Este caso es el estudio perfecto sobre el complejo de mesías, la delgada línea entre la genialidad y la psicosis, y cómo la alienación de la realidad puede llevar a un profesional de la salud mental a convertirse en aquello que jura combatir
El caso de Mario Poggi es uno de los episodios más bizarros y debatidos de la historia criminal y mediática del Perú. Aquí la etiqueta de «Descuartizador de Lima» tiene una vuelta de tuerca: Poggi no fue el descuartizador original, sino el psicólogo encargado de perfilarlo, quien terminó asesinando al sospechoso en un acto de justicia por mano propia.
Mario Poggi
El Contexto: El terror en Lima (1986)
A mediados de los 80, Lima vivía aterrorizada por un asesino que arrojaba restos humanos en bolsas por toda la ciudad. Así, la policía detuvo a un sospechoso: Ángel Díaz Balbín.
- El Sospechoso: Díaz Balbín era un hombre frío, silencioso y con antecedentes de haber asesinado a su propia madre y hermanos años atrás.
- El Problema: La policía no tenía pruebas físicas contundentes. Si no confesaba en 48 horas, quedaría libre.

El Personaje: Mario Poggi Estremadoyro
Poggi era un psicólogo excéntrico, formado en Europa, artista y con un estilo histriónico (años después se teñiría el pelo de verde). La policía lo contrató como perito para que lograra que Díaz Balbín confesara.
El Acto: «Para salvar a la humanidad»
El 9 de febrero de 1986, tras días de frustración frente al silencio del sospechoso, Poggi perdió el control (o decidió ejecutar un plan):
1-Llevó a Díaz Balbín a una habitación aparte.
2-Le colocó una bufanda (o correa, según versiones) en el cuello.
3-Lo estranguló por la espalda hasta matarlo.
Al salir, Poggi gritó a los periodistas: «¡Lo maté, lo maté! ¡Salvé a la sociedad! ¡Va a haber un monstruo menos!».
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