En medio de la pandemia global, ha habido tiempo para los juegos de guerra. Estados Unidos, chavistas y oposición juegan ajedrez en un país frágil. El resultado podría ser catastrófico para los venezolanos.
En medio de la pandemia que sacude al mundo, también hay tiempo, dinero y energías para los juegos de guerra. Estados Unidos ha desplegado esta semana una enorme operación militar cerca de las costas de Venezuela. “No permitiremos que los narcotraficantes se aprovechen de la crisis del coronavirus”, dice Trump. Nicolás Maduro, por su parte, denuncia la maniobra y desafía al gobierno estadounidense con la “furia bolivariana”.
¿Hasta dónde están dispuestos a llegar los dos? En el contexto de precariedad alimenticia y sanitaria de Venezuela, solo se puede participar en un juego de este tipo con una condición: que te importen un carajo las víctimas.
Desde 2014 se viene alertando sobre la crisis de salud pública en el país. El deplorable estado de las instalaciones, sumado a la crisis eléctrica que produce apagones en distintas zonas, la inflación, la escasez de insumos y la falta de agua, ofrecen un panorama de alto riesgo. Antes de la pandemia, enfermarse ya era muy peligroso en Venezuela. A esto, además, hay que añadir las aterradoras estadísticas sobre alimentación y economía: casi el 60 por ciento de los hogares no tienen dinero para comprar comida. El 21 por ciento de los venezolanos se encuentran subalimentados y más del 30 por ciento de la población padece inseguridad alimentaria.
Venezuela es hoy una frágil tela de araña sobre la cual presionan y se mueven las distintas fuerzas geopolíticas en pugna, tratando de obtener una victoria, aun a riesgo de aumentar más la tragedia.
Esta nueva etapa de la crisis entre los dos países se ha precipitado en estos días de forma algo abrupta y, por momentos, confusa.
El 26 de marzo, el gobierno de Estados Unidos acusó formalmente de narcotráfico a algunos de los miembros más prominentes del chavismo, ofreciendo además una recompensa de 15 millones de dólares por cualquier información que conduzca a la captura y detención de Nicolás Maduro. Cinco días después, sin embargo, el mismo gobierno de Trump propuso una negociación para la solución del conflicto: presentó un nuevo un plan de transición, que supone la salida de Maduro y del chavismo de sus espacios de poder pero que ofrecía, a cambio, la eliminación de las sanciones que pesan sobre ellos y sobre el país.
Como era previsible, la reacción del régimen de Maduro fue un rechazo inmediato, tanto a las acusaciones de narcotráfico como al nuevo plan de acuerdos propuesto por Estados Unidos. Así que el Comando Sur estadounidense dirigió sus barcos y su armamento hacia las costas del Caribe. Más allá de las estrategias electorales de Trump y más allá del demostrado cinismo político del chavismo, ¿acaso es posible justificar todos estos movimientos de cara a la emergencia que vive ahora el planeta?
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