Durante su trayectoria John le Carré, se especializó en relatos de suspenso y espionaje ambientados en la época de la Guerra Fría, convirtiéndose en uno de los escritores más leídos del mundo, con gran parte de sus obras llevadas a la gran pantalla
El novelista de la Guerra Fría John le Carré murió a los 89 años, luego de una breve enfermedad, según dijo su agente este domingo.
El autor de Tinker, Tailor, Soldier, Spy («El topo») murió de neumonía el sábado por la noche, dijo Jonny Geller, director ejecutivo de la agencia literaria Curtis Brown Group.
John le Carré era el seudónimo de David John Moore Cornwell, nacido en 1931 y considerado por muchos como el maestro de la novela de espías.
Geller lo describió como un «gigante indiscutible de la literatura inglesa» que «definió la era de la Guerra Fría y le dijo sin miedo la verdad al poder».
«No volveremos a ver a otro igual», dijo en un comunicado.
Vida oscura de los espías
Investigados meticulosamente y escritos con elegancia, muchos de sus libros llegaron a un público más amplio a través de adaptaciones cinematográficas y televisivas.
Le Carré se despojó del glamour y el romance característicos de las novelas de James Bond y más bien examinó la verdadera vida oscura y sórdida del espía profesional.

El autor retrató a sus espías como seres humanos falibles, plenamente conscientes de sus propios defectos y los de los sistemas a los que servían.
En el mundo crepuscular de los personajes de le Carré, la distinción entre el bien y el malnunca fue tan clara.
El autor trabajó en su juventud en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Reino Unido, como segundo secretario en la embajada británica en Bonn, Alemania.
En este puesto, trabajó en el departamento de registros de inteligencia y comenzó a recoger ideas para historias de espías en sus viajes entre el trabajo y el hogar.
El «famoso» George Smiley
Su primera novela, Call For The Dead, apareció en 1961 mientras trabajaba para el servicio de inteligencia.
Adoptó el seudónimo de John le Carré para evadir la prohibición de que los empleados del Ministerio de Relaciones Exteriores publicaran libros con su propio nombre.

La historia introdujo personajes que reaparecerían en novelas posteriores, incluida su creación más famosa, George Smiley.
La carrera de Le Carré como espía terminó cuando se convirtió en uno de los muchos agentes británicos cuyos nombres fueron dados a los rusos por el traidor Kim Philby, reclutado por la Unión Soviética a principios de la década de 1930 y quizás el agente doble más importante del siglo XX.
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