Para cuando Laura Farnsworth Dogu pisó la pista del Aeropuerto Internacional de Maiquetía, cerca de Caracas, el 31 de enero, la misión que tenía por delante ya era la más trascendental de su carrera.
Designada a comienzos de este mes por el presidente Donald Trump como la principal diplomática de Estados Unidos en Venezuela, Dogu llegó a Caracas en un momento político crucial, tras la captura del hombre fuerte Nicolás Maduro en una operación militar estadounidense, la instalación de un gobierno interino encabezado por su vicepresidenta y estrecha aliada Delcy Rodríguez, y el intento de Washington por restablecer su influencia sobre un país cuya riqueza petrolera, instituciones y alianzas exteriores han sido reconfiguradas por años de sanciones, represión y abierta hostilidad hacia Estados Unidos.
Para Dogu, una diplomática veterana con amplia experiencia en Centroamérica y una reputación de diplomacia constante y orientada a procesos, Venezuela representa a la vez un terreno conocido y un nivel de complejidad completamente nuevo. “Este no es un cargo ceremonial”, dijo un exdiplomático estadounidense familiarizado con su trayectoria. “Es gestión de crisis, arte de gobernar y estrategia económica, todo en uno”.
Frank Mora, exfuncionario del Pentágono que se desempeñó como secretario general adjunto de la Organización de Estados Americanos y que ha trabajado estrechamente con Dogu durante más de una década, coincide.
No es solo un nombramiento
“Obviamente, este no es simplemente un nombramiento diplomático rutinario”, dijo Mora. “Refleja la prioridad de la administración en América Latina en un momento extremadamente complejo, fluido e incierto”. Dogu se desempeñará como encargada de negocios en la embajada estadounidense, un rango diplomático inferior al de embajador.
Su llegada marca la reapertura formal de la Embajada de Estados Unidos en Caracas, que había permanecido cerrada durante casi siete años tras una ruptura total de las relaciones diplomáticas. La embajada fue cerrada por etapas a comienzos de 2019, en medio de tensiones crecientes entre Washington y el régimen de Maduro, luego de que Estados Unidos reconociera al líder opositor Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela y ordenara la salida del personal no esencial y de los familiares de los diplomáticos.
El 11 de marzo de 2019, el entonces secretario de Estado Mike Pompeo anunció el retiro de todo el personal diplomático restante, citando el deterioro de las condiciones de seguridad y el colapso de los vínculos bilaterales. Desde entonces y hasta comienzos de 2026, la relación diplomática de Estados Unidos con Venezuela fue gestionada de forma remota a través de la Unidad de Asuntos Venezolanos, con sede en la Embajada estadounidense en Bogotá.
El último embajador de Estados Unidos que residió en Caracas fue Patrick Duddy, cuyo mandato terminó en julio de 2010; desde entonces, Washington ha recurrido a encargados de negocios y, más tarde, a un embajador itinerante que operaba fuera del país. Una carrera forjada bajo presión Criada en una familia militar, Dogu, de 61 años, suele atribuir su compromiso con el servicio público a su padre, un oficial de carrera de la Marina estadounidense cuyas asignaciones llevaron a la familia por todo el país y al extranjero.
“Al crecer, aprendí de primera mano el valor de servir a tu país”, dijo al Comité de Relaciones Exteriores del Senado en 2015. “Mi padre dedicó toda una vida a proteger a Estados Unidos, con misiones dentro del país, en el extranjero y en el mar”.
Ese sentido de misión la condujo por un camino poco convencional hacia la diplomacia. Tras obtener una licenciatura en Artes y otra en Administración de Empresas en la Universidad Metodista del Sur en 1985, y una maestría en Administración de Empresas en 1989, Dogu trabajó durante cinco años como representante de marketing en IBM antes de incorporarse al Servicio Exterior de Estados Unidos en 1991. Sus primeros destinos —como funcionaria consular en El Salvador, seguidos de asignaciones consulares y políticas en Turquía— la situaron en la intersección de los temas de migración, seguridad y gobernanza que acabarían definiendo gran parte de su carrera.
Luego vinieron otros cargos en Egipto, México y Washington, incluido un periodo en el centro de operaciones del Departamento de Estado. Mora conoció por primera vez a Dogu cuando ella se desempeñaba como cónsul de Estados Unidos en el norte de México durante uno de los periodos más violentos de la guerra entre carteles en Ciudad Juárez, mientras él trabajaba en el Pentágono. “Ella estaba justo en el centro de esa violencia en Juárez y en el norte de México”, recordó Mora. “Fueron años extremadamente difíciles”.
México … un destino exigente
Para cuando el presidente Barack Obama la nominó como embajadora en Nicaragua en 2015, Dogu era subjefa de misión en la Embajada de Estados Unidos en Ciudad de México, uno de los puestos diplomáticos más exigentes de Washington. Trayectoria en América Latina Confirmada por unanimidad por el Senado, Dogu llegó a Managua cuando las relaciones entre Washington y el gobierno del presidente Daniel Ortega se estaban deteriorando.
En su audiencia de confirmación, expuso una filosofía de gestión que se ha mantenido constante: el respaldo a las instituciones democráticas y a los derechos humanos sin imponer sistemas políticos desde el exterior. Su gestión coincidió con la consolidación del poder de Ortega, el cierre de organizaciones de la sociedad civil y el deterioro de las libertades políticas. En 2021, el presidente Joe Biden nominó a Dogu como embajadora en Honduras, donde tuvo que maniobrar entre escándalos de corrupción, presiones migratorias y cambios en las alianzas regionales bajo el gobierno de izquierda de la presidenta Xiomara Castro. Mora, entonces en la OEA, volvió a trabajar estrechamente con ella. “Es muy fuerte, muy directa”, dijo Mora.
“Sin rodeos. Va directo al punto”. Esas cualidades, aseguran sus partidarios, son precisamente las que Washington necesita en Caracas. “La embajadora Dogu se ha ganado la confianza del secretario Rubio y de su equipo”, dijo Roger Noriega, exsecretario de Estado adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental durante el gobierno de George W. Bush. “Tiene reputación de ser lúcida y dura”.
Construyendo el avión mientras vuela Tras dejar Honduras en 2025, Dogu se apartó brevemente de la diplomacia tradicional para servir como asesora de política exterior del general Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto. Ese cargo amplió su experiencia en planificación de defensa y coordinación interinstitucional, conocimientos que ahora son centrales en su gestión sobre Venezuela.
El 22 de enero, la administración Trump anunció que Dogu sería la principal diplomática de Washington en Caracas. Su primer encuentro de alto nivel llegó rápidamente: el 2 de febrero se reunió con la presidenta interina Rodríguez en el Palacio de Miraflores para discutir lo que ambas partes describieron como una nueva “agenda de trabajo” bilateral. Según Mora, buena parte del diálogo continuo entre Washington y Caracas pasará ahora directamente por Dogu. “Creo que la conversación va a ser principalmente entre Delcy y Laura”, dijo Mora.
“Washington o el secretario de Estado intervendrán según el tema, pero el contacto constante será a través de ella”. Esa estructura, sin embargo, no está exenta de riesgos. “Como solíamos decir en el Pentágono, estamos construyendo el avión en pleno vuelo”, dijo Mora. “No existe un marco establecido para esto”. Estabilidad versus cambio Para Noriega, la tensión central de la misión de Dogu no es meramente técnica o diplomática, sino política —y potencialmente explosiva—. “No se me ocurre una asignación más complicada”, afirmó.
“Su papel es gestionar el statu quo mientras busca el camino más rápido hacia un cambio democrático”. Ese equilibrio, advirtió, será difícil de mantener a medida que los venezolanos pierdan la paciencia con las autoridades interinas y reclamen una transición democrática. “Creo que ella va a encontrar que la gente considera intolerable a Delcy”, dijo Noriega. “Quieren gobernar su propio país”.
Noriega advirtió que priorizar la estabilidad a corto plazo podría resultar contraproducente si refuerza estructuras que los venezolanos asocian con la represión, en medio de preocupaciones de que la administración Trump esté poniendo demasiado énfasis en la apertura del sector petrolero a empresas estadounidenses y relegando a un segundo plano el proceso hacia una transición democrática. “La estabilidad bajo un sistema opresivo no es algo bueno”, dijo.
“Su equipo necesita canalizar las demandas populares de un cambio real de régimen sin perder el control del proceso”. Eso, añadió, implica desplazar el poder de las figuras políticas hacia tecnócratas y actores institucionales capaces de gobernar durante una transición. “La clave es empoderar de manera sostenida a los tecnócratas que realmente quieren cambiar las cosas”, dijo Noriega, “e identificar con urgencia a oficiales militares que protejan al pueblo, respalden una transición y den la bienvenida a un nuevo liderazgo democrático”.
Un experimento sin precedentes Incluso con la salida de Maduro, el camino de Venezuela fuera de la crisis sigue siendo largo y políticamente frágil. Las instituciones están vaciadas, la economía distorsionada y el sector petrolero gravemente deteriorado. Mora describe la situación como un experimento sin precedentes, sin un manual histórico al cual recurrir. “Hasta donde sé, no existe un caso empírico como este”, dijo.
“Un país poderoso tratando de orientar a otro de esta manera, quizá no desde comienzos del siglo XX”. No hay un plan maestro, añadió, ni un marco acordado. “Ambas partes están improvisando”, dijo Mora. “Están tratando de ver cómo cada una puede alcanzar sus intereses, que en muchos aspectos no coinciden. Ese es el baile en el que estamos”.
Para Dogu, el reto será navegar ese baile sin convertirse en el rostro de las luchas internas de Venezuela —o en la garante de un orden interino que los propios venezolanos terminen rechazando—. “Venezuela es una tarea más compleja que Honduras o Nicaragua”, dijo el exdiplomático familiarizado con la carrera de Dogu. “Pero si buscas a alguien que entienda los sistemas autoritarios, la fragilidad económica y los límites del poder estadounidense, ella es una elección lógica”.
Con información de El Nuevo Herald