La llamada “medicina patentada” fue la antecesora de los fármacos de venta libre y aseguraba ser capaz de curar cualquier cosa. No obstante, no existía ninguna garantía sobre los ingredientes que contenían, e incluso llegaron a crear un jarabe. El primer calmante para niños.
El primer calmante para niños
¿Quién no adora el sonido de un bebé gorjeando o riéndose cuando le hacemos cosquillas? Bueno, en el siglo XIX, cuando esos sonidos tan bonitos se convertían en llantos, ¿a qué recurrían los padres agotados para calmar a sus hijos descontentos?
En el siglo XIX, la medicina tradicional, tal y como la conocemos, no existía. No había enormes farmacéuticas como ahora, pero había algo llamado medicina de patente. La medicina de patente es la precursora de los medicamentos de venta libre y prometen curarlo todo, y me refiero a todo. Resfriados, dolores de cabeza, acidez estomacal, verrugas, calvicie, incluso tuberculosis y cáncer.

Si en la etiqueta se lee medicina de patente, la gente siente cierta seguridad sobre lo que compra. El problema es que no hay garantía alguna de que el fabricante tenga la menor idea de qué ingredientes está utilizando. Es el viejo este de los productos farmacéuticos. Cualquiera inventa lo que sea y afirma que es medicinal.
Entran a escena Charlotte Winslows y su yerno Jeremia Cortis. En 1845 patentan una cura milagrosa diseñada en específico para la dentición infantil. Lo bautizan el jarabe calmante de la señora Winslows. Jeremaya Cortis regenta una farmacia. Él toma el jarabe calmante de la señora Winslows y comienza a venderlo. Parte de lo que hace que la medicina de patente funcione son los testimonios, tanto el de boca a boca como el de publicidad.
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