Conoce el origen de cada uno y las diferencias entre ellos
En qué se diferencia el QR del Código de Barras y cómo se hicieron omnipresentes en la era digital
En nuestra vida diaria, interactuamos constantemente con símbolos que almacenan información.
Dos de los más comunes son el código de barras tradicional y el más moderno código QR.
Código de Barras y Código QR: una evolución comercial
En nuestra vida diaria, interactuamos constantemente con símbolos que almacenan información. Dos de los más comunes son el código de barras tradicional y el más moderno código QR.
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Aunque ambos sirven para identificar y rastrear productos o datos, el código QR representa un salto evolutivo significativo, ofreciendo capacidades muy superiores a su predecesor lineal.
El viaje comienza con el código de barras
Su concepto surgió a mediados del siglo XX, pero no fue hasta principios de la década de 1970 que se estandarizó y comercializó masivamente, principalmente gracias al trabajo de George Laurer en IBM y la adopción del Código Universal de Producto (UPC) en supermercados.
La necesidad era clara: automatizar el proceso de pago en las cajas registradoras y mejorar la gestión de inventarios.
El código de barras lineal, con sus líneas paralelas de distinto grosor y espaciado, fue una solución ingeniosa para codificar principalmente números.
Su función era identificar un producto de forma única, permitiendo que un escáner leyera la información y la buscara en una base de datos.
La principal ventaja del código de barras en su momento fue la eficiencia y la reducción de errores humanos en la captura de datos básicos.
Revolucionó el comercio minorista y la logística
Sin embargo, su naturaleza unidimensional imponía limitaciones significativas. Solo podía almacenar una cantidad muy pequeña de información, generalmente entre 10 y 20 caracteres numéricos.
Además, requería ser escaneado en una dirección específica y era muy susceptible a daños; una pequeña rasgadura o mancha podía inutilizarlo por completo.
Estas limitaciones se hicieron evidentes en industrias que necesitaban manejar más información directamente en el código, como la manufactura automotriz. A principios de la década de 1990, Denso Wave, una subsidiaria de Toyota, enfrentaba el desafío de rastrear componentes de automóviles de manera más eficiente.
Los códigos de barras existentes no podían contener suficiente información sobre el tipo de pieza, lote, y otros detalles relevantes. Necesitaban una solución más robusta y con mayor capacidad.
Así nació el código QR (Quick Response – Respuesta Rápida) en 1994, desarrollado por un equipo liderado por Masahiro Hara.
La innovación fundamental del código QR fue su diseño bidimensional.
En lugar de usar solo líneas en una dirección, utiliza una matriz de cuadrados negros y blancos dispuestos en un patrón cuadrado.
Esta estructura bidimensional le permite almacenar información tanto horizontal como verticalmente.
Esta diferencia estructural es la base de todas sus ventajas. La primera y más notable innovación es la capacidad de almacenamiento de datos.
Mientras un código de barras apenas guarda unas decenas de caracteres numéricos, un código QR puede almacenar miles de caracteres alfanuméricos.
No solo números, sino también letras, caracteres especiales, e incluso datos binarios y Kanji.
Esto abre un abanico enorme de posibilidades: guardar direcciones web, información de contacto (vCards), credenciales de Wi-Fi, texto simple, enlaces a aplicaciones y mucho más.
Otra innovación crucial es la corrección de errores
Los códigos QR incorporan redundancia de datos mediante el algoritmo Reed-Solomon. Esto significa que, incluso si una parte del código está dañada, sucia u oscurecida (hasta un cierto porcentaje, típicamente entre 7% y 30% según el nivel de corrección elegido), el código aún puede ser leído correctamente por un escáner.
Esta robustez lo hace mucho más fiable en entornos industriales o en el uso diario donde puede sufrir desgaste.
Además, el diseño del código QR incluye patrones de detección de posición en tres de sus esquinas.
Estos cuadrados distintivos permiten que el escáner identifique rápidamente la orientación del código.
Gracias a esto, un código QR puede ser leído desde cualquier ángulo, a 360 grados, agilizando enormemente el proceso de escaneo en comparación con la lectura direccional de los códigos de barras.
Finalmente, los códigos QR son más eficientes en términos de espacio.
Pueden almacenar la misma cantidad de información que un código de barras en un área mucho más pequeña, o almacenar muchísima más información en un espacio similar.
En resumen, mientras que el código de barras fue una revolución para la identificación básica de productos y la automatización simple, el código QR representa la siguiente generación.
Sus innovaciones clave –la estructura bidimensional, la vasta capacidad de almacenamiento de diversos tipos de datos, la corrección de errores incorporada, la lectura omnidireccional y la eficiencia de espacio– lo hacen inmensamente más versátil y robusto.
Si bien el código de barras sigue siendo útil para tareas simples de inventario y etiquetado de bajo costo, el código QR ha demostrado ser la tecnología superior para conectar el mundo físico con el digital de manera rápida, fiable y rica en información.
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