Don Rafael Briceño en las Vivencias de Milagros S. Castro

Desde niña he sido una fiel admiradora y seguidora de las producciones que se realizan en cine y televisión. Y con ese entusiasmo por conocer cómo se hacen y quiénes las hacen, crecí y estudié Comunicación Social en mi querida Universidad Central de Venezuela. Por ello, cuando conocí al inolvidable actor Don Rafael Briceño, me alegró aprender muchas cosas de esos medios audiovisuales en tan un solo un par de horas.

El primer actor Rafael Briceño.

Realmente fue una experiencia espectacular. Pero vale la pena comenzar esta historia unos meses antes.

De Caracas a Barquisimeto

En algunas de estas Vivencias he contado, con nostalgia, que después de recibir mi título de licenciada en Comunicación Social, con un profundo dolor, dejé Caracas, en mayo de 1986, para residenciarme en Barquisimeto. Una decisión que iba en contra de mi voluntad. Realmente, fue mi bella mamá Yolanda, quien pensó que tendría un mejor futuro en la capital musical de Venezuela.

Con el tiempo, me di cuenta que tenía toda la razón. Y aún estoy en esta tierra que me adoptó y que quiero inmensamente. Pero, a Caracas no la olvidó nunca, está en mi corazón y en los mejores recuerdos de mi niñez y de mi juventud.

Aclarado el punto, sigo con la historia.

Ya en Barquisimeto, como siempre lo señalo, comencé a trabajar en el diario El Informador. Mi escuela, un lugar especial que no olvidaré, porque allí aprendí a desenvolverme en el diarismo, a conocer a personas de diferentes culturas, profesiones, oficios, niveles sociales, comunidades, gremios, a través de entrevistas, reportajes e informaciones.

Sede del diario El Informador.

Por supuesto, también a colegas periodistas y reporteros gráficos que fueron, son y serán mis amigos. Unos ya no están, otros siguen aquí. Pero muchos son especiales, con los que he compartido una que otra pauta, experiencia, anécdota, tristeza o alegría.

Los de El Informador y los de El Impulso

En esa época, cuando yo comencé mi vida periodística en Barquisimeto, solo existían dos medios de comunicación impresos: El Informador y El Impulso. Y, generalmente, existía una competencia entre los dos. Creo que más que todo, eso era a nivel directivo, porque la mayoría de los periodistas y reporteros gráficos de los dos diarios éramos amigos. O por lo menos teníamos buenas relaciones.

Una de las primeras periodistas de El Impulso que conocí fue Ángela Ameruoso, quien en ese tiempo cubría la fuente Cultural. Y, eventualmente, los fines de semana, le tocaba cubrir la fuente del Aeropuerto Internacional “Jacinto Lara” de Barquisimeto.

Para los que no conozcan esa fuente, les explico. El caso es que ambos periódicos publicaban una columna informativa en la que se incluían entrevistas con las personalidades que viajaban. Algunas muy famosas e importantes, otras solo iban a esas instalaciones a llevar sus notas.

Y cuando conocí a Ángela, inmediatamente nos convertimos en amigas. Ella también egresó como periodista en la Universidad Central de Venezuela. Y al igual que a mí, le gustaba la cultura, el cine, algunas producciones televisivas y la lectura de divertidas historias.

Un aburrido domingo hasta que llegó Don Rafael Briceño

Un domingo cualquiera, creo que del mes de diciembre, pero con toda seguridad del año 1986, coincidí con Ángela en el terminal aéreo. Ella estaba con el reportero gráfico Ezequiel Brito y a mí me acompañaba mi amigo Igor Salazar. Esas instalaciones estaban vacías, todo era quietud y, lo peor, es que los vuelos procedentes de Maiquetía estaban demorados.

Pero de repente, los cuatro nos sorprendimos cuando llegó al aeropuerto el primer actor, uno de los mejores, nada más y nada menos que Don Rafael Briceño. Nos quedamos sin habla, porque nos sorprendió su presencia. No había ninguna información, días atrás, que indicara alguna presentación artística.

Lo seguimos con la mirada. Él llegó con un par de personas y se dirigió al mostrador de la línea aérea Avensa. Quería confirmar su boleto de regreso a Caracas.

Mientras lo hacía, los cuatro decidimos abordarlo cuando terminara. Yo dudé un poco y les comenté que una vez escuché decir que Rafael Briceño era un poco antipático. Ángela contestó: “Si es antipático, igual lo vamos a entrevistar. Yo lo admiro mucho. Hablemos con él sobre su éxito en el cine venezolano”.

Y así fue. Cuando se dirigía al restaurant, lo saludamos, nos identificamos y le pedimos entrevistarlo. Nos vio y contestó: «Como no sé cuánto tiempo se va a demorar el avión, podremos hablar durante toda mi espera”.

Su palabra se cumplió.

Con Don Rafael Briceño… Historias van, historias vienen

Tuvimos el privilegio de compartir dos horas de amena conversación con Rafael Briceño. Fue maravilloso escuchar sus historias con su tono pausado. Vimos su emoción al recordar las primeras películas en las cuales participó. Especialmente aquellas en las que compartió con el director Román Chalbaud.

Por ejemplo, la primera película de este conocido director y una de las más antiguas es Caín Adolescente, que se estrenó en 1959. Allí compartió honores con actores, que luego destacaron en televisión como: Virgilio Galindo, Enrique Alzugaray, Orangel Delfín y Berta Moncayo, entre otros.

Don Rafael comentó que la emoción era inmensa el día del estreno. No solo por presentarse como el primer film de Chalbaud, sino por ser una prueba de fuego para muchos de los actores del elenco. Se trataba de su debut en la pantalla gigante.

Sin embargo, recibieron excelente comentarios, lo que aumentó el entusiasmo del director para una segunda película, que se estrenó en 1963. Se trata de Cuentos para Mayores, con un reparto de primeras figuras como Marina Baura, Simón Díaz, Miguel Ángel Landa, Marta Olivo, Manuel Poblete, Arturo Calderón y Olga Henríquez, entre otros.

Rafael Briceño
Marina Baura y Rafael Briceño en una de las escenas de la película Cuentos para Mayores.

La trayectoria cinematográfica de Don Rafael Briceño

Recuerdo que con una amplia sonrisa, Rafael Briceño comentó que hacer cine le apasionaba. De hecho, en nuestro encuentro, que fue en el año 1986, ya había participado en numerosas películas. En nuestra conversación destacó que, hasta ese momento, había trabajado principalmente con dos directores. Son ellos: Román Chalbaud y Mauricio Walerstein.

Señaló que con el primero, actuó en las producciones: La quema de Judas (1974), Sagrado y Obsceno (1975), El Pez que Fuma (1977), Carmen, la que contaba 16 años (1978), El Rebaño de los Ángeles (1979), Cangrejo (1982), Cangrejo II (1984) y Ratón en Ferretería (1985).

Con el segundo, en los largometrajes: Cuando quiero llorar no lloro (1973), Crónica de un Subversivo Latinoamericano (1974) y La empresa perdona un momento de locura, de Mauricio Walerstein.

Además, aceptó la invitación de los directores Clemente de la Cerda en Los Criminales (1982) y Fina Torres en su film Oriana, la más reciente, tomando en cuenta el año de nuestro encuentro.  

Por supuesto, Ángela y yo disfrutamos cada cuento. Estábamos tan embelesadas con Rafael Briceño y sus historias, que no escribimos nada en nuestras respectivas libretas.

El anuncio del fin

Y es que cada película rodada tenía una anécdota.  Eso nos motivaba a prestar total atención durante esas dos horas, hasta que una voz en el aire anunciaba el aterrizaje del avión de Avensa procedente de Maiquetía. Precisamente en ese avión se iba Don Rafael a su hogar.

Por ello, llegó el momento de la despedida, con un sincero agradecimiento por haber compartido con nosotros. Antes de irse, le pedimos la tradicional foto del recuerdo. Y aquí la comparto.

Rafael Briceño
Ángela Ameruoso y Don Rafael Briceño y yo en la tradicional foto del recuerdo, después de dos horas de interesante tertulia.

Claro está, que desde año, 1986, en adelante, este actor continuó una exitosa carrera en el cine y la televisión. Y uno de sus más famosos roles fue interpretar a Juan Vicente Gómez.

Sin duda, este encuentro es inolvidable. Una estupenda Vivencia que me encanta compartir.

Hasta la próxima.

Saludos y bendiciones.

Milagros S. Castro

@milicas33

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