Asustadores navideños | Relatos del lado oscuro

Estas son algunas leyendas de Navidad más macabras y escalofriantes que existen en diversos países del mundo, y que podrían hacer temblar a los niños que aguardan impacientes a que Papá Noel. Asustadores navideños

Créditos al canal Relatos del Lado Oscuro en YouTube
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Krampus, la bestia secuestradora de niños

Krampus es una famosa y terrorífica criatura perteneciente al folclore de los países alpinos y muy anclada en el imaginario popular de su población. La leyenda cuenta que esta demoníaca bestia es el contrapeso a San Nicolás y por tanto, la responsable de castigar a los niños que han sido malos. Su cometido es capturar a los pequeños más traviesos, introducirlos en su saco y llevarlos a las profundidades abisales del infierno para zampárselos. ¿No pinta bien para los pobres niños austríacos, verdad?

La tradición revela que el demonio Krampus aparece en la noche del 5 al 6 de diciembre, merodeando las calles en lo que se conoce como la noche del Krampus. Este terrible ser merodea solo o en compañía de San Nicolás y hace notar su presencia haciendo sonar cadenas oxidadas o cencerros a su paso.

En cuanto a su apariencia física, es como un fauno, con cuernos, lengua roja y cabellera negra, pelaje corporal oscuro y patas de cabra. En postales, cuentos o series y películas de televisión suele llevar una canasta o saco a la espalda para capturar a sus víctimas. Si bien estuvo una tradición perseguida durante la etapa posterior a la Guerra Civil Austríaca, hoy en día la leyenda ha recobrado salud motivando su aparición en televisión, en algunos videojuegos y en diversas películas de miedo de los últimos años.

Los 13 jólasveinarnir o los 13 Santas de Islandia

Las ancestrales y paganas tradiciones nórdicas vikingas ofrecen un rico espectro de deidades y personajes mitológicos. Las fiestas para conmemorar el solsticio de invierno se conocían entre los vikingos y otros pueblos germanos recibían el nombre de Yule o Yuletide. En nórdico antiguo el vocablo que las definía era júl o jól y se trataba de un festival precristiano que duraba sobre doce días, rindiendo homenaje a la familia y a los amigos ausentes, además de la fertilidad.

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