Los Turpin

Trece hermanos secuestrados: el caso de los Turpin

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Este caso causó repudio en la sociedad por sus características, dignas de un cuento de horror. Revela las consecuencias que puede acarrear la mente torcida de ciertas personas, aún habiendo lazos de sangre.

Trece hermanos secuestrados: el caso de los Turpin.

Se trata de un hecho que conmovió a la opinión pública de Estados Unidos, donde ocurrió, y que tuvo repercusiones mundiales por sus espeluznantes características.

Conozcamos el tema.

Trece hermanos secuestrados: ¿Cómo se descubre?

La fecha es el 14 de enero de 2018.

Nos encontramos en la calle Muir Woods 160, en la localidad de Perris, en California.

La vía pública está oscura pero las cámaras de seguridad de una casa cercana captan cómo una persona se desliza por una ventana.

Se trata de la joven Jordan Turpin, de 17 años de edad.

Está escapando de sus captores: sus propios padres, David y Louise Turpin.

Una vez en la cale con un teléfono celular sin línea que había tomado uno de sus hermanos, Jordan llama a emergencias, al 911, y pide ayuda.

Explica que se ha escapado de su domicilio, donde ella y sus doce hermanos, casi todos niños, viven en condiciones infrahumanas.

Trece hermanos secuestrados

Trece hermanos secuestrados: Condiciones infrahumanas

Se bañan una vez al año, apenas comen y algunos de ellos se encuentran encadenados.

Tras convencer a la persona que está al otro lado del teléfono, envían a un funcionario policial al lugar donde se encuentra la muchacha.

Ella no tarda en mostrar con su dispositivo móvil las imágenes de lo que ocurre en el interior de su vivienda.

Horas más tarde, los agentes se adentran en la casa y descubren con horror el infierno en el que han estado viviendo los trece hermanos.

Jordan ve como se llevan presos a sus progenitores.

La liberación está cerca.

Trece hermanos secuestrados: El caso desde sus inicios

Pero, ¿cómo comenzó el infierno de estos cautivos?

David y Louise Turpin se casaron en 1985, cuando él tenía 22 años y ella 16.

El era estudiante de ingeniería informática y ella cantaba en el coro de la iglesia. Su primera hija, Jennifer, llegó cuatro años después.

Formaban parte del culto evangélico pentecostal y tenían unas creencias religiosas muy férreas, por lo cual afirmaban que iban a concebir todos los hijos que Dios les diera.

Y así fue: en tan solo unos años la familia Turpin contaba con trece hijos.

Los niños no iban a la escuela. Dejaron de acudir cuando la mayor, Jennifer, había sido promovida al tercer grado.

Supuestamente instauraron una escuela privada en casa, en la que el director era David y Louise la profesora.

Pero la realidad es que los niños se enseñaban entre ellos lo poco que sabían.

Trece hermanos secuestrados

Trece hermanos secuestrados: Nadie sospechaba

De puertas para afuera la gente creía que los Turpin eran una familia feliz aunque un poco extraña. ¿Cómo era eso posible?

Pues porque publicaban fotos de visitas a Disneylandia y a Las Vegas, donde los padres renovaron sus votos dos veces.

En esas imágenes los niños aunque muy flacos salían sonrientes.

Pero los padres amenazaban a los infantes: en el caso de abrir la boca cuando salían al exterior los iban a separar, los matarían de hambre y los encerrarían en celdas caseras hechas por David.

En todo caso, eso no era muy diferente a la realidad.

Tenían unos horarios muy estrambóticos: los despertaban a altas horas de la noche. Vivían encerrados en el inmueble con las personas bajadas.

Además, los alimentaban con panes untados en mantequilla de maní. Si quedaban con hambre consumían sobrecitos de salsa de tomate y mostaza, así como cubitos de hielo.

No se cambiaban nunca de ropa.

Realidad surrealista

David y Louise tenían automóvil y ella era una compradora compulsiva. Adquiría ropa y juguetes para los niños pero no los dejaba usarlos.

Se levantaban todas las mañanas temiendo cometer un error, puesto que si hacían alguna cosa mal los golpeaban, los tiraban por las escaleras, los asfixiaban, los azotaban con una correa y los encerraban con candado en las casetas.

Les decían que ellos estaban en el derecho de maltratarlos y lo justificaban leyéndoles pasajes de la Biblia.

Los muchachos cautivos no podían desear nada más que esa pesadilla acabara.

Por suerte ese día llegó.

El crimen no paga

Todo comenzó cuando Louise casi mata a Jordan ahogándola por haber observado un video de Justin Bieber.

Ahí la joven supo que no tenía nada que perder y que debía ser valiente por sus hermanos.

Dos años después, cuando la policía entró a la casa, que apestaba a excrementos humanos, encontró a varios niños con las manos y pies atados.

Aunque al principio pensaron que todos ellos eran menores, descubrieron que sus edades comprendían desde los 2 a los 29 años.

La mayor pesaba 37 kilos y algunos tenían los brazos propios de un bebé. También en la revisión médica les diagnosticaron atrofia muscular y deterioro cognitivo.

Esto, debido a las palizas que habían recibido. Algunos no habían desarrollado habilidades lingüísticas.

Lo más fuerte de todo es que cuando fueron arrestados Louise parecía no comprender por qué.

Juicio y condena

En el juicio que se libró contra los abominables padres fueron sentenciados a cadena perpetua por los cargos de tortura, secuestro, abuso y maltrato infantil.

Además, David fue acusado de lascivia contra un menor de 14 años.

Y aunque parecía que al fin los hermanos Turpin iban a tener un final feliz no fue así.

Algunos de ellos fueron enviados a casas de acogida donde también recibieron maltratos.

Mientras, los mayores de edad vivían a duras penas.

Esta escalofriante historia ha tenido eco incluso hasta en la televisión.

En series norteamericanas como «La Ley y el Orden: Unidad de Víctimas Especiales», «El Show del Doctor Oz» y «911» han hecho referencia directa al caso o producido adaptaciones.

Lo cierto es que el caso Turpin es un episodio de la vida real aterrador y desconcertante.

Tomado de Draw My Life, Wikipedia, BBC News Mundo.

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