El fraude menos esperado

En el siglo XIX, ante los inconvenientes relacionados con la disfunción eréctil, un médico ideó una solución bastante inesperada

Ser un estadounidense de sangre roja siempre ha sido sinónimo de mostrar confianza, vigor y cierta capacidad de desempeño. Pero si tienes problemas en ese ámbito, en 1918 lo único que se interponía entre ese problema y el nuevo tú era una nueva cirugía muy prometedora. El fraude menos esperado.

Créditos al canal History Latinoamérica en YouTube

El fraude menos esperado

En el siglo XIX, cuando se pensaba en disfunción eréctil, se hablaba de agotamiento del esperma. Por lo tanto, los médicos recetaban no masturbarse porque era un desperdicio de esperma y podías provocar más impotencia. Además, los doctores recetaban supuestas curas como el opio, sangrías o quinina.

Un médico llamado John Brinkley ideó una solución más permanente. Imagina que tienes un problema. Vas al médico y este te dice, «Yo puedo ayudarte.» Y la manera en que lo haré es abriéndote el escroto e introduciendo lo que serían unos pequeños, ¿sabes? Testículos de cabra.

El fraude menos esperado

John Brinkley, que se supone es un doctor sofisticado, con un título que es más que maravilloso, realiza una intervención en la que crece un testículo de cabra en el escroto de un hombre.

Brinkley asegura a sus desesperados pacientes que la glándula sexual de la cabra se unirá de forma natural a sus órganos y vasos sanguíneos y se convertirá en parte funcional de su cuerpo. Consigue un gran número de adeptos. Los hombres van en manada a su consultorio para el procedimiento. Hay tal demanda por los servicios del Dr. Brinkley que este decide expandirse.

Él piensa, «Lo que es bueno para el toro debe ser bueno para la vaca y tiene la brillante idea de trasplantar ovarios de cabra a pacientes femeninas y así ayudarles a solucionar sus problemas de fertilidad.»

¿Te gustó el artículo? Como sabes, tenemos mucho más para ti. Únete a Curadas haciendo clic en este enlace

¿Qué opinas?