El giro inesperado en la política exterior de la Casa Blanca
Las razones estratégicas de por qué Delcy y no María Corina Machado
El control del poder real en Caracas
Muchos venezolanos se preguntan hoy por qué Delcy y no María Corina Machado fue la opción que tomó el gobierno de Donald Trump para dirigir el país tras la salida de Nicolás Maduro.
Esta decisión sorprendió al mundo entero porque María Corina Machado representaba la esperanza de un cambio democrático total y contaba con un apoyo popular masivo.
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Sin embargo, la lógica de Washington en este inicio de 2026 parece alejarse de los ideales románticos para centrarse en una realidad mucho más cruda y pragmática que favorece la estabilidad inmediata sobre la justicia electoral.
La captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero cambió el tablero de juego de forma definitiva. En ese momento, las expectativas apuntaban a que María Corina Machado asumiría el mando de inmediato.
Ella ganó la legitimidad en las calles y obtuvo el reconocimiento internacional con el Premio Nobel de la Paz.
A pesar de esto, el equipo de seguridad nacional de Estados Unidos, liderado por figuras como Marco Rubio, puso sobre la mesa un análisis diferente.
Ellos concluyeron que la estructura del Estado venezolano no respondería a una figura opositora de la noche a la mañana.
La importancia de la estructura militar
El factor decisivo en esta ecuación fue el alto mando militar venezolano. Los generales y los cuerpos de seguridad mantuvieron su lealtad a la estructura chavista durante años.
Washington entendió que imponer a María Corina Machado podría provocar una rebelión armada interna. Delcy Rodríguez, por el contrario, ya conoce los mecanismos de control dentro de los cuarteles.
Ella tiene la capacidad de hablar el mismo lenguaje que los militares que aún sostienen las armas en el país.
Para el presidente Trump, evitar una guerra civil es una prioridad absoluta. Él no quiere enviar miles de soldados estadounidenses a una ocupación prolongada en territorio venezolano.
Al reconocer a Delcy Rodríguez como la figura de transición, Estados Unidos logra que el orden público se mantenga sin necesidad de una intervención extranjera masiva.
Es una jugada que prioriza la seguridad nacional de los estadounidenses por encima de cualquier otra consideración política o moral en la región.
El petróleo como moneda de cambio
No podemos ignorar el peso de la industria petrolera en este conflicto de intereses. Venezuela posee las mayores reservas de crudo del mundo y Estados Unidos necesita estabilidad en los precios globales.
Delcy Rodríguez demostró durante su tiempo como vicepresidenta que puede manejar las negociaciones con las grandes corporaciones energéticas.
Ella facilitó el camino para que empresas como Chevron operaran en el país incluso bajo un clima de sanciones extremas.
Los asesores económicos de la Casa Blanca ven en ella a una gestora que prefiere los negocios a la ideología. Esta visión encaja perfectamente con la mentalidad de Donald Trump.
Él busca resultados tangibles y rápidos. Si Delcy garantiza que los barriles de petróleo llegarán a las refinerías de Texas sin interrupciones, Washington está dispuesto a trabajar con ella.
María Corina Machado, con su plan de privatización total y revisión de contratos, representaba una incertidumbre que los mercados no querían asumir en este momento de crisis.
La percepción de Trump sobre el liderazgo: por qué Delcy y no María Corina Machado
Trump expresó de forma abierta sus dudas sobre la capacidad de mando de la líder opositora. En varias declaraciones, el mandatario estadounidense sugirió que Machado no posee el carácter necesario para controlar a las facciones más duras del chavismo que todavía quedan en el poder.
Él prefiere tratar con figuras que ya manejan las palancas del Estado. Esta visión reduce a María Corina a una figura moral y simbólica, pero le quita peso como jefa de gobierno en un entorno de máxima tensión.
La administración actual en Washington valora la fuerza por encima de la diplomacia tradicional. Ellos ven en Delcy Rodríguez a una mujer que sobrevivió a las purgas internas del chavismo y que mantuvo el control de la economía en los peores momentos.
Esa resiliencia política impresionó a los analistas de la CIA. Ellos creen que ella es la única persona capaz de desmantelar el sistema desde adentro sin que todo el edificio se derrumbe sobre los intereses estadounidenses en el Caribe.
El papel del Premio Nobel de la Paz para elegir a Delcy y no a María Corina Machado
Curiosamente, el galardón que recibió María Corina Machado pudo jugar en su contra ante los ojos de la nueva administración en Washington.
Donald Trump suele desconfiar de las instituciones globales y de los premios que otorga el establishment internacional. Para él, ese reconocimiento vincula a Machado con una forma de hacer política que él desprecia.
El presidente prefiere rodearse de personas que él considera pragmáticas y realistas, lejos de los discursos sobre derechos humanos que suelen acompañar a estos premios.
Este distanciamiento pudo empujar para que Trump se decidiera más por Delcy que por MCM, pues creó un vacío que Delcy Rodríguez supo aprovechar con astucia. Ella envió señales claras de que estaba dispuesta a colaborar con el nuevo gobierno de Estados Unidos antes de que Maduro cayera.
Esas comunicaciones secretas con Delcy Rodríguez establecieron un puente de confianza que MCM nunca pudo construir de la misma manera.
Mientras la oposición se enfocaba en la denuncia internacional, el entorno de Rodríguez se enfocaba en ofrecer soluciones logísticas para el día después de la captura del líder chavista.
Un futuro incierto para la oposición
La situación deja a María Corina Machado en una posición muy difícil. Ella sigue siendo la líder más querida por el pueblo venezolano, pero no tiene el apoyo de la potencia que ejecutó la operación militar.
Esta desconexión entre la voluntad popular y la estrategia geopolítica genera una gran frustración en las calles de ciudades como Caracas.
Los ciudadanos ven cómo las mismas caras del régimen anterior siguen en los puestos clave, aunque bajo una nueva supervisión desde el norte.
Washington intenta calmar los ánimos prometiendo una reunión entre Trump y Machado en los próximos días. Sin embargo, el mensaje ya es claro. La transición no será una ruptura total con el pasado, sino una transformación controlada.
El objetivo es sanear las instituciones poco a poco para evitar un colapso migratorio que afecte las fronteras de Estados Unidos. Delcy Rodríguez aceptó este papel de guardiana temporal a cambio de ciertas garantías para ella y su círculo más cercano.
La influencia de los aliados regionales
Países como Brasil y Colombia también jugaron un rol en esta decisión. Sus gobiernos temían que un gobierno de María Corina Machado provocara una huida masiva de seguidores del chavismo hacia sus fronteras.
Ellos presionaron para que la transición fuera lo más suave posible. Delcy Rodríguez representa ese puente que los vecinos de Venezuela consideran menos traumático para la estabilidad del continente.
Estados Unidos escuchó estas preocupaciones y decidió actuar en consecuencia para mantener la armonía regional.
El pragmatismo venció a la esperanza. Esta es la lección que deja la elección de Delcy Rodríguez por encima de María Corina Machado.
La política internacional rara vez se guía por lo que es justo, sino por lo que es conveniente para los actores más poderosos.
Venezuela entra ahora en una etapa extraña donde el chavismo sin Maduro intenta convivir con las exigencias de un gobierno republicano en Estados Unidos que solo busca orden y petróleo.
El impacto en la vida cotidiana
Para el ciudadano común en Chacao o en cualquier rincón del país, este pacto genera dudas sobre el fin real de la crisis.
Si las instituciones siguen bajo el mando de quienes las manejaron antes, muchos temen que la corrupción y los abusos no desaparezcan del todo.
La apuesta de Estados Unidos es que la supervisión directa y la apertura económica fuercen un cambio de comportamiento en figuras como Delcy Rodríguez.
El tiempo dirá si esta apuesta por el realismo político rinde los frutos esperados o si solo prolonga la agonía institucional del país.
La historia de Venezuela acaba de escribir un capítulo oscuro para quienes creían en una transición rápida hacia la libertad plena.
El tablero se mueve bajo reglas que se dictan en Washington y en las oficinas de las grandes petroleras.
María Corina Machado tendrá que decidir ahora si acepta este papel secundario o si mantiene su lucha desde la resistencia, incluso frente a quienes ayer eran sus aliados naturales en el exterior.
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