Raul Penso: parapente, Copa del Mundo y el Pico Bolívar + Video

Del pueblo de La Azulita a las cimas del mundo: cómo un niño de montaña se convirtió en el único venezolano en sobrevolar el Pico Bolívar

Hay algo en la forma en que Raul Penso describe el aire que delata su relación con él: no como adversario ni como espectáculo, sino como idioma. Campeón nacional de parapente, ganador de una manga de la Copa del Mundo y —desde 2018— el único venezolano en sobrevolar el Pico Bolívar a 5.170 metros de altura, Raúl habla con la calma calculada de quien ha pasado décadas diseccionando el viento en lugar de temerle. No hay arrogancia en su relato. Hay precisión, y detrás de ella, una filosofía de vida que se fraguó mucho antes de que sus pies abandonaran el suelo por primera vez.

Disfruta de la entrevista completa aquí:

Los primeros pasos: La Azulita y la montaña como escuela

Raul creció en La Azulita, un pueblo al oeste del estado Mérida. Su familia se mudó allí cuando era bebé. Su padre, ingeniero electricista y profesor universitario con formación en la Universidad de Berkeley, decidió construir una casa en el monte. Literalmente en el monte. El en proceso, los cuatro Penso vivían en una carpa Coleman gigante. No había luz. No había agua. Había monos, había naturaleza, y había una escuela que quedaba a más de una hora de caminata.

«Yo siempre digo que nací en La Azulita porque no tengo recuerdo de otra cosa. Lo que diga la partida de nacimiento no me importa. Mi corazón está allí.»

Esa infancia de caminatas largas construyó sin quererlo una base aeróbica que luego el deporte sabría aprovechar. Pero antes, hubo una decepción necesaria. Los deportes colectivos —básquet, fútbol— le revelaron una verdad que no supo ignorar: el esfuerzo individual se disuelve cuando los compañeros no lo comparten. En los torneos importantes, llegaban refuerzos de otras zonas, más altos, más fuertes, y él se quedaba en la banca.

«Me preguntaba ese porqué: si yo le pongo esfuerzo y le pongo la vida a esto, ¿por qué tengo que cargar con una derrota? No me gustaba.»

La respuesta no fue la resignación sino la búsqueda de un terreno donde la derrota y la victoria fueran exclusivamente suyas. Por eso Raul buscó deportes individuales. Así llegó al montañismo, de la mano de su mentor kike Arnal, escalador y montañista pionero de Venezuela.

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De la escalada al parapente: cómo nació un piloto

Ya en la universidad —estudiando Física en la Universidad de Los Andes, ubicada en el estado Mérida, entrenaba escalada en el muro artificial de la Facultad de Ciencias Forestales. También viajaba a La Guairita en Caracas. Su dedicación lo llevó a la selección estadal y al subcampeonato nacional. La lección fue clara: en los deportes individuales, los resultados son completamente tuyos.

El parapente apareció un día de escalada. Un instructor llamado Leopoldo Turco, campeón nacional y subcampeón de Copa del Mundo, tenía un cupo libre para volar esa tarde en Las González. Raul levantó la mano.

«Desde ese día no paré. Fue como mi home. This is it. Es por aquí.»

Al principio no tenía dinero para el curso. Entonces conducía el carro de otros alumnos para acercarse al despegue, ayudaba a abrir alas y aprendía de memoria cada instrucción. Cuando reunió los fondos, compró un parapente usado, muy usado. Su graduación fue un vuelo en solitario desde Tierra Negra: 960 metros de desnivel, entre 10 y 15 minutos, él en solitario sobre El Valle.

Desde ese vuelo, convirtió el parapente en su modo de vida. Trabajó como instructor, como piloto tándem, y años después se certificó como coach internacional del sistema Follow Me. Hoy guía pilotos en vuelos cross country en Colombia cada enero y febrero.

El miedo como herramienta: la filosofía de Raul Penso en el parapente

Antes de hablar de victorias, Raul habla del miedo. Lo aprendió de su mentor Michael Von Wachter, Micky, como le llaman y al andar por los aires lo sostiene como convicción propia.

«El miedo es tu compañero íntimo, es tu mejor amigo, el que te dice ‘hasta aquí’. En este tipo de deportes, es tu ángel guardián.»

Su lógica es directa: nadie nació para volar en 24 metros cuadrados de tela a 3.500 metros de altura. Por eso el miedo cumple una función biológica. Lo peligroso no es sentirlo, sino perderlo.

«Cuando no sientes el miedo es cuando más alerta debes estar. Retrocede, recapacita. Ahí es cuando vienen los problemas.»

Esta filosofía también guía su trabajo como coach. Además, la aplica con sus hijos cuando practican deportes de aventura. Confiar en el proceso, respetar las señales del cuerpo y no ignorar la incomodidad son parte de su método.

Copa del Mundo 2009: la victoria que llegó al soltar

El camino hacia Brasil empezó en 1995. Ese año, Leopoldo Turco lo llevó a su primera Copa del Mundo en España. Ver en persona a los pilotos que solo conocía por revistas francesas fue definitivo. Raul los memorizaba como barajitas de fútbol.

Después vinieron años de campeonatos nacionales, podios, y en 2007 su primera participación en el Red Bull X-Alps: cruzar los Alpes desde Salzburgo hasta Mónaco —780 kilómetros— volando y caminando, sin vehículos. Tras 14 días de marcha casi continua, las ampollas lo obligaron a retirarse cerca del paso de Furka.

Para la Copa del Mundo de Brasil en 2009, el piloto merideño entrenaba pensando en los X-Alps. Subía trotando al despegue cada mañana con mucho peso. Llegaba agotado físicamente, pero con la mente en un estado de calma inusual.

«Esa mente relajada me hacía ver las cosas con más detenimiento. Superabiertos mis sentidos”.

El último día de competencia, cometió un error y quedó muy bajo. El grupo se alejó. Sin embargo, el clima se ralentizó y las condiciones se igualaron. Solo quedaba una decisión: esperar más altura para cruzar la montaña que separaba la posición de la meta.

Los dos pilotos que iban adelante se fueron demasiado pronto.

«El que iba de primero se fue y yo todavía no tenía la altura. El segundo tampoco esperó. Yo dije: voy a tener paciencia. Me fui lo más aerodinámico posible. Vi que ninguno cruzó la montaña. Y dije: si yo paso, gano esta competencia.»

Pasó la montaña. Nadie llegó al gol ese día, pero él llegó más lejos que todos. Esa noche, su grupo fue al hotel a ver los resultados impresos en la pared. Su amiga Camila los hizo cerrar los ojos, tomarse de las manos y contar hasta tres.

Meses antes, un campeón mundial francés le había dicho algo que en ese momento cobró pleno sentido: cuando dejó de buscar la copa, se le dio. Raul había soltado sin proponérselo.

Jenny Castro: el equipo detrás del vuelo

Raul no habla de sus logros sin nombrar a Jenny Castro: atleta olímpica en los Juegos de Sídney 2000, campeona nacional de montañismo, y su esposa, organizadora de El Gran Fondo Collado del Cóndor. 

«Desde que la conocí, ella empezó a acompañarme a las competencias. Observaba todo y en la noche hacía un resumen: esto hiciste bien, esto puedes mejorar. Cuando conseguí la Copa del Mundo, la primera persona que llamé fue a ella.»

La conexión va más allá del apoyo emocional. Los deportes olímpicos llevan décadas aplicando psicología deportiva. El parapente, con su primera Copa del Mundo en 1991, apenas comenzaba a incorporarla. Jenny fue el puente hacia esa dimensión.

«Los logros nunca son solitarios. Siempre hay personas que te apoyan. Eso es un colchón que te sostiene.»

En una competencia en La Victoria, el piloto quedó atrapado en una térmica descendente sobre una selva sin salida aparente. Cerró los ojos un segundo y vio los ojos verdes de su hijo mayor. Cuando los abrió, un águila silbaba señalando una corriente ascendente.

«Fue uno de los momentos más mágicos que he tenido. Vi sus ojos. Inmediatamente el águila me llamó. Subí y salí de ahí.»

Hoy, Raul y Jenny intentan ser para sus tres hijos —Raul José, médico con posgrado en España; Enrique, campeón de pádel; y Gael, campeón de enduro en bicicleta de montaña— exactamente eso: el colchón que sostiene.

23 años mirando el Pico Bolívar: la hazaña técnica de Raul Penso en parapente

La cordillera de la Sierra Nevada esconde una trampa aérea. El viento que llega de los llanos sube por las montañas y forma un remolino en el lado merideño del Pico Bolívar. Volar sobre él desde Mérida no depende solo de habilidad. Depende de esperar el día exacto.

Raul esperó 23 años.

En 2018, su amigo el Flaco lo llamó desde Caracas: cero viento. El piloto calculó que esa alta presión llegaría a Mérida en dos días. Se preparó, esperó y despegó. Subió por térmicas hasta los 5.170 metros —170 metros sobre la cima del Bolívar— cruzó sobre el Pico Espejo y aterrizó en El Valle. Se cubrió con todas las cobijas de la casita familiar y quedó dormido por la hipotermia. Jenny llegó horas después.

«El frío era insostenible. El dolor en las puntas de los dedos era una cosa que no puedes creer.»

Fue el primer venezolano en lograrlo. En 2023 repitió la hazaña. Y en febrero de 2024, durante un evento binacional en Mérida, se acercó a 20 metros de la cumbre del Bolívar con su parapente. El proyecto sigue abierto.

Disciplina sobre talento: el legado de un campeón

Al cierre de la conversación, Raul vuelve al principio. Al niño de La Azulita que caminaba una hora hasta la escuela y quería que sus resultados fueran suyos. Hoy también es técnico deportivo de parapente graduado en  de Madrid e instructor certificado por la  la Federación Americana de Parapente.

Su filosofía no ha cambiado.

«Lo más importante es tener sueños, convicción y disciplina. Puedes tener mucho talento, pero sin disciplina no eres nadie. En cambio, sin talento pero con mucha disciplina, puedes llegar.»

En su núcleo familiar, esa vara está alta. Sin embargo, también cuidan que sus hijos no se presionen en exceso. El deporte en casa de los Penso no es una exigencia. Es un código de valores compartido.

La cumbre nunca fue el destino. Siempre fue la consecuencia de no rendirse.

¿Quieres saber más? Disfruta la entrevista completa en nuestro canal de YouTube.

Por Lolymar Viloria

@LolymarViloria

Curadas / Vía Personalidades

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