Al doctor
Francisco Fabio Peñalver
Con o sin récord, el concierto se dio. Ello no convalida los errores u omisiones del régimen, no legítima a la peste, no oculta ni encubre la tragedia que sufrimos, y tampoco impedirá la fase de investigación en la Corte Penal Internacional.
- Te puede interesar: LO LOGRARON: El Sistema «La orquesta más grande del mundo» Récord Guinness
Critique usted todo cuanto quiera, es su derecho, tanto al gobierno como a El Sistema. Pero no creo que haya asidero hoy, es decir, base o pábulo suficiente para arremeter acerbamente, contra una institución de cuarenta y seis (46) años de edad, en cuya trayectoria de vida nos sigue dando, desde sus inicios, lo mejor de su talento, y sobre todo demostrando a cada minuto como la música puede servir y sirve, de instrumento no solo para ejecutar hermosas piezas musicales, sino también para incidir significativamente en la formación de nuestros niños y jóvenes.
Por ejemplo, en el concierto participó el maestro Frank Di Polo Alemán (77), violinista y cofundador de El Sistema (1975). ¿Qué hacemos? ¿Lo fustigamos? ¿Arremetemos en su contra? ¿Paredón, la horca o una hoguera de la Edad Media? ¡Caramba, un poquito de por favor!

Mi adorado sobrino, médico de la UCV, hoy en Chile ejerciendo su profesión, es decir, un hijo producto de la diáspora, ese terrible mal, quizá el peor que ha causado el ch… abismo a nuestro país, es también violinista formado en El Sistema. Fue concertino de la Orquesta Juvenil de Chacao. Un demócrata a carta cabal.
De modo que apoyo irrestrictamente a El Sistema, en tanto en cuanto las razones arriba apuntadas. No obstante, no me negaría ni cuestionaría cualquier examen que revise los logros, el funcionamiento y el alcance de sus propósitos institucionales.
Su creador, el maestro José Antonio Abreu, quien era músico y economista suma cum laude, sabía de esto. A él le correspondió manejar recursos públicos, conocedor como era de políticas públicas, manejo presupuestario y demás aspectos de la Administración.

Admirable su paciencia de relojero y su persistencia de olas a la hora de solicitar recursos económicos para El Sistema. Conocidos son los plantones a los que fue sometido en la Comisión de Finanzas del extinto Congreso Nacional, mientras él calmadamente esperaba ser atendido para exponer y convencer con sólidos argumentos, la necesidad de los recursos que requería la institución.
Se sabe que fue en 1975 cuando nació El Sistema formalmente. Eran tiempos del primer mandato del presidente Carlos Andrés Pérez, quien siempre apoyó la obra de Abreu, y de otros que lo acompañaron en esa noble y loable labor. Queda claro que la voz cantante siempre la llevó él, porque sencillamente no solo era músico –lo dije antes – sino también economista, y manejaba el lenguaje con un discurso prolijo y convincente.
Cuando se inauguró el teatro Teresa Carreño el 19 de abril de 1983, allí estaba Abreu. Ya en sus manos tenía el oficio que durante el gobierno de CAP I, le había entregado el ministro de la Secretaría de Presidencia, doctor Carmelo Lauría Lesseur, según el cual la sala José Felix Rivas del coso de Los Caobos, llamada también la “sala pequeña”, sería para el uso de El Sistema.

La sala Pedro Antonio Ríos Reyna o simplemente sala Ríos Reyna estaba –debe seguir así- destinada a la Orquesta Sinfónica de Venezuela (OSV). Esa fue la intención del primer gobierno del presidente Rafael Caldera: dotar de una sede permanente a la orquesta fundada por el maestro Vicente Emilio Sojo.
Volviendo a la obra de Abreu, llegué al teatro Teresa Carreño en 1983. Ocho años antes se había fundado El Sistema. Conocí al maestro Abreu, conozco la institución. Atacarla es una insensatez. El blanco es otro y por abundantes razones.
Ese año 1983 había ganado la presidencia de la República el doctor Jaime Lusinchi. Abreu seguía a cargo de El Sistema, y al mismo tiempo ejercía como miembro de la junta directiva de la Fundación Teresa Carreño, fundación de Estado encargada de administrar dicho teatro.

En 1988 llegó a Miraflores, electo por el pueblo y por segunda vez, el presidente Carlos Andrés Pérez. Este nombraría a Abreu como Ministro de Estado-Presidente del Conac. Astuto y audaz como era, el músico y economista nunca despachó desde el centro de la ciudad, es decir, desde la torre norte del Centro Simón Bolívar. Abreu ejercería su cargo desde las instalaciones del teatro Teresa Carreño.
La explicación es muy sencilla, nada cuestionable. El maestro Abreu consideró que era más fácil y cómodo despachar desde el teatro Carreño, pues eso le brindaba mejor acceso a los que quisieran conversar con él en audiencias propias de su cargo. Total, se trataba de unos espacios o instalaciones del sector público. El teatro fue construido por una empresa del Estado (Centro Simón Bolívar S.A) y administrada por una fundación de Estado, tutelada por el extinto Conac (Consejo Nacional de la Cultura)

Conviene recordar aquí, que luego de la intentona golpista de febrero de 1992, un Consejo Asesor recomendó cambios en el gabinete ejecutivo. Fue así como Abreu dejó de ser ministro de Estado, pero siguió presidiendo el Conac, instituto autónomo creado por ley, como todo instituto autónomo. No solo eso, el maestro Abreu no rendía cuentas al ministerio de adscripción, sino al propio presidente de la República. Y digo más, seguía asistiendo al Consejo de Ministros. Dije que era astuto, y lo reitero. Inteligente, admirable.
Dice bien mi dilecto Claudio Nazoa cuando afirma: “Venezuela tiene el mejor sistema del mundo”.
- También puedes leer: Venezuela tiene el mejor sistema del mundo por Claudio Nazoa
La música no puede ser cosa de élites. En este sentido Abreu sostenía: «Que las escuelas básicas apliquen en su contenido curricular ordinario la enseñanza de las artes, desde el niño de dos años hasta el nivel universitario, ese día el país será otro: Venezuela será una gran empresa educativa y a través de una educación sabia, avanzada, profunda y consciente de sus principios y propósitos, el país encontrará su camino».
Y la cultura no puede seguir siendo la cenicienta del presupuesto nacional. Algo ornamental, prescindible. No. La cultura debe contar con su cuota determinada y justa en el presupuesto de la Nación, y no esperar que, surgida la necesidad, se le quite a otro sector para darle a ésta.
Réquiem por el presidente Carlos Andrés Pérez y por el maestro José Antonio Abreu. Jesús Peñalver
Curadas | Vía Jesús Peñalver
Somos Curadas.com Tu compañía en información
Totalmente de acuerdo. Hay que valorar el esfuerzos de los jóvenes y de los directores de orquesta entre otros. Fue un expectáculo muy bello en estos momentos , donde muchos vivimos situciones poco agradables. Valió la pena el esfuerzo y lo celebro.
¡ Excelente artículo !
Un concierto bien costoso. Un gasto inútil tomando en cuenta las urgencias que tienen por satisfacer los ciudadanos de Venezuela para lograr un record sin trascendencia que no le importa a nadie. Las orquestas del programa pueden brillar de otras mil maneras. No hay que reunirlas todas para poderlas apreciar.