No es lo mismo mentarlo que verlo venir por Alexander Lugo

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Diabladas en la Música Venezolana

Abunda en menciones y alusiones esa mítica figura de un querubín caído que burla burlando y fascina tentando, los pueblos ricos en ingenio y chanzas lo refieren en legendarios romances de briosas reyertas con su alter ego, y en no pocas guasas de la sabiduría pueblerina.

Dante lo sublimizó en un infierno formado por nueve círculos como escarmiento de pecadores. En “El Paraíso Perdido”, John Milton lo retrató para siempre, ángel apóstata, hermoso y rebelde; Goethe nos lo refrenda como un seductor y solicito Mefistófeles cobrándole el alma a un Dr. Fausto que lo requiere. Oscar Wilde lo alude aristocráticamente en su “Retrato de Dorian Gray”.

En nuestro patio, Arvelo Torrealba escogió las formas expresivas del contrapunteo llanero, que galopa al severo ritmo de los pulsos arpistas o bandoleros, cuatristas y maraqueros que hacen mejor concierto con los redondeos cíclicos de nuestras faenas ganaderas en que se comulgan con la trashumancia vaquera, con una pieza de largo aliento y carácter puramente nacional como es su impecable y arrobador Florentino… Con suficiente bastimento para llenar de imaginería a los músicos de “colcha y cobija” como José Romero Bello y “El Carrao” y de encendido nacionalismo impresionista, como Antonio Estévez. Telúrico ‘Contrapunteo de la Vida y de la Muerte’, lo mentó Orlando Araujo.

LOS DIABLITOS DE CORPUS

La devoción popular de las Diabladas de Corpus Christi, manifestación ritual de varias comunidades venezolanas tiene su origen en Europa. “Las ceremonias se celebraron en el interior de las iglesias hasta que el Papa Inocente III las prohibió, en el concilio de Letrán de 1215, permitiendo las danzas y la música solo fuera del templo”.

La celebración del Corpus en España, coincide con el propio arribo de las calaveras a tierras desconocidas que supusieron de “las Indias Occidentales”, donde esperaban en la orilla, confiados y desnudos como sus madres lo parieron, aquellos nobles cuerpos bronceados con sonrisas y mansa contemplación, mientras desde la proa observaban vacilantes y totalmente perdidos, aquellos barbados, boquiabiertos y cundíos de piojo. Por tanto, en el siglo XVI, la tradición viaja al ‘Nuevo Mundo’, con los conquistadores.

La primera referencia que se encuentra en Venezuela sobre la celebración del Corpus Christi data de 1582, cuando el gobierno municipal de Coro la ordena en los siguientes términos:

“Toda la octava de Corpus Christi, el Santísimo Sacramento debe entronizarse en el Altar mayor con cuatro velas encendidas y dos antorchas, después de la vigilia debe ir en procesión por el interior de la iglesia regada con flores y hierbas aromáticas”. (Acta del Cabildo de Caracas, Tomo IV)

Las danzas negras y mulatas, dentro de la procesión de Corpus, se mantuvieron hasta la llegada del Obispo Diego de Baños y Sotomayor, quien, en 1687, las prohíbe y decreta en Las Constituciones Sinodales del Obispado de Venezuela y Santiago de León de Caracas:

“En muchas ciudades de nuestro Obispado está introducido que en las Procesiones, no solo de Corpus y su Octava, sino también en la de los Santos Patronos, se hagan danzas de Mulatas, Negras e Indias, con las cuales se turba, e inquieta la devoción, con que los fieles deben asistir en semejantes días… Mandamos pena de Excomunión Mayor, que las dichas danzas…, no se hagan, ni permitan”.

La festividad de Corpus se menciona nuevamente en un acta del cabildo de fecha 14 de noviembre de 1746: “…se han producido muchos desordenes y actos inmorales, realizados por enmascarados, llamados diablitos”.

De acuerdo con el documento estos diablitos eran: “negros con muy malos hábitos que todos los años destruían cosas y cometían robos”.

Corpus se celebró en Caracas con una procesión, en la cual los Diablitos salían a la calle, las horas de la tarde, dirigidos por un diablo cuya máscara y cuernos eran más grandes que los del resto. Todos llevaban una maraca en la mano derecha y un pañuelo de madrás en la izquierda, danzaban de forma grotesca frente a las ventanas de las casas, al ritmo del tambor.

En Caracas, la danza de los Diablitos de Corpus se realizó hasta finales del siglo XVIII. En cambio en la región central del país, particularmente en las haciendas de café, cacao y caña de azúcar, donde la población predominante era la negra, en situación esclavizada, la tradición de los diablos danzantes aparentemente permaneció inalterada, como se deduce de su existencia en Naiguatá, San Francisco de Yare, Cata, Turiamo, Ocumare de la Costa, Chuao, Canoabo y Patanemo. Se encuentran algunas representaciones de Diablos en otros lugares de Venezuela, como las de Cumaná y El Callao, pero no son Diablos de Corpus.

¡AH DIABLO! La Leyenda del Diablo de Carora

En la geografía simbólica de Venezuela, es Carora una tierra de la risa y la penitencia, del intelecto y la pereza, el estío y la inundación, la cordura y el delirio, la virgen morena y el demonio. Esto para la Carora de entonces, pequeña villa recoleta, respetuosa con las Autoridades y con Santo Temor de Dios, fue un escándalo que produjo asombro, ira y miedo colectivo. Al no explicarse porque hubo cinco muertos, blasfemias, irrespeto a la Casa de Dios y a sus servidores consagrados, apelaron entonces a las fuerzas sobrenaturales y se creó la leyenda de que “en Carora el Diablo andaba suelto”.

Cuadro por el pintor Juan Chirinos

Sobre esta leyenda del diablo de Carora encontramos el siguiente relato que se publica el 22 de octubre de 1919 en el número 42, de El Diario de Carora:

Específicamente en 1734, cuando unos contrabandistas de apellidos Hernández Pavón andaban en la región larense, los alcaldes Tiburcio Riera y Adrián Muñón de Miranda metieron preso a uno de ellos. Los Hernández Pavón mataron al guardia que apresaba a uno de los Hernández y lo liberaron. Los alcaldes comenzaron a organizar a la gente del pueblo para perseguir a los supuestos contrabandistas. Frente al convento de Santa Lucía se encuentran los hermanos Hernández y los alcaldes junto al pueblo. Los primeros se refugian en el convento y los alcaldes amenazan con derrumbar las puertas. Cuando logran agarrar a los Hernández Pavón, son fusilados en la Plaza Real, delante de todos los allí presentes. Más adelante, la justicia española condena a muerte a los alcaldes.

Según nos dice Luis Beltrán Guerrero, los Hernández eran calificados como enemigos de la oligarquía regional, es decir eran unos “rebeldes”. La acusación que se les hacía era la de no haber pagado “diezmos y primicias” a la Iglesia. También fueron acusados de no asistir a la santa misa y de ser hombres de vida “desarreglada, sin temor de Dios ni del Rey.” Por estas muertes acontecidas en aquel día de siglos atrás, se creyó que ‘el Diablo andaba suelto en Carora’.

El caroreño cuando se asombra y quiere ponderar algo muy grande dice: ¡AH DIABLO!

SE SOLTÓ EL DIABLO

El otro Diablo, famoso por “animar las fiestas con su melodía acompañada de bandolines, guitarras, cuatros, pianos y bandas de músicos populares” es el valse-joropo de Heraclio Fernández El Diablo Suelto. Nos cuenta el maestro Alirio Díaz que con el pasar de los años este valse fue considerado anónimo, pero gracias a la investigación que realizara, se pudo constatar que la pieza fue compuesta a finales del siglo XIX por el compositor zuliano que vivió desde niño en La Guiara.

A fines del siglo XIX, nos dice Díaz que Santiago Añez compuso una pieza titulada también El Diablo Suelto. Otro valse conocido como El diablo suelto fue El Bejuquero. En la época en la que vivió Heraclio, quien dirigía un periódico que era hechura suya llamado “El Zancudo”, el cual era su pseudónimo, existían varias periódicos “Humorísticos y Satíricos” con estos nombres: El Diablo Verde (1868); El Diablo Cojo (1868), de Maracaibo; El Diablo Suelto (1875-77-78), de Caracas; El Diablo Cojuelo (1878), de Ciudad Bolívar; El Diablo Suelto (1888), de Barquisimeto; y El Diablo (1890-189?), de Caracas. El ‘Cantor de la Voz de Pueblo’, Gualberto Ibarreto, hace una versión de la pieza musical de Heraclio Fernández con letra del compositor Henrique Hidalgo, ya que solamente se conocía como instrumental:

Recógete muchacho que por ahí anda el diablo suelto

y lleva entre sus cachos al hijo de Ruperto

que Lucifer lo llaman, mandinga, varios nombres le dan.

Que lo han visto en Carora, también que lo han visto en San Juan.

Por su parte Celestino Carrasco “El Negro Tino”, compone una pieza musical en tiempo de Golpe Larense estilizado, que popularizó la cantante Adilia Castillo acompañada por el Grupo Los Araucanos, llamado el Pi pi piriguá, inspirando en la leyenda caroreña: “Se soltó el diablo”. El estribillo dice:

Allá viene el diablo
dale con la cruz (bis)
a mi no me asusta
lo que digas tú.

Amílcar Segura, aparece como el compositor de: “Se Soltó el Diablo é Carora”, otra composición musical, que contribuye en dar a conocer los pormenores de la leyenda:

Se soltó el diablo é Carora
a diablo pá condenao
porque se secó la ceiba
donde lo habían amarrao.

Por último está la pieza para guitarra solista escrita Rodrigo Riera en 1969: Golpe al Diablo de Carora.

SIMPATÍA POR EL DIABLO

En su tercera versión, la de 1956, asegurándonos que era la última –yo todavía pienso que trabaja en una nueva- el poeta Alberto Arvelo Torrealba (Barinas: 1904-1971) nos presenta así al jinete de trote sombrío:

Súbito un hombre en la puerta:
indio de grave postura,
ojos negros, pelo negro,
frente de cálida arruga,
pelo de guama luciente
que con el candil relumbra,
faja de hebilla lustrosa
con letras que se entrecruzan,
mano de sobrio tatuaje,
lunar de sangre en la nuca.
Un golpe de viento guapo
le pone a volar la blusa,
y se le ve jeme y medio
de puñal en la cintura.
Entra callado y se apuesta
para el lado de la música.
Dos dientes de oro le aclaran
la sonrisa taciturna.

“Oiga, vale, ese es el Diablo”
-la voz por la sala cruza-.

Al presenciar maravillado lo que hizo con su poema, Antonio Estévez en “La Cantata Criolla”, el poeta Arvelo le escribe una magistral carta pública, aparecida en el diario El Universal del 13 de diciembre de 1961, donde entre otros prodigios le expresa:

Armonizando antítesis, como en dialéctica de embrujo, su Cantata se nos revela sosegadora e inquietante, llana y profunda, universal y criolla, popular y erudita, real y fantasmagórica. Su fondo permanente es rebeldía. Su fuerza humana, la virtualidad de conmover muchedumbres y de pasmar maestros. Su proeza artística, hacernos oír, bajo el cielo de América, con virgen voz americana, el ronco son de los remos con que aún golpean a los siglos los trágicos barqueros de la Estigia y el Aqueronte. Dentro de lo musical, la concurrencia de esos rasgos tipifica el signo demoníaco. Lo cual da a usted, sitio de honor entre los grandes músicos de inspiración diabólica que patrullea Paganini.

Por todo eso empiezo a sospechar, dilecto amigo, que entre los dos copleros, fraternos en el arte, antagónicos en el rumbo y en la meta de la esperanza, usted ha tenido también su poquito de preferencia por el Diablo.
De usted, cordialmente,
A.A.T.

Podemos decir, para cerrar este diabólico exordio:

‘Que si a usted no le ha salido el Diablo es porque lo lleva por dentro’.

Texto completo en:
https://di-sonancias.blogspot.com/2021/10/no-es-lo-mismo-mentarlo-que-verlo-venir.html

Alexander Lugo Rodríguez

Curadas | Vía Di-Sonancias

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2 Comments

  1. Saludos, muy bueno e interesante artículo, le felicito por tan extraordinario paseo cultural por mi gran país y la muestra en distintos roles y escenarios en el que «ese ángel caído» se muestra, pero debo hacer una humilde indicación como Capataz y Diablo Mayor, que en nuestro caso de los «Diablitos Danzantes de San Diego de Alcalá», del Estado Carabobo, por herencia y tradición, así como otras Diabladas del país entre las que destacan los «Diablos de Chuao», «Diablitos de Guacara», «Tinaquillo» y otras, entramos, para «rendir» y «pagar» y hacer oraciones de intercesión, petición y agradecimiento dentro del «Templo Sagrado» o Iglesia.
    Gracias y sean bienvenidos a San Diego.
    Pablo Herrera.

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