¿Puede el dinero comprar la felicidad? esto dice Harvard

¿Puede el dinero comprar la felicidad? esto dice Harvard

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¿Puede el dinero comprar la felicidad? Según el viejo dicho, la respuesta es no. Sin embargo, un profesor de la Escuela de Negocios de Harvard dice que sí

La felicidad es un concepto y sentimiento subjetivo. Para unos significa estar tranquilo en casa, para otros salir de viaje o pasar tiempo de calidad con hijos, mascotas y seres queridos. Pero ¿puede el dinero comprar la felicidad?

Lo cierto es que para todos representa bienestar.

Durante décadas, los investigadores han realizado estudios sobre lo que nos hace felices y han esbozado teorías sobre si la felicidad radica en tener más dinero, más tiempo libre o en gozar de una salud plena. Lo más objetivo es que es un cúmulo de esos tres factores.

Una reciente investigación de la Escuela de Negocios de Harvard dice que, si bien el dinero no puede serlo todo para un concepto tan subjetivo como la facilidad, está comprobado que sí ayuda a las personas a evitar muchos de los problemas cotidianos que causan estrés.

Puede el dinero comprar la felicidad
¿Puede el dinero comprar la felicidad? esto dice Harvard

El profesor de Harvard Jon Jacimowicz dice que si sólo nos enfocamos en la felicidad que puede traer el dinero, nos perderemos de mucho, pero debemos pensar en todas las preocupaciones de las que nos puede liberar.

“El dinero puede brindar calma y control, permitiéndonos comprar nuestra salida de baches imprevistos en el camino, ya sea una pequeña molestia, como esquivar una tormenta pidiendo un Uber, o una preocupación mayor, como manejar una cuenta de hospital inesperada”, anota.

Para probar la relación entre el dinero en efectivo y la satisfacción con la vida, Jachimowicz de la Universidad de Harvard y sus colegas de la Universidad del Sur de California, la Universidad de Groningen y la Escuela de Negocios de Columbia realizaron una serie de experimentos, que se describen en la revista Social Psychological and Personality Science.

Sus hallazgos comprueban que los picos de pobreza y escasez financiera están relacionados con niveles más altos de angustia en la vida diaria. Entonces, mayores ingresos equivalen a menor estrés.

Su estudio contó con la participación de 522 personas. Rastrearon su actividad diaria durante 30 días y las respuestas emocionales que tuvieron ante situaciones cotidianas. Sus ingresos oscilaron entre menos de $10,000 y $150,000 o más.

“El dinero reduce el estrés intenso: no hubo una diferencia significativa en la frecuencia con la que los participantes experimentaron eventos angustiosos; sin importar sus ingresos, registraron una cantidad similar de frustraciones diarias. Pero aquellos con ingresos más altos experimentaron una intensidad negativa menor de esos eventos”, señalan.

Quienes tenían más ingresos sintieron que tenían más control sobre los eventos negativos y eso redujo su estrés. Además, se sintieron más capaces de lidiar con los problemas que pudieran surgir.

El estudio indicó que las personas con ingresos más altos generalmente estaban más satisfechas con sus vidas. “No es que la gente rica no tenga problemas, pero tener dinero te permite arreglar los problemas y resolverlos más rápido”, dice el autor.

En otro estudio, los investigadores presentaron a unos 400 participantes dilemas diarios, como encontrar tiempo para cocinar, moverse en un área con transporte público deficiente o trabajar desde casa entre niños en espacios reducidos.

Luego preguntaron cómo los participantes resolverían el problema. Cuanto mayor sea el ingreso de una persona, más probable es que sugiera el dinero como una solución a un problema, por ejemplo, llamando a un Uber o pidiendo comida para llevar.

Jachimowicz anota que la se ha estructurado la sociedad de una manera que hace todo más difícil para las personas pobres: el transporte público es malo, costoso y centralizado, pero aún así muchas empresas castigan los retardos en el trabajo y castigan a los estratos sociales más bajos que no pueden pagar un automóvil.

“Cambiar esas estructuras profundamente arraigadas, y la forma en que muchos de nosotros pensamos acerca de las dificultades financieras, es crucial”, explica.

Además, la tensión financiera está relacionada con un desempeño laboral más bajo, problemas con la toma de decisiones a largo plazo y dificultad con las relaciones significativas.

“Las personas pobres deberían sentir que también tienen cierto control sobre sus vidas. ¿Por qué es un lujo que solo nos damos a los ricos? Tenemos que estructurar organizaciones e instituciones para empoderar a todos”, dice el investigador.

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Tomado de VIVEUSA

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