(AFP).- Era la primera vez que Calixto Velasco veía bombarderos. De repente quedó en medio de los combates que libran militares venezolanos y un grupo colombiano en Venezuela. Atemorizado, buscó refugio en Colombia, un país que durante décadas vio partir a sus ciudadanos por la violencia.
«Mucha gente que tiene años allí dice que nunca había visto eso», dice a la AFP el herrero de 37 años. Huyó del municipio venezolano de Paez, Apure (este), donde estallaron los enfrentamientos el fin de semana. Su esposa e hijos de 6 y 12 años lo acompañan.
Los soldados venezolanos, asegura, «se llevaron muchas personas trabajadoras» en medio de una ofensiva contra supuestos rebeldes colombianos.
«Y como los aviones bombarderos daban vueltas y vueltas (…), entonces nos decidimos para venir acá», relata el hombre que cruzó en canoa el río limítrofe de Arauca.
Casi 4.000 personas han llegado al municipio fronterizo de Arauquita (noreste), la mayoría venezolanos, entre el domingo y el jueves, según la Defensoría de Pueblo (Ombudsman). Niños, ancianos, mujeres embarazadas y jóvenes duermen apiñados en carpas improvisadas en coliseos en pleno ascenso de los contagios del coronavirus.
Castigados por más de medio siglo de conflicto armado, los pobladores colombianos ven con asombro la llegada de desplazados por la violencia.
Aunque agradece la acogida, Velasco pide garantías para volver a Venezuela pues teme que saqueen su casa deshabitada.
A su lado, otros desplazados buscan información sobre familiares detenidos en la ofensiva.
«A mi papá se lo llevaron. Él se llama José Rico, es una persona inocente, campesino de la comunidad que no tiene que ver con la guerra (…) Queremos que nos ayuden para que lo saquen de allá donde lo tienen», clama desesperada su hija Diana Rico.
Que desgracia, la que tenemos que ver por culpa de estás crapulas del régimen, que nuestros hermanos venezolanos tengan que huir de sus casa para salvar sus vidas. Gracias al gobierno de Colombia por el apollo.