Estudio revela que uno de los fósiles humanos fue en realidad una joven

Uno de los fósiles más famosos de Europa, hallado en la sierra de Atapuerca, en Burgos, y perteneciente a la especie Homo antecessor, es de una joven de entre 9 y 11 años

Los colmillos del individuo H3, conocido como el Chico de la Gran Dolina, y del individuo H1, a partir del cual se definió la especie Homo antecesor en el yacimiento de Atapuerca en Burgos, han permitido estimar por primera vez su sexo. El estudio demuestra que en, realidad, el fósil H3 pertenecía a una niña de entre 9 y 11 años.

Un estudio del Grupo de Antropología Dental del Centro Nacional de Investigación de la Evolución Humana (CENIEH) da a conocer la primera estimación sexual de dos de los fósiles más emblemáticos de la sierra de Atapuerca (Burgos), hallados en el nivel TD6 de Gran Dolina y pertenecientes a la especie Homo antecessor: el individuo H1, a partir del cual se definió la especie, y el individuo H3, conocido hasta ahora como el Chico de la Gran Dolina, en referencia al título de un libro de divulgación.

Los resultados, publicados en la revista Journal of Anthropological Sciences, muestran que los caninos de ambos individuos presentan diferencias comparables a las que se observan entre las mujeres y hombres actuales. Este hecho ha permitido establecer que el fósil H1 fue probablemente un individuo masculino, mientras que el fósil H3, fue probablemente un individuo femenino, “es decir, que el Chico de la Gran Dolina sería en realidad la Chica de la Gran Dolina”, afirma Cecilia García-Campos, quien ha liderado esta investigación

Hasta ahora, los restos humanos hallados en el nivel TD6 de Gran Dolina habían sido analizados por muchos investigadores, pero no se había podido evaluar el dimorfismo sexual de esta población. Esto se debe a que la mayoría de los individuos incluidos en la muestra de Homo antecessor son individuos inmaduros, es decir que aún no han alcanzado la adolescencia, lo que complica su estimación sexual. A todo ello se suma a la dificultad que supone disponer de pequeños fragmentos del esqueleto.

“Hasta el momento tan solo se conocía el sexo de un pequeño fragmento de diente, del que se obtuvieron proteínas del esmalte. Pero este estudio abre ahora una nuevo camino muy fiable para estimar el sexo mediante un método no destructivo”, explica José María Bermúdez de Castro, coordinador del Programa de Paleobiología del CENIEH y codirector de los yacimientos de Atapuerca.

La estimación del sexo se ha logrado gracias al análisis de las proporciones de los tejidos dentales de los caninos o colmillos. Las dimensiones del esmalte y la dentina de estas piezas dentales son rasgos sexualmente dimórficos, es decir, permiten diferenciar a los individuos masculinos y los femeninos dentro de una población.

Las metodologías basadas en los caninos permanentes permiten identificar el sexo de los individuos a partir de los seis años. Por lo cual, su estudio ha sido empleado con anterioridad para estimar el sexo tanto en muestras forenses, alcanzando tasas de acierto de hasta un 92,3 %, en poblaciones fósiles, como en la muestra neandertal de Krapina (Croacia) o la población de Sima de los Huesos, también de la sierra de Atapuerca.

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