El caso de Ingrid Olderock: «La dama de los perros»

Hablar de Ingrid Olderock es asomarse a uno de los rincones más oscuros de la psique humana y de la historia de Chile

Conocida como «La dama de los perros» o la «Bestia», fue una oficial de Carabineros y agente de la DINA (la policía secreta de Pinochet) que personifica la alienación ideológica llevada al sadismo extremo. El caso de Ingrid Olderock.

Créditos al canal Criminalista Nocturno en YouTube

El caso de Ingrid Olderock

¿Quién fue Ingrid Olderock?

Hija de inmigrantes alemanes con profundas simpatías nazis, Olderock creció en un ambiente de disciplina rígida y desprecio por lo que consideraban «inferior». En 1973, tras el golpe de Estado, se convirtió en la mujer más poderosa de la DINA, encargada de entrenar a las primeras agentes femeninas.

El Centro de Tortura «Venda Sexy»

Su nombre está ligado indisolublemente a la casa de tortura conocida como «La Discothèque» o «Venda Sexy», en Santiago.

  • El Método de Horror: Olderock entrenó a su perro, un pastor alemán llamado Volodia, para cometer agresiones sexuales contra prisioneros y prisioneras políticas.
  • El Objetivo: No solo buscaba obtener información, sino la destrucción total de la dignidad de la víctima. El uso de un animal para tales fines representa una de las formas más perversas de deshumanización.

El caso de Ingrid Olderock

Perfil Psicológico: La Alienación del «Yo»

El caso de Olderock es fascinante y aterrador desde la psicología:

  • Apego Desplazado: Olderock mostraba una incapacidad total para conectar con seres humanos, pero mantenía un vínculo casi simbiótico con sus perros. Volodia no era solo un arma; era su compañero más cercano.
  • Identidad Dividida: Ella nunca se vio a sí misma como una criminal. En sus entrevistas, se presentaba como una «soldado leal» y una víctima de las circunstancias. Esta disociación le permitía torturar de día y volver a su casa a cuidar a sus mascotas como si nada hubiera ocurrido.
  • Raíces del Odio: Su crianza en un hogar donde se hablaba alemán y se veneraba la estética nazi la mantuvo siempre «alienada» de la sociedad chilena común, a la que miraba con superioridad y distancia.

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