José Antonio Abreu, el gran promotor cultural por Jesús Peñalver

A Esteban Araujo Rosales

Hace tres años se fue a dormir el sueño de la tierra el gran promotor cultural. Más que músico o economista, José Antonio Abreu fue el gran promotor cultural de la música y muy temprano así lo entendió. La música no puede ser cosa de élites: «Que las escuelas básicas apliquen en su contenido curricular ordinario la enseñanza de las artes, desde el niño de dos años hasta el nivel universitario, ese día el país será otro: Venezuela será una gran empresa educativa y a través de una educación sabia, avanzada, profunda y consciente de sus principios y propósitos, el país encontrará su camino».

De allí derivó a una obra concreta alimentada desde su niñez por la herencia musical de sus abuelos Antonio Anselmi Berti y Duilia Garbatti, llegados a fines del Siglo XIX de la isla italiana de Elba al pueblo de Monte Carmelo, en el estado Trujillo, donde fueron grandes promotores culturales y organizadores de orquestas y bandas.

De esa unión nació Ailie Anselmi Garbatti quien se casó con Melpómene Abreu, sus padres y de sus hermanos Dora, Jesús, Enrique, Beatriz y Ana Cecilia, siendo él el mayor.

Bachillerato lo cursaron en Barquisimeto, ciudad musical por excelencia, en el Liceo Lisandro Alvarado de actividad musical intensa porque había orquesta y orfeón, claves educativas para él al tiempo que se formaba musicalmente con la gran educadora y pianista Doralisa Jiménez de Medina.

El bachiller Abreu se fue a Caracas donde compartió estudios musicales con universitarios de Economía, lo que le llevó a ser el emprendedor creador del sistema de orquestas con el respaldo oficial suficiente para su desarrollo, sin depender de los vaivenes de la política al incluir hábilmente su funcionamiento como parte del presupuesto nacional de donde nadie lo podrá sacar. Específicamente, en el área social.

Jose Antonio Abreu

Alguna vez me dijo: “querido, la cultura no puede seguir siendo la cenicienta del presupuesto nacional. Algo ornamental, prescindible. No. La cultura debe contar con su cuota determinada y justa en el presupuesto de la Nación, y no esperar que surgida la necesidad, se le quite a otro sector para darle a ésta”. Respondí entonces: “Maestro, la cultura debe tener un puesto, una silla en el Consejo de Ministros”. El célebre músico asintió con su consabida sonrisa.

Bastante plantón pagó –valga la frase- ante la Comisión de Finanzas del extinto Congreso Nacional, en búsqueda y aprobación del presupuesto suficiente para la música, área a la que dedicó con tesón y ahínco toda su vida.

Antes, mucho antes de inaugurarse el Teatro Teresa Carreño, hecho ocurrido el 19 de abril de 1983, ya el maestro Abreu, insistente, trabajador incansable hormiga, organizaba y montaba conciertos en la Sala José Felix Ribas del coso de Los Caobos. ¡Admirable!

En ejercicio de la Consultoría Jurídica de la Fundación Teresa Carreño tuve en mis manos un oficio del Ministerio de la Secretaría de la Presidencia, firmado por su titular, Carmelo Lauría Lesseur, en el cual se le asignaba a las orquestas juveniles el uso de la referida sala, llamada entonces “la sala pequeña”. Con base en ese acto administrativo – eguramente- aunado a su afán por difundir la música, su enseñanza y metodología, daba uso a ese recinto, como adelanto de lo que sería en un futuro no muy lejano, el Complejo Cultural Teresa Carreño, lamentablemente hoy venido a menos.

Como Ministro de Estado. Presidente del Conac, se conoce a cabalidad su meritoria gestión. Por cierto, toda su labor la cumplió desde las oficinas del citado teatro. Y aunque dejó de ser Ministro por los sucesos acaecidos en 1992, aquellas intentonas golpistas de ingrata recordación, Abreu siguió presidiendo el Consejo Nacional de la Cultura. Para sorpresa o asombro de muchos, no rendía cuentas al ministro de adscripción, sino directamente al propio presidente de la República, Carlos Andrés Pérez. Astuto y hábil, inteligente y metódico. Dicho de otro modo, no dejó de estar en el gabinete.

José Antonio Abreu

Cuando obtuve en 1988 mi título universitario, al año siguiente el entonces ministro presidente del extinto Conac, José Antonio Abreu, me pidió que fuera su asistente. Recuerdo, como le conté a curadas.com en reciente entrevista- que el maestro despachaba desde la que había sido mi oficina, es decir, de Elías Pérez Borjas, Director General y yo su asistente, y no desde sus oficinas en el centro de Caracas.

Eso se lo criticaron mucho, pero yo sé la razón, y mucha gente también la sabe. No era lo mismo despachar desde las torres de El Silencio que hacerlo desde el Teresa Carreño, en ese ambiente tan acogedor, sus áreas rodeadas y adornadas de obras de arte, de fácil acceso, entre otras comodidades. Bueno, antes. Hoy día da dolor pasar por allí.

Me preguntó si quería ser su asistente, y le dije ´no puedo, ministro. Él me pidió que lo llamara José Antonio y le dije ´no, usted es el ministro´. ´Le agradezco mucho la oportunidad, pero me voy a casar y a hacer mi postgrado´. Me fui entonces al ejercicio privado, pero me mantuve como asesor. Luego regresé como consultor jurídico de la Cinemateca Nacional y del grupo Danzahoy. Y muy importante decirlo otra vez: nadie me pidió carnet.

Murió García Márquez, me quedé con su obra. Hace tres años cerró sus ojos el maestro Abreu, me quedo con el Sistema. La miseria humana no va conmigo, tampoco la mezquindad. Y como dijo mi apreciado Diego Arroyo Gil, hace tres años, yo también me uní a quienes dedicaron una palabra sensible para despedir a José Antonio Abreu, una figura venezolana ineludible, cuya impronta en el ejercicio de la función pública, especialmente en el desarrollo de la cultura nacional, y más allá de las fronteras, es infinita e inolvidable.
QEPD.

Jesús Peñalver

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2 comentarios en «José Antonio Abreu, el gran promotor cultural por Jesús Peñalver»

  1. Que bueno el comentario, pero no se nombra al Presidente Luis Herrera de quien surgio la idea de masificar la musica, llevarla a todos los niveles sociales, honor a quien lo merece.

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