¿Engañar a la muerte es simplemente un giro del destino o la buena fortuna?
Los humanos pueden sobrevivir a lesiones catastróficas y escenarios mortales que desafían las probabilidades. ¿Cómo se explica que alguien pueda sobrevivir ante estas circunstancias? ¿O hay factores más misteriosos en juego? ¿Se puede burlar a la muerte?
¿Se puede burlar a la muerte?
Letales caídas desde alturas imposibles, impactos de rayos cargados de poder devastador y lesiones cerebrales mortales que debían significar una muerte segura. ¿Cómo es que hay quienes contra todo pronóstico sobreviven lo imposible? ¿Es acaso suerte? ¿Se trata de instintos o reacciones involuntarias? O podría hablarse de intervención divina. Es lo que intentaremos averiguar.
Hiroshima, Japón. 6 de agosto 1945, 8:15 de la mañana. El ingeniero de 29 años, Tsutomu Yamaguchi camina al trabajo cuando un segador destello más brillante que el sol se adueña del cielo. Él aún no lo sabe, pero la primera bomba atómica del mundo acaba de explotar sobre la ciudad con la fuerza de 15000 toneladas de TNT, creando una brutal onda expansiva que lo desintegra todo a su paso.

Instintivamente, Tsutomu Yamaguchi corrió hacia una zanja mientras aquella bola de fuego atómica pulverizaba casi todo lo que estaba a la vista. Como si una mano gigantesca bajara del espacio a aplastarlo todo, a destruir toda estructura en piel.
La bomba que explotó sobre Hiroshima fue la fuerza más destructiva jamás liberada en la historia. 80.000 personas murieron al instante cuando temperaturas cercanas a la de la superficie del sol vaporizaron sus cuerpos y cubrieron la ciudad de radiación.
Pero increíblemente, a pesar de encontrarse a unos 3 km del lugar de impacto, Yamaguchi de algún modo sobrevivió. Despertó y no sabía cuánto tiempo había pasado, pero lo que vio fue un enorme pilar de fuego sobre la ciudad de Hiroshima. Así, todo se había quemado.
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