en el Planetario Humboldt. A los 14 años trabajaba en una biblioteca – era el que guardaba los bolsos y los maletines de la gente – y aprovechaba para leer de todo, pero en especial de astronomía.

De niño fui muy soñador. Todas las cosas que quería lograr las imaginaba, como si estuviera armando mi vida con mi imaginación, soñando despierto. Y me imaginaba siendo astrónomo allá en el observatorio de Apartaderos, en Mérida, y teniendo una casa con un telescopio en el techo. No terminé siendo astrónomo porque la astronomía era algo bien alejado de todo lo que para mí era posible en aquella época y no la veía como una profesión que me permitiera hacer otras cosas y quizá porque también conseguí otras aficiones en el camino.

La verdadera pasión

Al salir de la adolescencia me pareció que la ingeniería mecánica se acercaba a mis habilidades porque yo era bueno en matemáticas y física; me gustaba la ciencia, la investigación y era bueno haciendo planos. Escogí esa carrera porque era muy práctica y era una buena oportunidad dadas mis habilidades. Pero, la verdad, no fue porque la amara o me apasionara, lo hice para tener una carrera y un futuro en mi vida.

Siempre me apasionaron los deportes no tradicionales y mientras estudiaba ingeniería aprovechaba la gran variedad de actividades paralelas que ofrecía la UCV. Comencé a escalar, después hice rugby y luego judo. Esto último empecé a tomarlo en serio porque me gustaba bastante. Entré a competir siendo apenas cinta amarilla. Y estando en eso tuve la oportunidad de probar la apnea – freediving o buceo libre – gracias a la invitación de un compañero de la escuela. Apenas la probé me enganché. Fue un enamoramiento progresivo pero seguro, fue una pasión que fue creciendo. Me di cuenta de que era bueno en eso y de que podía mejorar mucho más mis capacidades y me quedé ahí. Descubrí lo que me apasionaba.

Entonces, creo que toda esa curiosidad que sentí en mi niñez y adolescencia sirvió para ir buscando lo que era mi verdadera pasión y gracias a Dios la conseguí. Gracias a la curiosidad y a la paciencia. Yo pienso que a mucha gente le pasa lo mismo, que de repente entra en una carrera y después se da cuenta de que no es su verdadera pasión. Pero si te permites buscar y explorar con algunas otras actividades, puedes encontrar aquello para lo que estás destinado realmente, para lo que realmente eres bueno y tienes un talento especial. ¡Yo tuve la suerte de encontrarlo!

Las competencias

Empecé a competir dentro y fuera del país, por lo que debía viajar varias veces al año, y a dedicarme de lleno a los entrenamientos, lo que me complicaba cada vez más los estudios. Como dije, la ingeniería nunca fue una pasión para mí, mientras que la apnea sí se estaba convirtiendo en una gran pasión, y me estaba exigiendo tiempo. Al final decidí dedicarme por completo a la apnea, por eso no terminé la carrera de ingeniería. No le encontré sentido seguir esos estudios porque no me apasionaban realmente.

Cuando entré al Club de Actividades Subacuáticas (CASA UCV) no fue para hacer apnea, eso aún no lo tenía claro. Yo quería bucear, hacer submarinismo. Primero había que hacer un curso introductorio y después es que podías tomar el curso de buceo con tanque, que es lo que la mayoría de la gente buscaba en aquel momento, te estoy hablando de 1996-1997. En ese momento la apnea no era un deporte como tal, era una habilidad para ser un mejor buzo o un mejor pescador submarino. Ese curso introductorio incluía correr alrededor de la universidad, nadar en la piscina y, al final, un poquito de apnea. Pero después la apnea se volvió como una especie de filtro en las pruebas que se hacían para el curso de buceo con tanque. Fue mientras hacía ese curso introductorio que me di cuenta de que lo que me gustaba era hacer apnea.

El hallazgo

En esa época empezó a encontrarse algo de información en línea – aún no había llegado Facebook ni YouTube, nada de eso. Hasta entonces, encontrar información incluso por Google no era fácil, como ahora. Pero empezamos a recibir información y así supimos que había países mediterráneos que hacían apnea, que había competencias, que había una tabla de récords, y eso me motivó más. Se empezaron a hacer competencias nacionales, lo que me dio la oportunidad de empezar a entender lo que es empujar mis límites. Eso me motivó muchísimo más porque yo he sido siempre muy competitivo, desde niño me gusta superarme y retarme. Me gustan los desafíos y la apnea es un desafío puro contra ti mismo, eres tú mismo superándote. Eso me sigue gustando muchísimo.

No hubo un momento específico en el que me decidí a tomar la apnea como mi camino en la vida. No fue que un día me levanté y dije quiero ser apneista profesional. Fue gradual. Me fui sumergiendo hasta que ya estaba metido de cabeza en toda la parte deportiva, de récords, de sponsors y demás. Y también fui dejando la ingeniería gradualmente, porque en 2005-2006 todavía estaba cursando algunas materias, pero gran parte de mi tiempo lo dedicaba a entrenar y a las competencias. Después dejé la carrera completamente.

Aparte de tu entrenamiento físico, ¿has hecho algún tipo de entrenamiento motivacional para poder alcanzar tus metas?

Cuando empecé con la apnea, gran parte de mi entrenamiento era mental, había poco entrenamiento físico. En aquella época había el mito de que la apnea no requería el desarrollo muscular, más bien se creía que tener músculos y hacer pesas era contraproducente porque consumías más oxígeno.  Ahora, la mayoría de los apneistas de nivel competitivo e intermedio deben hacer un poco de cardio y un poco de pesas también. Un músculo bien entrenado es primordial para hacer apnea. En aquella época hacíamos ejercicios de visualización y relajación, además del entrenamiento en apnea. Éramos varios los que estábamos entusiasmados y formamos como una especie de equipo y empezamos a investigar y a tomar clases de yoga. También conocimos a un amigo de la universidad, Félix, que nos entrenó con neurolingüística. Él hoy sigue siendo instructor de PNL, se fue a Australia.

Pero en esa época todos estábamos comenzando y él practicaba con nosotros como conejillos de india con sus técnicas de hipnosis, de relajación, de visualización. Eso me dio una base metodológica que aún aplico. He usado esas herramientas durante toda mi carrera. La visualización es como una programación que te haces tú mismo para lograr el objetivo, te programas mentalmente, te visualizas haciendo el performance. Eso me ha funcionado para lograr todos mis récords. El yoga también ayuda muchísimo a conocer el cuerpo, a hacerte más flexible, a mejorar tu capacidad respiratoria. Siempre lo he practicado como deportista. El entrenamiento físico se ha hecho cada vez más importante para mí. A medida que han pasado los años me he dado cuenta de que es muy importante no solo entrenar apnea sino también la parte cardiovascular y la parte muscular. Además, disfruto entrenar, disfruto estar en forma.

Como apneista no soy amigo de entrenar mucho en el agua. Hay apneistas profesionales que entrenan bastante en piscina y en el mar, pero yo soy más de combinar. Me gusta mucho el entrenamiento en gimnasios, el entrenamiento cardiovascular tipo CrossFit. Últimamente estoy haciendo trail running (correr fuera del asfalto, sobre diversos tipos de terrenos) y eso me está apasionando mucho también. Entonces quizá por eso no tengo un cuerpo típico de los apneistas, que son flacos, con poco músculo, porque me siento como un atleta integral.

Lo que me ha enseñado el entrenamiento en apnea lo usé, por ejemplo, cuando sufrí el accidente cerebrovascular en 2006, que fue grave, una embolia cerebral, de pronóstico reservado. Quedé semiparalizado del lado izquierdo y a punta de mucha fisioterapia y de entrenamiento y de tomar toda esa tragedia como un reto más, y usar todas mis habilidades de visualización, de programación neurolingüística para enfocarme en mi meta de recuperarme, lo logré.

Esas habilidades me han ayudado mucho también en mi etapa de migrante aquí en Bonaire. Emigrar a una isla tan pequeña y con una cultura muy distinta a la venezolana, no es fácil. Al principio, Gaby y yo éramos un par de desconocidos, mientras que en Venezuela éramos reconocidos en todo el ámbito deportivo, de medios de comunicación y de sponsors. Cuando llegamos aquí, éramos solo dos emigrantes venezolanos más. Eso fue duro, fue un trabajo de hormiguita, de empezar de a poquito, de ir construyendo la escuela.

Llevamos seis años y se ha cristalizado una escuela ya reconocida internacionalmente. En gran parte fue comenzar de cero. A mí me conoce, principalmente, como atleta, pero como instructor no era tan reconocido. Pero aquí en Bonaire me he desarrollado principalmente como instructor, como líder de la escuela. Todas esas habilidades de visualización, de paciencia, de trabajo progresivo me han ayudado mucho para el desarrollo de la escuela.

Es decir, que esas herramientas para alcanzar metas en lo deportivo te han servido también para alcanzar otros logros en tu vida.

Así es. Y algo más que he aprendido en todos estos años de competencias es la importancia del trabajo en equipo. Desde mis comienzos, desde mis primeros récords en 2002, todas esas metas que parecen individuales han sido en gran parte por el trabajo en equipo. Y la persona que me ha ayudado más en ese aspecto ha sido Gaby, quien me ha apoyado en todos esos proyectos y a diferentes niveles, tanto como manager deportivo, como organizadora de eventos y después ayudándome a fundar la escuela y a echarla adelante. Ese trabajo en equipo y esa complementariedad de los miembros del equipo es parte del aprendizaje y se ha aplicado durante todos estos años. 

En estos últimos meses he estado aprendiendo a tener más control de otros aspectos porque hay una separación de por medio. Después de 22 años juntos, Gaby y yo nos estamos divorciando. Nos conocimos en la universidad, nos hicimos muy unidos, formamos un equipo muy fuerte de trabajo. No tuvimos hijos propios. Vivimos muchas aventuras, muchas cosas juntos, pero vamos para casi dos años en proceso de divorcio. Esta es una nueva etapa de mi vida donde por primera vez estoy tomando el control completo de todas las cosas. Ha sido enriquecedor, pero también ha sido duro.

¿Qué has tenido que sacrificar para poder lograr tus metas?

Como todo atleta profesional, tienes que sacrificar tu vida social, a veces hasta las relaciones de familia. Para mí, tener hijos y darle la importancia que se merece la familia ha sido complicado, en parte por toda la vida deportiva y de retos en los que siempre he estado enfocado. Entonces, no he sido tan social como una persona “normal”, porque siempre me tengo que cuidar de no trasnocharme, del alcohol, de comer bien, de dedicarle el tiempo necesario al entrenamiento. Eso ha hecho que mi vida sea poco común. Entonces ahí sacrificas amistades, sacrificas familia, sacrificas quizás en mi caso el no tener hijos, aunque todavía sigue siendo una posibilidad, espero tenerlo, pero hasta ahora no se ha dado.     

¿Qué sientes o en qué piensas cuando estás a tanta profundidad?

En esos momentos me enfoco en mi plan. Me gusta planificar mi inmersión con lujo de detalles, por adelantado. ¿Cómo lo planifico? Con base en mis entrenamientos, que me indican cuántas patadas debo hacer, cuánto tiempo debo tardar, etcétera. Todo eso lo meto en mi plan por escrito y después lo reviso, lo visualizo, me lo imagino. Es como si hiciera la inmersión en mi imaginación antes de hacerla realmente. Cuando estoy bajo la profundidad, voy siguiendo mi plan. Es como una especie de trance mental en el que la mente está totalmente alineada con el cuerpo y muy concentrada en lo que estás haciendo. Disfruto un poco de las sensaciones, pero gran parte de mi mente está enfocada en seguir el plan y hacerlo todo correctamente y regresar a la superficie en perfecto control para lograr la aprobación de los jueces.

¿Nunca has sentido miedo?

Sí, lo he sentido, pero eso es parte de este negocio, como quien dice. Lo importante es controlarlo. Gran parte de mi entrenamiento ha sido aprender a controlar el miedo. Sí, hay momentos en que sientes cosquillas en el estómago, sientes incertidumbre, temor de que algo no salga bien, pero he aprendido a mantener el control y hacer el perfomance con ese miedo. En esos casos, me enfoco más en el plan, en la técnica. Esos momentos de incertidumbre, de dudas, de miedo, más bien ayudan, porque me aprovecho de esa adrenalina y mi rendimiento se acrecenta en la competencia, porque ese estrés me pone más fuerte psicológicamente.   

¿La apnea ha influenciado de alguna manera la forma en que ves y vives la vida?

Por supuesto que ha influenciado. Me ha hecho ser muy disciplinado en cuanto al entrenamiento, aunque esa disciplina no siempre me ha funcionado para todas las cosas. A veces soy un poquito desorganizado y descuidado con otros aspectos, quizá porque gran parte de mi vida ha estado enfocada en lo deportiva. En los últimos veintipico años de mi vida han girado en torno a la apnea. Mi prioridad ha sido lograr mis metas deportivas y mis sueños de marcar récords. Por supuesto que me ha cambiado la vida. Después del accidente me cambió mucho la manera de pensar, la manera de actuar, valorar algunas cosas más que otras. Entonces sí, por supuesto que me cambió.

La apnea me ha ayudado a enfocar mis energías en mis objetivos. Ahora soy menos hiperquinético, pero sigo siendo multifacético y sigo teniendo diferentes objetivos y pasiones. Últimamente, en parte por el proceso de separación, me vi obligado a buscar una actividad que me ayudara mentalmente y así fue que descubrí el trail running (carrera fuera de asfalto, en plena naturaleza), que se ha convertido en una especie de meditación dinámica para mí, me ayuda muchísimo.

Encontré un ultramaratón de 50 K que se iba a realizar en abril de este año en Utah, Estados Unidos, pero fue cancelado por la pandemia del coronavirus. Igual lo hice acá en Bonaire, corrí los 50 K el 10 de mayo y eso me ha motivado a continuarlo como un deporte también. Empecé en julio del año pasado como novato, corriendo 5 kilómetros, y poco a poco fui subiendo. En mis tiempos libres ando corriendo por la isla como un macho cabrío, entrenando, porque voy a participar en el próximo ultramaratón de Utah, el de Zion, que es el nombre del parque, el 10 de abril de 2021. Pienso cumplir ese objetivo. Me motiva mucho el poder superarme a mí mismo, poder cada vez más mejorar mis capacidades, paso a paso. Y eso fue gracias a la apnea también.      

Otra de mis pasiones, aunque ya más bien como un hobby, es la fotografía. Y una especialidad que me gusta mucho y que he practicado y he sacado muy buenas fotos es la fotografía nocturna. No fui astrónomo ni mucho menos, pero esta afición tiene mucho que ver con el espacio infinito, con las estrellas, con todo ese misterio del universo infinito que tanto me atrae. Eso lo sigo practicando hasta el sol de hoy y quiero continuar. Ahorita estoy reuniendo una platica para comprarme una mejor cámara y continuar con mi afición a la fotografía nocturna.

Pero sí soy menos hiperquinético, menos zumbado, porque de chamo era muy lanzado, muchas veces no veía los riesgos y me lanzaba. En eso he cambiado y no necesariamente por la apnea. En parte por los años, porque ya no soy un carajito. Otra cosa que me cambió fue el accidente de 2006, que no ha sido el único. He tenido accidentes en moto, en un bote con una cuerda, en bicicleta…

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Todo eso me ha hecho entender que debo ser una persona mucho más precavida. Lesionarme ahorita sería gravísimo porque dependo de mi cuerpo para trabajar. Yo soy el instructor principal en la escuela y si me lesiono dejo de producir y eso afecta directamente mi supervivencia. No puedo parar, no puedo dejar de trabajar. Tengo que estar activo y tengo que estar sano.        

¿Cómo va la escuela de apnea?

Ya van seis años desde que Gaby y yo fundamos en Bonaire la Deepsea Freediving School. No ha sido fácil como emigrantes, ha sido un proceso lento, gradual, de inversión, de mucho trabajo, trayendo alumnos promocionando, pero lo hemos ido logrando. Hemos posicionado la escuela en un nivel muy alto. Todavía sigue siendo duro el trabajo, porque este no es un deporte masivo, popular, hay que hacer un trabajo de hormiguita para promocionarla. También hay muchos mitos negativos respecto a la apnea y desmontarlos es parte de la lucha. La escuela está navegando la tormenta creada por la COVID-19, porque no hemos parado a pesar de la pandemia. Estamos trabajando a un cuarto de máquina, limitados. No nos ha ido tan mal dentro de todo el panorama mundial. Eso me motiva a continuar, a confiar en lo que estamos haciendo y en que vamos a salir a adelante.  

Principalmente nos hemos enfocado en alumnos básicos e intermedios, porque ha sido lo más accesible para vender aquí en Bonaire. No obstante, hemos tenido visitas de atletas de alto nivel que han hecho marcas importantes, como la japonesa Tomoka Fukuda, quien alcanzó los 100 metros de inmersión. No llegan a siete las mujeres en el mundo que lo han logrado. Sebastián Lira, chileno, el segundo suramericano en lograr los 100 metros de profundidad. También la apneista brasileña Caroline Schrappe. Venezolanos han sido muy pocos, debido a toda la crisis en nuestro país. Uno de ellos es Alejandro Guédez, de los mejores apneistas en marcas venezolanas.

¿Estás retirado del apneismo o tienes algún otro récord en mente?

No estoy retirado, pero he bajado el ritmo de las competencias porque la escuela me exige bastante y está teniendo un crecimiento importante que hay que atender. El hecho de ser emigrante y de que no haya emigrado con unos ahorros grandes, ha hecho las cosas un poco más difíciles. Cuando yo estaba a toda mecha rompiendo récords mundiales tenía el apoyo de sponsors nacionales e internacionales y tenía una base donde entrenar en Venezuela, tenía piscina y gimnasio. Ser emigrante, forzado por toda la crisis venezolana que conocemos, me ha obligado a cambiar prioridades.

Pero sigo entrenando, en promedio hora y media, dos horas. No todos los días, hay algunos de descanso. Pero si no estoy descansando estoy dando clases o estoy corriendo o en el gimnasio, siempre estoy en entrenamiento variado.

En la apnea no hay una edad específica para el retiro. Hay grandes deportistas en esto que han hecho récords hasta los 55 y 60 años, entonces esa parte no me preocupa tanto. No obstante, no es una prioridad para mi ahorita hacer récords mundiales. Me gustaría volver a competir el año que viene si se dan las condiciones, pero no es una prioridad en este momento. Yo ya he hecho 12 récords mundiales y me siento satisfecho con eso. Quiero volver a competir más por volver a vivir la experiencia de competir y por estar en la élite a pesar de que no sea uno de los más jóvenes atletas. Espero que se abra algún evento que me cuadre en el calendario y al que no resulte tan costoso viajar. Si es así, me lanzo una aventura competitiva de apnea.

 ¿Tienes alguna otra meta en este momento en tu vida?

Sí, tengo metas con respecto a la apnea. Una muy importante para mí es escribir un libro o más de un libro, no necesariamente centrado en el tema de la apnea o para apneistas. Me gustaría que fuera un libro que disfrute el público en general, la gente que me sigue, y también para que los apneistas puedan aprender. Seguir empujando la escuela, hasta que agarre vuelo propio, estamos cerca de eso, cada vez vamos mejor. Y lograr mi ultramaratón allá en Utah. El año que viene me sacaré esa espinita  

A ti que te tocó abrir caminos en la práctica de la apnea en Venezuela, ¿qué consejo les das a los que están empezando los suyos?

Esta pregunta es compleja tomando en cuenta toda la crisis que vivimos en el país. Realmente lo que les puedo decir es que persigan sus sueños, que de alguna u otra manera logren avanzar hacia ellos. Para los apneistas en Venezuela la situación es bien complicada porque las piscinas están casi todas cerradas, no hay gasolina para transportarte al mar, es una situación complicada; pero hay maneras de mantenerse entrenando en seco, que mantengan su buen estado físico y mental preparándose para cuando se dé la oportunidad de que el país se recupere. Yo tengo esperanzas todavía en que eso se dé, de que salgamos de este túnel y que se pueda recuperar el nivel de entrenamiento que teníamos antes de todo este desastre.

Que no tiren la toalla, que hagan deporte cardiovascular, pesas, que suban la montaña, que hagan yoga, pranayama, respiraciones. Y que mantengan los sueños frescos en la mente, teniendo las metas frescas en la mente.

¿Por qué la apnea no es reconocida como un deporte olímpico? ¿Hay esperanzas de que lo incluyan para los Juegos Olímpicos París 2024?

La apnea es relativamente nueva como deporte organizado y hasta hace algunos años no era tan popular. Principalmente se trataba de gente que practicaba pesca submarina y que también hacía apnea, para la que había algún público. Pero en los últimos 10-15 años ha habido un crecimiento más notable. Inclusive hay películas con imágenes de apnea, está la famosa Big Blue, que es un clásico de los años 90, y después han salido otras muy interesantes que han recreado y promovido de alguna manera la apnea. También se han desarrollado escuelas que están certificando alumnos en el ámbito internacional. Entonces, todo eso le ha dado mucha más popularidad, hay una mayor base de atletas practicando esta disciplina y hay mayor público, y esos son requisitos para que sea un deporte olímpico.

Sé que la Confederación Mundial de Actividades Subacuáticas (CMAS) ha estado trabajando en eso, en proponer la apnea ante el Comité Olímpico Internacional. Ojalá se dé. Sería bien bonito ver la apnea en las olimpiadas. Me parecería extraordinario verlo y quizá hasta competir. ¡Quién quita! 

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