Escepticismo: ¿Una ruta hacia la felicidad verdadera?

Escepticismo: ¿Una ruta hacia la felicidad verdadera?

8 minutos de lectura

¿Quieres un consejo antiguo para lograr la felicidad, la plenitud, la excelencia o el bienestar supremo, aquello que en la Grecia clásica se llamaba eudemonía? (Según el diccionario, la eudemonía es el estado de satisfacción, debido generalmente a la situación de uno mismo en la vida)

Sé escéptico. Aunque no en el sentido moderno de la palabra escepticismo.

En el uso cotidiano, a menudo se piensa que un escéptico es alguien que niega algún punto de vista ortodoxo. La Real Academia Española dice: «Que no cree o afecta no creer»; en filosofía, el escepticismo tiende a ser más sobre la duda que sobre la afirmación negativa, por lo que no es tanto negar algún punto de vista, sino cuestionarlos todos.

De hecho, la palabra griega skepsis significa «siempre buscar, indagar, investigar», no dar nada por cierto.

Pero, ¿cómo puede ser que la incertidumbre nos lleve a la dicha?

Puede ser reconfortante poder responder sencillamente «no sé»

Sólo sé que no sé nada…

Ni siquiera eso es exactamente cierto. La famosa frase atribuida al filósofo griego Sócrates (470-399 a. de C.) realmente parafrasea unas palabras que Platón puso en boca de su maestro en la obra «Apología de Sócrates»:

«Este hombre, por una parte, cree que sabe algo, mientras que no sabe [nada]. Por otra parte, yo, que igualmente no sé [nada], tampoco creo [saber algo].«

Ilustra, sin embargo, uno de los tipos de escepticismo que se originaron en el siglo III a.C., el cual decía que el sabio es la persona que conoce los límites del conocimiento.

El escepticismo de este movimiento que se desarrolló dentro de la Academia permeaba todo, incluso las ideas morales y religiosas. Al observar otras culturas, los antiguos griegos se preguntaron si quizás muchas de sus creencias no eran más que convenciones locales.

Si los etíopes tenían dioses que parecían etíopes y los griegos tenían dioses que parecían griegos, ¿cómo saber cómo eran realmente los dioses?

Sobre Pirrón de Elis, considerado el primer filósofo escéptico, se sabe poco, pero sus ideas dejaron una profunda huella.

La otra escuela, llamada pirronista, era más radical

De verdad nada.

Sostenía que no es necesario perder tanto tiempo y esfuerzo buscando y exigiendo respuestas o soluciones donde únicamente hay duda y ambigüedad, pues eso lleva a la infelicidad.

Para ellos, no había forma de determinar qué es verdadero o real; y para todo había argumentos y contraargumentos, a menudo de igual peso.

No obstante, se insistía obstinada y hasta violentamente, en que unos -los demás- estaban equivocados y que otros -nosotros- tenían razón.

Si en cambio se suspendía la búsqueda de esa verdad absoluta y se adoptaba un estado de la conciencia al que llamaron epojé o «suspensión del juicio», en el cual ni se niega ni se afirma nada, se lograba la anhelada eudaimonía, esa vida plena, feliz y floreciente.

Esa abdicación admitía, sin embargo, opiniones y debate; alentaba la investigación, se regocijaba en la exploración de conocimientos. Lo que rechazaba era el dogma.

¿Dios existe? ¿Matar es malo? ¿Los impuestos son buenos? La respuesta sería «no sé, pero me parece que…».

Remedio contra el dogma

La idea de que puede ser imposible saber algo con total certeza resultó ser tan importante que entró en la corriente filosófica principal y ha sido clave para el pensamiento científico, religioso y político desde su surgimiento.

Uno de sus famosos entusiastas tempranos fue el jurista, político, filósofo, escritor y orador romano Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C), quien describió el escepticismo como una forma de libertad de pensamiento (siglos después el filósofo del Idealismo alemán Georg Hegel diría algo similar).

Pero fue en el Renacimiento, tras la invención de la imprenta, que permitió difundir textos como nunca antes y la traducción al latín, que los hizo mucho más disponibles, que su atractivo se acentuó.

El escepticismo, antes conocido por unos pocos, irrumpió en un mundo que estaba lleno de dudas

Con Galileo y sus descubrimientos, la cosmovisión tradicional estaba siendo derrocada y un Nuevo Mundo estaba siendo explorado.

De repente, la gente fue consciente de que la Biblia y Aristóteles, que habían sido los oráculos hasta entonces, no decían nada sobre eso.

Es más, con Lutero y la Reforma desafiando el orden consabido en Europa y el descubrimiento de las culturas americanas, ya no era tan sencillo estar seguros de su propia fe; dado que había vecinos con diferentes puntos de vista religiosos, y otras personas muy lejos con todo tipo de creencias exóticas.

escepticismo
Michel de Montaigne, con su lema «Qué sé yo» y una balanza mostrando que cualquier argumento tenía el mismo peso.

Michel de Montaigne (1533-1592), uno de los filósofos renacentistas más importantes, cuyo lema era «Qué sé yo», fue uno de los más influyentes adeptos del escepticismo

En su época, Francia estaba enfrascada en unas guerras de religión brutales y vio cómo vecinos se mataban por sus creencias.

Para él, era claramente el resultado del dogmatismo que, decía, no permitía no saber lo que no sabemos. En otras palabras, polarizaba las cosas, obligaba a tomar partido.

La manera de difuminarlo era el escepticismo.

Continúa leyendo en BBC NEWS MUNDO

CURADAS |Tu compañía en información

Deja un comentario

Your email address will not be published.

Recientes de Blog