El Cacique Guaicaipuro

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Guaicaipuro

Todos los venezolanos conocen o tienen una idea sobre la egregia figura del Cacique Guaicaipuro. La historia patria le ha reservado un sitial desde que la historiografía dio por verdad lo sostenido en 1723 por el primer historiador de Caracas, José de Oviedo y Baños.

Según Oviedo y Baños, el cacique había sido objeto de asechos que concluyeron con su alevosa muerte, tras incendiar los conquistadores la choza donde se refugiaba, no sin antes luchar fieramente contra los perpetradores de aquel crimen.

Existe la creencia de que su muerte fue sinónimo de la quietud que tanto se requería para implantar el anhelado orden colonial que se había puesto en marcha en el valle de Caracas.

El significado histórico atribuido al cacique Guaicaipuro, no es solo haber propiciado -con su muerte- la sobrevivencia de Santiago de León de Caracas y la viabilidad de un régimen colonial que se proyectaría luego por más de dos siglos; también se inscribe como uno de los primeros mitos históricos extraídos del legado de la resistencia indígena.

Guaicaipuro no era reconocido como enemigo de armas tomar

Transcurrida una década de luchas y un año y medio después de haberse fundado Santiago de León de Caracas, Diego de Losada aún se encontraba desconsolado, al reconocer que sus planes de conquista se hallaban estancados y sus esfuerzos perdidos por la presencia altiva y feroz del cacique Guaicaipuro, a quien le precedía la impronta de haberle infringido muchas derrotas a los conquistadores, al punto de expulsar al mestizo Fajardo y ocasionar la muerte del temido capitán Juan Rodríguez Suárez, así como desbaratar los dos primeros enclaves poblacionales de peninsulares denominados Villa de San Francisco y El Collado.

Guaicaipuro no era reconocido como enemigo de armas tomar cuando el rey se ve en la circunstancia de emitir una Real Cédula punitiva para castigar a los indios que habían osado en matar a “buenos cristianos” que, en su nombre, libran la guerra contra aquellos “bárbaros”. Es decir, para entonces podría considerarse un personaje legendario y, al parecer, de ello había dado cuenta el mismo Losada, cuando se determinó a reducirlo ordenando una operación tipo comando al alcalde de Caracas, para anular su inquietante amenaza.

En la refriega que les dio Guaicaipuro no quedó otra opción que lanzar una antorcha a la choza para quemarla con sus ocupantes dentro. La muerte del cacique, Oviedo y Baños la hace épica. Por primera vez los conquistadores sobrepasan en número a los indígenas; éstos son veintidós y aquellos ochenta: sin contar con las otras ventajas de la nocturnidad y la sorpresa del asalto que los favorecían. Con todo, la hueste opresora debe replegarse por la tenaz resistencia y, reiteramos, por la impotencia hubo entonces que recurrir a incendiar el refugio donde se encontraba el irreductible cacique con los hombres que lo protegían.

Nuestro cronista pone un toque de altivez al malogrado cacique, cuando y pese a las adversas circunstancias, Guaicaipuro impreca a sus victimarios con amenazas y los acusa de cobardes con palabras propias de un filósofo y no un guerrero:

“… hasta que cansados los nuestros de ver la defensa de aquel bárbaro, echaron una bomba de fuego sobre la casa, con que se comenzó abrasar por todas partes; y viendo Guaicaipuro que mantenerse dentro era preciso perecer entre las voracidades del incendio, tuvo por mejor morir entre sus amigos; y llegándose a la puerta con un estoque en las manos, embistió con Juan Gámez, a quien atravesó un brazo, sacándole el estoque por el hombro; y echando llamas de enojo aquel corazón altivo, dijo:

¡Ah españoles cobardes! Porque os falta el valor para rendirme os valéis de fuego para vencerme: yo soy Guaicaipuro a quien buscáis y que nunca tuvo miedo a vuestra nación soberbia; pero pues ya la fortuna me ha puesto en lance en que no me aprovecha el esfuerzo para defenderme, aquí me tenéis, matadme para que con mi muerte, os veáis libres de temor, que siempre os ha causado Guaicaipuro…; y saliendo para afuera, tirando con el estoque a todas partes, se arrojo desesperado en medio de las espadas que manejaban los nuestros, donde perdió la vida temerario, con repetidas estocadas que le dieron, acompañándole en la misma infelicidad de su fortuna veintidós gandules que le habían asistido a su defensa.

Este fue el paradero del cacique Guaicaipuro, a quien la dicha de sus continuadas victorias subió a la cumbre de sus mayores aplausos para desampararlo al mejor tiempo, pues le previno el fin de una muerte lastimosa, cuando pensaba tener a su disposición la rueda de su fortuna: bárbaro verdaderamente de espíritu guerrero y en quien concurrieron a porfía las cualidades de un capitán famoso, tan afortunado en sus acciones, que parece tenía a su arbitrio la felicidad de los sucesos: su nombre fue siempre tan formidable a sus contrarios, que aun después de muerto parecía infundir temores a su presencia, pues poseídos los nuestros de una sombra repentina, al ver su helado cadáver con haber conseguido la victoria, se pusieron en desorden, retirándose atropellados, hasta llegar a incorporarse con Francisco Infante en lo alto de la loma, de donde recobrados del susto, dieron la vuelta a la ciudad.»

Es en este punto donde Oviedo y Baños estuvo interesado en equiparar lo mejor posible los atributos de los más sobresalientes conquistadores que incursionaron punitivamente en el valle de Caracas, con las extraordinarias facultades que exhibió precisamente su más encarnizado enemigo; es decir, el cacique Guaicaipuro.

Ahora sabemos que los hechos no culminaron de esta manera y el temible cacique no fue vilmente asesinado

Al hacer esto, sutilmente sugiere que los heroicos capitanes españoles se enfrentaron a un enemigo excepcional, no solo por sus cualidades para la lucha, la astucia y la determinación, sino que siempre contó con la favorable protección de la “providencia” que, en esta hora aciaga, parece haberlo desamparado cuando es asesinado, paradójicamente, por unos soldados de segunda, temerosos incluso ante su frío cadáver. Exaltando así la figura del heroico cacique, Oviedo y Baños imponía al propio tiempo la templanza y el arrojo de los suyos, colocando uno y otros, por primera vez en su discurso histórico, en igualdad de condiciones.

Ahora sabemos que los hechos no culminaron de esta manera y el temible cacique no fue vilmente asesinado por los responsables de la misión de reducirlo a toda costa, lo cual concluyó con su detención y posterior sujeción al sistema de encomienda…

Conozca el desenlace de la interesante vida del Cacique Guaicaipuro en CRONICARACAS

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