«Más allá de los debates necesarios sobre el desarrollo de largo plazo y la solución estructural de los problemas del país, los datos y las dinámicas inmediatas permiten una lectura claramente positiva en el corto plazo», aseguró el presidente de Datanálisis, Luis Vicente León en su cuenta en X.
El economista hizo un balance de lo que viene para Venezuela en la era post maduro y con Estados Unidos como principal referencia de acuerdos económicos con la presidencia encargada.
Por ello, León considera que «in país que viene de una contracción tan profunda tiene, por definición, una capacidad de rebote elevada. Venezuela llega a esta fase luego de una crisis excepcional, en la que se destruyó cerca del setenta y cinco por ciento del producto interno bruto, se atravesaron episodios severos de inflación y devaluación, se amplió de forma persistente la brecha cambiaria, se produjo una pérdida muy significativa del poder adquisitivo y se registró una caída sustancial de la producción petrolera, acompañada por el colapso del almacenamiento y un deterioro extremo de las finanzas públicas».
«En términos económicos, el país estuvo a final del año pasado en una situación comparable a la de un paciente en terapia intensiva», sostuvo.
Una mejora rápida
Desde esa base, León cree que «el proceso de apertura que se está produciendo permite anticipar una mejora rápida de la actividad económica».
Dice que, «Incluso sin considerar nuevas inversiones petroleras relevantes ni captaciones extraordinarias de recursos, la sola liberación de mercados, la posibilidad de colocar el petróleo actual en destinos que pagan precios internacionales, la eliminación de restricciones operativas y una producción mucho más fluida permiten proyectar aumento de ingresos de millardos de dólares este año y tasas de crecimiento elevadas, con estimaciones que apuntan a expansiones del producto interno bruto superiores al 10% este mismo año».
Sostiene que «ese impulso tiene efectos claros sobre la economía interna. El consumo agregado podría crecer por encima del PIB, acompañado por una progresiva solución del ahogo financiero que ha limitado la actividad en los últimos años».
Agrega que «en ese contexto, la moneda, lejos de enfrentar una nueva fase de depreciación desordenada, podría iniciar un proceso de revaluación relativa, con un cierre gradual de la brecha cambiaria y una desaceleración de la inflación que se desbordó en los meses recientes. Todo ello debería traducirse en un incremento del ingreso laboral promedio medido en moneda extranjera y en una mejora tangible de la capacidad de compra de los hogares».
Respuesta rápida
El economista piensa que «este conjunto de factores hace razonable pensar que la economía puede responder con rapidez y firmeza en positivo, abriendo oportunidades y mejorando la calidad de vida de la población en el corto plazo».
También dice que «la metáfora médica sigue siendo útil. Cuando un paciente estuvo al borde de la muerte y sus signos vitales mejoran lo suficiente como para salir de terapia intensiva y pasar a una habitación y muy probablemente a casa, lo relevante es acompañar esa recuperación inicial, estabilizarla y consolidarla».
Leon aclara que «nada de esto implica que los problemas estructurales hayan desaparecido ni que el camino hacia el desarrollo esté despejado. Persistirán retos importantes para la población y para sectores específicos, como el manufacturero, que deberá adaptarse a mayores niveles de competencia externa en un entorno más abierto y retador. Habrá que discutir productividad, políticas públicas y sostenibilidad de largo plazo».
«Frente a un país que estuvo tan cerca del colapso, la noticia relevante es que los signos son positivos, alentadores y abren una posibilidad real de mejora, que conviene entender, acompañar y consolidar», concluyó.