Calentamiento global: cómo ayudar a los corales y a las aves marinas

La mejor manera de proteger a los corales amenazados por el cambio climático es conservar una amplia gama de sus hábitats

Los corales podrían perder las algas que viven en su interior y provocar su blanqueamiento o incluso su muerte, a menudo tras haberse visto afectados por más de una ola de calor. Grandes bancos de peces se trasladarán a climas más agradables, obligando a las aves marinas que los necesitan para alimentar a sus crías a volar distancias más largas desde las orillas donde sus especies han anidado durante años.

Las aves marinas vuelan cerca de un barco de pesca en el golfo de Alaska.

El calentamiento global no solo está aumentando las temperaturas medias en tierra, sino también en el océano. A medida que las olas de calor marinas se vuelven más habituales, están alterando las relaciones entre especies que han pasado a depender las unas de las otras.

La única solución sostenible a largo plazo para estos problemas es reducir drásticamente nuestras emisiones de gases de efecto invernadero. Pero mientras esperamos impacientemente a que se alcancen acuerdos internacionales y se apliquen medidas, ¿podemos hacer algo ahora para ayudar a las aves marinas y los corales a soportar el calor? Dos estudios publicados en el número de esta semana de la revista Science sugieren que sí, podemos.

Medidas locales

Para descubrir dónde, cuándo y por qué los corales son más propensos a morir tras olas de calor marinas, la científica de conservación Mary Donovan de la Universidad Estatal de Arizona y un grupo de colegas de Estados Unidos recopilaron datos de 223 arrecifes de coral de todo el mundo recabados por Reef Check, una organización que forma a científicos ciudadanos para vigilar los arrecifes de coral y las praderas submarinas. Algunas de las observaciones básicas proporcionadas por los voluntarios predecían dónde era más probable que ocurriera la pérdida de coral.

La señal más común de vulnerabilidad a las olas de calor eran las algas: en lugares donde los voluntarios habían documentado una gran cantidad de algas entre los corales, se perdían 10 veces más corales, de media, que en lugares donde las algas eran raras o estaban ausentes. Algunas de las sustancias químicas de las algas pueden blanquear los corales si existe contacto directo, explica Donovan, y las algas también liberan compuestos orgánicos en el agua que reducen la cantidad de oxígeno, que estresa los corales. Eso quiere decir que las olas de calor son aún más difíciles de soportar para corales en arrecifes con muchas algas.

Una gran cantidad de erizos de mar en un arrecife también era una mala noticia en muchos lugares. Una docena de erizos de mar a lo largo de mil pies cuadrados (93 metros cuadrados) de arrecife está bien, dice Donovan, porque suelen comer más algas. Pero si hay muchos más —en algunos lugares puede haber hasta mil por cada 93 metros cuadrados— parece que eso está vinculado a una mayor pérdida de coral. «Después también empiezan a comerse el coral», añade, lo que elimina el esqueleto externo protector y se comen las algas que viven dentro de los corales. El nuevo estudio reveló que los arrecifes con muchos erizos también son mucho más vulnerables a las olas de calor.

Aunque no cabe duda de que el calentamiento global es una causa importante de la muerte de los corales debido al blanqueamiento y que debemos seguir esforzándonos para frenarlo, Donovan señala que el estudio sí sugiere que las medidas locales también pueden mitigar los daños.

«El crecimiento de algas excesivo puede ser una consecuencia de la contaminación por los sumideros o los tanques sépticos que se filtran en el suelo cerca del mar o la escorrentía de las tierras agrícolas o los campos de golf», explica. Es muy probable que reducir la contaminación en su origen ayude a hacer los arrecifes cercanos más resilientes.

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