«Los dedos de la doncella iban y venían en una nebulosa de movimiento incomprensible, como pequeños gusanos en un manantial de agua burbujeante»
Esa danza que Aritmética estaba interpretando con sus manos era el complejo y muy preciado arte de contar con los dedos.
Así imaginó el escritor romano del siglo V Marciano Capela a la dama de la Aritmética, una «mujer de extraordinaria belleza, que tenía la majestad de una antigüedad nobilísima», en «De Nuptiis», la obra en la que personificó a las siete artes liberales.
Efectivamente: esa misma habilidad que aprendiste cuando eras pequeño y de la que probablemente te sigues valiendo de tanto en tanto, aunque quizás más discretamente.
La gran diferencia es que mientras que hoy en día muchos no pasamos de contar más allá de 10, antiguamente sólo con los dedos de las manos llegaban hasta 9.999 (y podían seguir hasta un millón, poniendo las manos en ciertas formas en distintas partes del cuerpo).
«Ese sistema fue usado desde la época de los romanos hasta la Plena Edad Media (siglos XI al XIII) en toda Europa», le contó a BBC Mundo el historiador de ciencia y Medioevo Seb Falk, autor del libro «The Light Ages» (o «La Edad Luminosa»).
La mejor descripción que tenemos de esa mágica destreza aparece en un libro titulado De temporum ratione o «Sobre el recuento del tiempo», escrito a principios del siglo VIII por un monje que vivía en uno de los rincones más alejados del mundo conocido en ese entonces.
Desde un monasterio en Jarrow, en el noreste de Inglaterra, creó obras que arrojaron luz sobre la civilización occidental, se convirtió en un erudito de renombre internacional y, finalmente, en un santo: san Beda el Venerable.
De temporum rationefue el primer tratado cabal sobre un de asunto que fue motivo de gran preocupación hasta la reforma gregoriana en 1582: la ciencia del cálculo del tiempo y el arte de la construcción del calendario.
«La base del calendario cristiano era la Pascua. Esa fecha tenía que ser identificada meses o años, antes, y desencadenaba grandes debates desde el Atlántico hasta Alejandría.»
Si esa importante fecha era el domingo después de la primera luna llena o el equinoccio, había que fijarla de antemano -pues muchos otros festivales cristianos dependen de ella-, para poder hacerlo debían combinar el ciclo solar -la Tierra girando alrededor del Sol, aunque para ellos era el Sol el que giraba alrededor de la Tierra-, el ciclo lunar y los días de la semana.
«Es un sistema complicado pero, a grandes rasgos, los astrónomos habían descubierto que en 19 años el ciclo recurría y la luna nueva ocurría el mismo día, así que tenían que calcular en qué momento estaban de ese ciclo de 19 años.
«Beda escribió De temporum ratione para explicar cómo hacerlo. Representando el sistema solar en dos manos, y el lunar en sólo una, el método permitía llegar a la fecha correcta de la Pascua en cuestión de segundos. No por nada su manual enciclopédico fue impreso y copiado durante cientos de años».
Y en ese libro que muestra cómo las manos, esos artilugios portátiles por excelencia, sirven como computadoras, Beda describió también cómo contar hasta 9.999.
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