El mercado negro de combustible en Sri Lanka lo controlan Mafias de tres ruedas

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Colombo, 26 jul (EFE).- Mientras cientos de coches permanecen en fila durante días frente a las gasolineras de Colombo cerradas y sin reservas, una bodega en la parte trasera de una funeraria apila en botellas de soda litros de combustible: un depósito del mercado negro controlado por chóferes de los rickshaws de tres ruedas.

Un litro de combustible cuesta oficialmente 470 rupias esrilanquesas (1,30 dólares), pero hace semanas que la gasolina dejó de llegar a la isla del sur asiático, que se quedó sin dinero para pagar a sus proveedores, y tiene problemas para adquirir nuevos cargamentos con los distribuidores internacionales convencidos de que no tendrán cómo pagar.

En la ciudad apenas transitan coches, el servicio de tren carga casi al doble de su capacidad, las calles están pobladas de transeúntes que tienen que volver a casa andando. Solo unos pocos autobuses pasan cada tanto torcidos por la carga de pasajeros colgando de las puertas por falta de espacio.

«En un barrio por aquí cerca se consigue gasolina en 3.000 rupias (unos 8 dólares)», dice un conductor que espera turistas frente a un hotel de lujo, en una esquina del centro de Colombo, para dar indicaciones de los únicos lugares donde se consiguen reservas.

La gasolina fluye en las calles de Slave Island. En la desfavorecida barriada de la capital nacional, aún en la noche los rickshaws, populares taxis de la nación, van y vienen, las tiendas siguen abiertas, y casi cualquier persona de la zona tiene un contacto, «el distribuidor de un amigo» que vende a cualquier hora por seis veces más del precio oficial.

EL SISTEMA

«Solo nos queda gasolina para un día», dijo hace más de quince días el Gobierno de Sri Lanka, mientras tres barcos esperaban en la costa a que la nación desembolsara el pago para liberar el cargamento. El Ministerio de Petróleo informa a diario de los pocos cargamentos que llegan y que han podido pagar en efectivo.

Las fuerzas de seguridad reparten unas pocas fichas para los vehículos que ofrecen servicios esenciales, de turismo, o transporte. Los rickshaws esperan por días la llegada de camiones con combustible a las estaciones, que una vez descargan activan el sistema.

Los conductores llenan una y otra vez en un día los pequeños tanques de diez litros de sus triciclos, que descargan enseguida chupando con mangueras y llenando sus propios depósitos.

Aunque las fuerzas de seguridad controlan las estaciones, la policía «escribe nuestros nombres en una lista, solo para aparentar, y luego ponen a su propia gente (para cargar el tanque)», explica a Efe en condición de anonimato un taxista.

Los traficantes «tienen dos o tres vehículos de tres ruedas y una bomba para succionar. Lo vacían y vuelven a llenar el tanque nuevamente», detalla el conductor que debe acudir a Slave Island si necesita de unos litros.

El precio fluctúa entre 2.500 y 3.000 rupias esrilanquesas (entre unos 7 y 8 dólares) según el mercado, o la noticia de nuevos barcos calma la demanda.

«La policía también lo sabe, pero no hacen nada al respecto», asegura.

Con las fuentes de ingresos asfixiadas por la escasez, los conductores tienen que acudir al mercado negro o «tenemos que quedarnos durante cuatro días para cargar gasolina», relata el taxista que también ha doblado sus tarifas.

En una aparente medida para controlar este mercado negro, el ministro de Energía, Kanchana Wijesekera, anunció este martes en Twitter que antes del 31 de julio «todos los usuarios de tres ruedas» deberán registrar sus vehículos «en la estación de policía de su área y seleccionar una gasolinera».

«A partir del 1 de agosto, los tres ruedas solo podrán obtener combustible de la estación de servicio registrada», detalló.

CUÁNTOS LITROS QUIERES

«Tengo algunos turistas, quieren unos litros de gasolina. ¿El distribuidor en Bastian Mawatha? ¿Sabes en cuanto lo tiene Kumara?», pregunta por teléfono un chófer de rickshaw en una esquina del área de Fort en Colombo.

«Son 3.000 rupias, y otras 2.000 por llevarte hasta el punto de venta», ofrece después de colgar el teléfono y cargar 500 rupias adicionales a los 2.500 que su interlocutor le ofreció por litro, y para cerrar la ganga: «un tour por la isla por diez dólares».

Un hombre de 70 años murió el pasado viernes tras una estampida mientras intentaba obtener combustible de una estación de servicio, y otro falleció mientras esperaba en una cola, según el medio esrilanqués The Lanka Express, que ha contabilizado 20 muertes relacionadas con las colas de combustible.

Mientras tanto en una esquina un vendedor de mangos y guayabas ofrece a su clientes un litro por 2.500, y se compromete a traer al distribuidor hasta su puesto callejero con todo el inventario, para garantizar la pureza de la gasolina.

«Es de buena calidad», promete frente a un mercado negro que infla los litros con mezclas de gasolina y keroseno.

El chófer de rickshaw de la equina del hotel hace su propia oferta: «Si necesitas combustible, por 2.000 rupias te llevo y te traigo del mercado negro de Slave Island». EFE

Curadas | Vía Agencia EFE

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