No está exenta de polémica la medida ejecutiva de Nicolás Maduro de levantar las restricciones por la pandemia del Covid-19 durante cuatro semanas, y disponer la flexibilización a 53 sectores económicos esenciales para la ya bastante maltrecha andadura de Venezuela, despertando suspicacias sobre si es el momento adecuado para acoger tal lineamiento.
Todo esto ocurre en la inminencia de un cuestionado proceso electoral para renovar a las autoridades de la Asamblea Nacional, comicios calificados como un fraude por la mayoría de las toldas opositoras de peso, mientras que en la otra acera se escuchan amenazas de personeros del régimen obligando a sus adeptos a ejercer el voto, so pena de «quedarse sin comer» en el caso de optar por la abstención.
El mecanismo de control social se práctica sin pudor alguno, de la forma más directa, en mitines donde esa responsabilidad a la cual aluden los altos voceros revolucionarios en torno al comportamiento colectivo frente al coronavirus, es vulnerada por ellos mismos cuando alientan a la concentración de personas sin guardar el debido distanciamiento social: e inclusive, que lo que es más grave, con la desfachatez de muchos de acudir a tales actos sin emplear el obligatorio tapabocas, ante la mirada indiferente de los convocantes al evento proselitista.
Y como un leit motiv se multiplica el mensaje oficialista de que el sistema de salud está debidamente preparado para continuar enfrentando la contingencia, aunque, irónicamente, la cifra de miembros adscritos al sistema de salud público y privado que ha perdido la vida como consecuencia del terrible mal se acerca a las 300 personas.
Mientras, los señalamientos sobre presuntos subregistros en relación con las estadísticas sanitarias lejos de ser acallados eclosionan minando la precaria credibilidad ciudadana en las instituciones y autoridades; a la par que en el ambiente un axioma alterado pareciera inflar la burbuja bajo la cual viven unos y se encuentran afuera otros: «aunque los venezolanos decidimos cuidarnos, cuidense a ustedes mismos, que yo no los cuidaré».
Redacción Pedro Beomon / Curadas