Una conversación íntima sobre sanar, crecer y volver a casa
Sindy Lazo regresa a Venezuela después de 12 años para reencontrarse con su historia. Habla de su identidad, su relación con Mimí Lazo, las batallas invisibles que enfrentó, su triunfo en MasterChef y el amor que la marcó para siempre: su abuela.
Sindy Lazo
Tú, tú eres la famosa Milagros. Famosa Yo.
12 años pueden parecer una vida entera cuando se vive lejos del lugar donde todo comenzó. Volver es reencontrarse con olores, afectos y ausencias que quedaron en pausa.
Hoy conversamos con una mujer que entre libretos y fogones decidió cocinar su propia identidad. Sindy Lazo vuelve para contarnos y enfrentarse a su propia historia, a sus miedos, cicatrices y esa eterna etiqueta que la llena de orgullo ser la hija de para recordarnos que al final todos somos también el resultado de lo que decidimos sanar.

Sindy Lazo. Bueno, todos sabemos quién eres, todos te hemos visto crecer, todos sabemos tu formación, todos reconocemos tus logros profesionales y hasta tu logro internacional. Primero, darte la bienvenida a tu país luego de 12 años. ¿Cómo te sientes? ¿Cómo ves lo que te está pasando hoy en estos días?
Acá estoy súper conmovida porque lo que he hecho es llorar. Es muy bonito. Mi mamá me decía, Sindy, cuando llegues a Caracas vas a reconocer el olor. Yo, ay, sí, mamá, qué ridícula el olor. Y resulta que es así. Caracas tiene un olor particular. Bueno, La Guaira, o sea, tiene un olor que no sabes que si son flores, si es la humedad, no sabes es algo y es maravilloso, o sea, es maravilloso.
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