Estación Delirio: la historia de las mujeres liberadas de una clínica psiquiátrica

Noviembre de 1984. Un grupo de 14 mujeres se encuentran en la estación de trenes de la ciudad alemana de Stuttgart a punto de tomar diversos trenes a sus respectivos hogares. Lejos de ser una estampa casual, se trata de un insólito acto de liberación. La liberación de las hasta hace unas horas pacientes de un prestigioso centro psiquiátrico es contada en la novela «Estación Delirio»

La escritora peruana Teresa Ruiz Rosas profundiza en la amistad, en las relaciones humanas y la psiquiatría recuperando la historia que le contó años atrás una amiga suya alemana que trabajaba en una clínica. Estación Delirio.

Anne Kahl, una alemana nacida en 1942 en la ciudad bávara de Berchtesgaden y secretaria de la clínica, es la encargada de embarcar a estas mujeres hacia sus hogares, donde continuarán con su tratamiento lejos de una alienante reclusión en las instalaciones del excéntrico y brillante doctor Curtius Tauler.

Si bien los nombres son todos ficticios y los expedientes médicos inventados, la trama central es real.

Así se lo contó la propia Anne Kahl a la escritora peruana Teresa Ruiz Rosas, quien años después decidió contar esta increíble historia en su novela «Estación Delirio», con la que ganó el Premio Nacional de Literatura de Perú 2020.

La escritora, nacida en Arequipa en 1956, reside desde hace más de dos décadas en la ciudad alemana de Colonia, aunque su intención es trasladarse en breve a Barcelona.

Estación Delirio
La arequipeña Silvia Olazábal, amiga de la protagonista, es el álter ego de la escritora.

Hija del poeta José Ruiz Rosas, la autora entrelaza en su premiada novela la salud mental con el feminismo, el arte y la literatura.

BBC Mundo habló con ella en el marco del Hay Festival Arequipa que se realiza entre el 3 y el 6 de noviembre en esa ciudad peruana.

«Estación Delirio» gira en torno a Anne Kahl, una mujer que trabajaba en una famosa clínica alemana, a principios de los años 80, y tuvo la tarea de liberar a 14 pacientes. ¿Cuánto hay de realidad en esta historia?

Hay mucho de realidad. La Anne Kahl de carne y hueso era una amiga mía, bastante mayor que yo, que conocí en los últimos años de colegio en Arequipa.

Al igual que en el libro, estaba allí porque su marido era cooperante. Nos hicimos amigas por el idioma. Yo hablaba alemán porque me había educado en un colegio peruano alemán.

Teníamos una gran amistad muy bonita.

En un momento dado, me escribió y me contó de este trabajo en la clínica psiquiátrica y después lo del alta de las pacientes.

Todo eso es cierto, lo que es inventado son las las historias de cada una de las 14 pacientes liberadas, porque no tuve acceso a las historias clínicas, ni ella me lo contó por una cuestión de secreto profesional.

Además, ella ya murió hace muchos años. Lo que yo hice fue refrescar la memoria para escribir sobre eso.

También es cierto que el psiquiatra les dio un sedante a las pacientes para que pudieran llegar hasta sus casas. Las había preparado para que después pudieran estar ya sin él.

El psiquiatra era un hombre que se podía haber retirado ocho años atrás, pero que siguió al frente de la clínica. En un momento dado, cuando quiso retirarse, no se le ocurrió una manera mejor que cerrar la clínica y enviarlas a sus casas.

Mientras escribía la novela, pude localizar al médico asistente principal. Ya era nonagenario, pero me recibió. Se alegró mucho de que escribiera sobre eso.

Él fue el que me dijo que fueron 14 las mujeres liberadas. Yo no sabía el número exacto.

El director de la clínica es un psiquiatra alemán famoso por su aplicación de electrodos en sus terapias…

Eso era lo más interesante.

De hecho, mi amiga me contó cómo estas pacientes sentían una adoración por este psiquiatra, cómo volvían y cómo querían esa terapia. Lo sentían como su redentor.

Por lo visto tiene un efecto, cuando está bien dosificada, muy positivo, que tendrá secuelas después, seguramente, pero les hacía bien.

Un par de años antes de publicar la novela, se la di a leer a una amiga mía que dirige una clínica psiquiátrica importante en Estados Unidos y ella me dijo también un par de cosas que luego modifiqué.

Me explicó que es una terapia que actualmente se utiliza también con mucha cautela, pero que los estados más severos de depresión solamente se curan con esta terapia, que no tienen otra forma.

Si de verdad quieren evitar que una persona acabe con su vida, se aplica esta terapia y en muchos casos funciona.

El problema, como en muchas cosas, es el abuso que se ha hecho y cómo se ha diagnosticado también a mucha gente que probablemente no la necesitaba y se le ha dado esa terapia de manera brutal. Hay ahí una historia de horror.

Estación Delirio

¿Qué es lo que más te sorprendió de tu investigación sobre psiquiatría para escribir este libro?

Aparte de lo que ya conté sobre la aplicación de electrodos, aprendí mucho de la historia de la psiquiatría en general, de las etapas espantosas en las que se hacía de otra forma antes de los años 50, 60.

Y luego también ver cuánto abuso hay de las pastillas, un tema muy delicado y muy controvertido.

Me he enterado de casos tristes de adicciones a este tipo de medicamentos, que no van al fondo del problema que ha llevado a la persona a este estado. No viene a resolver su propia angustia, es sólo un paliativo. Por supuesto que hay factores genéticos, pero eso es ya otro tema.

Pero en los casos en que no es la genética el factor determinante siempre hay o casi siempre hay detrás una vivencia o muchas vivencias traumatizantes y esas no las borras con una pastilla.

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