Conozca qué son los exóticos «agujeros de gusano» de Einstein y Rosen

«Agujeros de gusano» es un nombre curioso para algo tan exótico. Aunque también es muy ilustrativo

Los agujeros de gusano son consistentes con la teoría general de la relatividad , pero si realmente existen agujeros de gusano que queda por ver.

Una fascinante historia que empezó con una preocupación de Albert Einstein, se desarrolló con la ayuda de una novela de ficción de Carl Sagan y sigue intrigando a los más grandes físicos.

Imagínate una manzana, con un gusano que quiere llegar lo más rápido posible al lado opuesto del que se encuentra. En vez de recorrer todo el camino por la superficie, cava un agujero lo más recto posible.

Ahí está: como en el Jardín del Edén y en el de Isaac Newton, una manzana nos lleva al umbral de un mundo de conocimientos nuevos por explorar.

Y en éste apenas estamos incursionando.

Los agujeros de gusano comenzaron como una solución a un dolor de cabeza científico.

Puente

Después de revelar su teoría general de la relatividad en 1915, Albert Einstein quedó preocupado por un gran agujero en su argumento.

«Concibió una nueva teoría sobre todo el Universo, en la que también decía que cuando las estrellas colapsaban formaban agujeros negros», le dijo a la BBC el físico Jim Al-Khalili.

«En esa época, y por varios años más, se creía que lo agujeros negros no existían, que eran artefactos de las matemáticas. Incluso Einstein pensaba así. Pero algo le molestaba:

«En el centro del agujero negro, alcanzabas la singularidad, el punto en el que toda la materia se comprime a tamaño 0 y, por ende, densidad infinita. A Einstein, como buen físico, no le gustaba algo que contiene materia pero cuyo tamaño es 0. Es como cuando divides algo por 0 en tu calculadora y te dice que cometiste un error.

«Entonces, con el físico estadounidense-israelí Nathan Rosen, publicaron un artículo en el que señalaron que si cambiaban un poco las matemáticas, esa singularidad se convierte en un puente que lleva del centro del agujero negro a otro lugar, quizás a otro agujero negro o incluso a un agujero blanco», explica Al-Khalili.

¿Agujero blanco?

«Un agujero negro es algo que se absorbe todo: la materia e incluso la luz que cae en él, no vuelve a salir. Un agujero blanco es lo opuesto: no se traga nada sino que escupe todo. La idea era que quizás todo lo que caía en un agujero negro era expulsado al otro extremo, que era un agujero blanco.

«Eso es lo que se conoce como el puente Einstein-Rosen».

Y ese es el nombre original de los agujeros de gusano. Este último término fue introducido por el físico teórico estadounidense John Wheeler en 1957.

Atajo

Casi tres décadas más tarde, cuando el astrónomo, divulgador y ganador de un premio Pulitzer Carl Sagan (1934-1996), estaba escribiendo su novela «Contacto» (publicada en 1985), en la que se hacía realidad un sueño milenario: un encuentro entre humanos y extraterrestres.

Su plan original era que la protagonista -Eleanor Arroway, directora del proyecto Argus del SETI, dedicado a captar emisiones de radio provenientes del espacio- y otros cuatro científicos se sumergieran en un agujero negro, creado por alienígenas, y para llegar al planeta que ellos habitaban, a 26 años luz de distancia, donde los estaban esperando.

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