Desde que Nicolás Maduro asumió la presidencia de Venezuela en 2013, las reservas de oro del Banco Central venezolano se han desplomado ―de 366 toneladas a unas 53, según los registros del propio organismo―, a pesar de que los analistas calculan que las explotaciones del Arco Minero del Orinoco han producido entre 35 y 80 toneladas anuales.
Parte de ese metal ha sido exportado de forma irregular a Turquía —a través de una compleja trama a cambio de la cual Venezuela recibía alimentos— y a otros países como Irán, Rusia y Emiratos Árabes Unidos, como confirman a EL PAÍS diversas fuentes relacionadas con este comercio y acreditan documentos oficiales.
“¿Cuánto oro y dólares de [Nicolás] Maduro y de Venezuela hay en Turquía? ¿A nombre de quién están? ¿Qué ocurrirá con ellos?”, se preguntaba el exdiputado turco Emin Sirin tras el secuestro del presidente venezolano por parte de Estados Unidos el pasado 3 de enero. En los últimos meses, los implicados en este opaco comercio, entre ellos el exministro de Venezuela Alex Saab y varios empresarios turcos, han ido cayendo —detenidos o investigados— uno tras otro.
“Lo mismito que nos hicieron a nosotros”. Con sus casi dos metros de altura, el presidente Nicolás Maduro y sus comentarios sobresalían de entre la delegación venezolana que recorría, en octubre de 2016, los pasillos del Centro de Convenciones Lütfi Kirdar de Estambul. Un funcionario turco le estaba mostrando una exposición fotográfica sobre cómo había sido derrotado el intento de golpe de Estado contra el Ejecutivo de Recep Tayyip Erdogan solo unos meses antes (un golpe que parte del entorno de Erdogan atribuye a Washington), y Maduro hizo el paralelismo con el golpe también fallido que sufrió el chavismo en Venezuela en 2002.
Maduro aprovechaba por entonces su asistencia al Congreso Mundial de la Energía para estrechar lazos con el Gobierno turco: pese a no tener apenas vínculos históricos y a estar separados por más de 10.000 kilómetros, Turquía iba a convertirse en la siguiente década en uno de los principales socios comerciales de Venezuela. Fue una relación surgida de la necesidad y de la sintonía personal entre dos mandatarios —Maduro y Erdogan— que, pese a sus amplias diferencias ideológicas, se sentían perseguidos por el imperialismo estadounidense.
Los inicios
En diciembre de aquel año, la compañía Turkish Airlines estableció la primera ruta directa entre Estambul y Caracas, que llegaría a tener una frecuencia de hasta cinco vuelos semanales. Varios pasajeros consultados por EL PAÍS confirman que los aviones rara vez viajaban llenos, excepto cuando hacían escala en Cuba y había turistas turcos de visita a la isla caribeña. Pese a ello, la ruta se ha mantenido hasta que, en los últimos meses de 2025, las amenazas de ataque de Washington a Venezuela obligaron a cancelarlos. Y es que en esos aviones no sólo viajaban pasajeros. En sus bodegas se transportaba oro.
“El oro viajaba en vuelos de la Turkish Airlines y también en aviones privados”, asegura a EL PAÍS una fuente con conocimiento cercano de este comercio. Parte del oro procedía del Banco Central de Venezuela (BCV) y otra parte era extraída del Arco Minero del Orinoco, señalan las mismas fuentes.
Las reservas de oro de Venezuela se han desplomado pese a la producción local en el Arco Minero del Orinoco
A principios de ese 2016, ante el derrumbe del bolívar, los bajos precios del crudo y la crisis económica, el Gobierno de Maduro decidió abrir la zona del Orinoco a la explotación del oro, que habría de convertirse en su nuevo petróleo. Decenas de miles de venezolanos se lanzaron a extraer el preciado metal, en condiciones deplorables.
Según se estableció por decreto, ese oro debía ser procesado por la empresa mixta Minería Binacional Turquía-Venezuela (Mibiturven) y trasladado al BCV. Sin embargo, según estimaciones de Transparencia Internacional, solo el 30% terminó en la institución financiera: el resto salió del país de contrabando. “Hay [empresarios] chinos, turcos o brasileños, entre otros. Muchos extranjeros que hablan poco español, pero suficiente para entenderse. Hacen las pruebas al oro, luego lo pesan y se hace la venta”, cuenta a EL PAÍS una antigua trabajadora de estas explotaciones mineras.
Las sanciones y la crisis del 2019
En 2018 y 2019, a medida que se sucedían las crisis entre la Asamblea Nacional de Venezuela, de mayoría opositora, y el Ejecutivo de Maduro —crisis que culminaron en el reconocimiento por parte de muchos países de Juan Guaidó como presidente interino venezolano—, comenzaron a llover las sanciones sobre el Gobierno chavista. Y este vio cómo se le cerraba el acceso a los sistemas financieros internacionales.
El Banco de Inglaterra, por ejemplo, bloqueó 31 toneladas de oro venezolano guardado bajo sus bóvedas. Suiza, el país que hasta entonces refinaba su oro, también impuso sanciones y congeló cuentas. En Turquía, Maduro no solo encontró un Gobierno amigo, sino también sediento de oro (en la última década ha importado una media de 300 toneladas de oro al año, de acuerdo con los datos del Instituto de Estadística de Turquía).
“Durante la primera administración de Donald Trump [2017-2021] y luego con Joe Biden [2021-2025] no hubo buenas relaciones entre Turquía y Estados Unidos. Y, en medio de la crisis económica en Turquía, se vio a Venezuela como una oportunidad: un país que tiene recursos petrolíferos y minerales y en el que nadie invierte. Aunque luego los empresarios turcos entenderían que las cosas son más complicadas”, apunta Ertan Erol, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Estambul. Además de la creación de Mibiturven, se firmarían otros acuerdos para la explotación conjunta del oro venezolano; el último, en 2024.
Y el oro empezó a fluir. La base de datos de comercio internacional de la ONU muestra que en 2018 fueron exportadas 23,6 toneladas de oro venezolano a Turquía, en una treintena de vuelos de Turkish Airlines, y 45 toneladas a Emiratos Árabes Unidos, un centro de distribución mundial del oro. En 2019, otras 7,3 toneladas fueron a Uganda, pero cruzando datos de exportación de ambos países es posible comprobar que parte de ese oro fue transportado luego a Turquía.
A partir de 2020, en cambio, la base de datos de la ONU registra un desplome de las exportaciones de oro venezolano. Y, sin embargo, las reservas de oro del Banco Central de Venezuela no dejan de caer: si al término de 2019 había 105 toneladas de oro en las reservas del BCV, según sus datos oficiales, estas habían caído a 79 cuando cerró 2021 y a 53 el pasado año, todo ello a pesar de que en el arco minero se sigue extrayendo un oro que, al menos en parte, va a parar al BCV.
La explicación, como ha podido reconstruir EL PAÍS a través de documentos comerciales, informes y diversas fuentes consultadas, es que esas exportaciones de oro no se detuvieron: simplemente dejaron de ser registradas oficialmente. “El comercio [con Turquía] continuó, aunque de forma irregular”, sostiene una fuente venezolana.
En 2019, el Tesoro estadounidense había amenazado a Ankara con sanciones y el banco público turco Ziraat cerró las cuentas del BCV en su entidad. “Mi impresión es que Turquía continuó importando oro de Venezuela por canales no oficiales”, afirma el exdiplomático turco Imdat Öner, y pone como ejemplo que, durante la pandemia del covid-19, se registraron numerosos vuelos de aviones privados entre Venezuela y Turquía.
Igualmente hubo una ruta hacia Irán. Según la agencia Bloomberg, sólo en abril de 2020 salieron nueve toneladas de oro de Venezuela hacia Irán en varios vuelos. Meses más tarde, el asesor militar del líder supremo iraní, Yahya Safavi, confirmó que su país había recibido oro a cambio de combustible para paliar la escasez que ese año sufría Venezuela. La oposición venezolana también ha denunciado envíos a Rusia y Emiratos Árabes Unidos, y hay sospechas sobre China, cuyo Banco Central ha hecho compras secretas de oro en los últimos años, concuerdan varios analistas.
Un informe de la OCDE de 2021 apunta también a Colombia, República Dominicana, Brasil y las Antillas holandesas como “centros de tránsito para los flujos ilícitos de oro venezolano” antes de ser enviado a terceros países, o incluso a Surinam, donde, afirma, se puede pagar en oro en casinos vinculados a intereses chinos y turcos.
“Lo más revelador es la disminución de las reservas [de oro] de Venezuela que comienza en el último trimestre de 2014 y el fuerte aumento de las reservas de Turquía que comienza a mediados de 2017 y se acelera a partir de entonces. Las dos tendencias están vinculadas”, apunta el informe. Una situación paradójica porque, en teoría, el oro venezolano que llegaba a Turquía debía volver, una vez refinado.
Las empresas turcas de Alex Saab
Ante las denuncias de la oposición venezolana de que la venta de oro a Turquía sin permiso de la Asamblea Nacional era ilegal, el entonces ministro de Minería, Víctor Cano, aseguró en 2018 que no había “ningún contrabando” sino “convenios firmados entre el BCV y Turquía”. “Es el oro que el Banco Central de Venezuela está recuperando con el arrime de oro, con el fin de que pueda ser refinado. Antes, [esa refinación] la hacíamos en Suiza y ya no se hace en Suiza. Se hace en países aliados porque imaginen que se envía el oro a Suiza y por sanciones nos dicen que allí se queda”, argumentó Cano. Pese a esa afirmación, el oro enviado al exterior nunca regresó a Venezuela, según revelan las cifras de comercio internacional.
En Turquía se designaron al menos dos grandes refinerías. Una, la Refinería de Oro de Estambul (IAR, por su nombre en turco). La otra, radicada en la provincia de Çorum, pertenece al holding de Ahmet Ahlatçi, un empresario que, en diciembre de 2018, había acompañado a Erdogan en su visita oficial a Venezuela. En la conversación que mantuvieron ambos con Maduro, el presidente venezolano les propuso enviar el
oro venezolano a su refinería a cambio de la compra de alimentos y materiales de construcción.
“Envía el oro, lo refinamos en la planta de Don Ahmet [Ahlatçi] en Çorum, luego lo depositamos en nuestro Banco Central como pago anticipado de las exportaciones y, cuando te enviemos legumbres y materiales, lo descontamos de ahí”, asegura Ahlatçi que respondió Erdogan.
Estas declaraciones de Ahlatçi proceden de una inusual entrevista que concedió al periódico opositor turco Sözcü el pasado enero, apenas unos días después del secuestro de Maduro. Su principal interés en esa entrevista era subrayar que a su refinería de Çorum “no llegó ni un gramo de oro de Venezuela”, pese a que el entonces ministro de Industria venezolano, Tareck El Aisssami (detenido en 2024), visitó la planta en enero de 2019.
“No hago ningún negocio que Estados Unidos prohíba, porque entraría en la lista de sanciones”, justifica Ahlatçi, y asegura que, según lo que oyó entonces, “Maduro llegó a un acuerdo con [Donald] Trump y [Vladímir] Putin” y ese oro que tenía que haber llegado a la planta turca se exportó a Rusia.
Ahlatçi también afirma en la entrevista que, según le comentó El Aissami, la refinería IAR sí que trató 35 toneladas de oro venezolano, pese a que IAR lo desmintió en 2019. Una hipótesis, según apunta una fuente financiera en Turquía, es que ese oro que entraba en las refinerías turcas no fuese ya oro venezolano sino que apareciese sobre el papel como oro turco.
“Seguro que IAR refinó oro venezolano. Ahlatci no estoy tan seguro”, dice una fuente venezolana, que añade: “Lo que sí sé es que empleadas de Saab se reunieron con Ahlatci tanto en Caracas como en Çorum, y fue a ellas a las que autorizaron a mantener contacto con Ahlatci”.
La fuente se refiere al empresario Alex Nain Saab Morán, nacido en Barranquilla (Colombia) pero que ascendió en el entorno del chavismo hasta convertirse en una figura clave como conseguidor —y presunto testaferro— del Gobierno de Maduro, especialmente en sus negocios y tejemanejes en el exterior. Fue detenido en Cabo Verde en 2020, donde había parado a repostar su avión tras un vuelo a Teherán relacionado con ese intercambio de oro por combustible.
Extraditado a EE UU, país que, como otros, lo buscaba por lavado de dinero, Saab fue devuelto en 2023 a Venezuela en un canje de prisioneros. Y Maduro lo nombró ministro de Industria.
Alex Saab es clave en la ruta turca del oro porque, como habían acordado Maduro y Erdogan, el metal iba a servir para pagar alimentos.
A principios de diciembre de 2018 atracó en el puerto venezolano de La Guaira un buque procedente de Turquía con 1.145 toneladas de leche en polvo. Y desde entonces no dejarían de llegar, según documentos de exportación consultados por EL PAÍS: espaguetis, macarrones, harinas, frijoles y lentejas, arroz, aceite, carne o atún enlatado… para llenar los paquetes de alimentos repartidos por los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP). De un volumen de exportaciones de Turquía a Venezuela inferior a 50 millones de dólares, se pasaría a los más de 300 millones registrados en los últimos años, de los que dos tercios corresponden a productos alimenticios.
Esa leche en polvo la envió MULBERRY PROJE YATIRIM (Mulberry Proyectos e Inversiones), de acuerdo con los citados documentos, que también muestran a esta empresa como responsable de envíos de alimentos a Venezuela desde México. Mulberry fue fundada en 2015 en un anodino edificio de oficinas del barrio estambulí de Besiktas y como principal accionista aparece un fondo del mismo nombre con sede en Londres.
Tras varios años gestionada por abogados y testaferros turcos, en 2018 se hizo cargo de ella Betsy Desiree Mata Pereda, una socia de varios entramados y empresas manejados por Alex Saab, como Salva Foods, igualmente involucrada en la importación de pasta de origen turco.
Con información de El País