Representa la alienación de la empatía en su estado más puro: cuando la tortura y el asesinato se convierten en un acto de poder absoluto y casi lúdico sobre el otro
El caso de Rocío Martínez, apodada «La Golosina», es uno de los expedientes más brutales de la historia reciente del Gran Buenos Aires (Merlo, 2011).
El caso de Rocío Martínez
El Crimen de Merlo: Sergio Cantero
En octubre de 2011, el cuerpo de Sergio Cantero, un hombre de 34 años, lo hallaron en un descampado de Merlo. Así, lo que inicialmente parecía un ajuste de cuentas común reveló, tras la autopsia, un calvario de horas:
- La Tortura: Cantero no fue simplemente asesinado. Lo sometieron a vejaciones sistemáticas. Los informes forenses detallaron golpes, quemaduras y el uso de un taladro sobre su cuerpo mientras aún estaba vivo.
- El Móvil: Se cree que fue una mezcla de deudas de dinero y un conflicto pasional/territorial, pero la desproporción entre el motivo y el nivel de violencia sugiere una patología mucho más profunda en los agresores.

¿Por qué «La Golosina»?
El apodo de Rocío Martínez no tenía nada de dulce. Era su nombre en el mundo delictivo local. Junto a su pareja, Leonardo «El Gordo» Quinteros, formaban una dupla que ejercía el control mediante el terror.
- La Captura: La policía llegó a ellos gracias a testimonios de vecinos que vivían bajo una alienación por miedo, pero que finalmente hablaron al conocerse la crueldad del asesinato.
- La Psicología del Dúo: Al igual que el caso de Pándy y su hija, aquí hubo una retroalimentación de violencia. Así, Martínez no fue una observadora pasiva; fue instigadora y participante activa en el tormento de Cantero.
El Juicio y la Perpetua (2014)
El juicio en Morón fue particularmente gráfico. Las pruebas de ADN y los rastros encontrados en la casa donde se cometió el crimen (que intentaron limpiar con la misma meticulosidad que José Bretón) fueron determinantes.
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