Tinedo Guia: «Los periodistas debemos tener caparazón de morrocoy»

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Por Katty Salerno

Tinedo Guía tiene una voz inconfundible. Una voz sobria y clara que por más de 50 años ha informado a los venezolanos acerca del acontecer nacional y mundial y que también ha puesto a disposición de la fe que profesa.

Cuando se inició en la recién estrenada Radio Capital, a finales de la década de los 60, y en la entonces Cadena Venezolana de Televisión (CVTV), hoy canal 8, nunca imaginó que un día tendría que defender sus derechos y los de su gremio como periodista. Pero cuando las circunstancias lo exigieron, dio un paso al frente.

Actual ancla del Circuito Unión Radio, Tinedo Guía lleva también casi 10 años como presidente del Colegio Nacional de Periodistas (CNP), por lo que considera que es tiempo de pasar el testigo y mejor si es a un representante de las nuevas generaciones de colegas. Alguien «de esa nueva sangre que debe tener el Colegio para seguir adelante con esta lucha, que parece ser eterna, porque hay mucha gente a la que no le gusta que se digan las verdades ni que se indague en ninguna de las áreas del comportamiento social del individuo. Hay presiones de todo tipo. Pero los periodistas debemos tener caparazón de morrocoy para aguantar la pela y para buscar siempre la verdad que la noticia tiene como realidad», reflexionó en esta entrevista exclusiva con Curadas.com a propósito del Día del Periodista, que se conmemora en Venezuela cada 27 de junio.

Circunstancias externas e internas han demorado las elecciones en el gremio, que se supone deben realizarse cada dos años. La situación política de Venezuela, procesos electorales nacionales y, finalmente, la pandemia de coronavirus que paralizó todo el país son algunas de ellas. Pero, aprovechando la decisión del Consejo Nacional Electoral (CNE) de levantar la suspensión de las elecciones de gremios y sindicatos, el CNP ha decido activar el proceso para renovar los nombres de los representantes gremiales en todo el país.  

«La verdad es que nunca pensé postularme a la presidencia del CNP —comenzó diciendo. Fue Ivon Andara quien propuso mi nombre, junto con la organización “Periodistas y punto”, para reemplazar a Silvia Alegrett. Cuando me lo plantearon, lo pensé y luego de hacerlo me dije “por qué no”. Yo ya había estado en la defensa de RCTV, como empleado y como víctima, ante el cierre por parte del Gobierno, del que este 27 de mayo se cumplieron 15 años.

Tuvimos que ir a la Corte Interamericana de Derechos Humanos cuyo dictamen, por cierto, aún no ha cumplido el Estado venezolano. Así que quien tenga la responsabilidad de dirigir los destinos del país tendrá que cumplir en algún momento, porque es una sentencia para el Estado, no para el Gobierno. La sentencia obliga a restablecer la concesión de la frecuencia del espectro radioeléctrico correspondiente al canal 2 de televisión y la restitución de todos los bienes incautados ilegítimamente.

Ya que estaba mirando los toros desde la barrera, decidí meterme en la arena. Gané con los votos del 60 % de los periodistas y asumí el 26 de enero de 2013.  Esperamos que muy pronto podamos convocar una consulta electoral para renovar las directivas gremiales de los periodistas, luego de que el rector Enrique Márquez informara que el CNE reanudaría la asistencia técnica de ese ente para las elecciones de gremios y sindicatos. Solicitamos a Gregorio “Goyo” Salazar, expresidente del SNTP, que se pusiera en movimiento para recaudar lo necesario y entregarlo al CNE para fijar una fecha para esa consulta electoral. Ojalá que este 27 de junio, cuando se conmemora en Venezuela el Día del Periodista, podamos anunciar la conformación de las comisiones electorales en las 26 seccionales para fijar una fecha para la realización de la consulta electoral en nuestro querido gremio.

¿Qué ha sido lo más duro que te ha tocado enfrentar como presidente del CNP?

El encarcelamiento de periodistas, el sometimiento a juicios inventados. El cierre de medios, algo terrible que ha dejado en la calle a numerosas familias de periodistas, porque los han dejado sin un empleo y sin un salario justo, una remuneración de acuerdo a su formación y a su capacidad profesional. La persecución, las amenazas. La descalificación permanente del trabajo de los periodistas. Todo eso ha sido igual de duro. Estamos enfrentados a esos que tienen la manía de creer que son ellos los dueños de la mentira, porque lo que dicen son mentiras.

Por eso tienen tanto miedo a los periodistas, porque el periodista se dedica a buscar la verdad que encierra la noticia, no la verdad filosófica. Si tocas el tema político, entonces te dicen que eres pitiyanqui, que estas vendido, que eres no sé cuánto. Te insultan, te cargan de epítetos y te tratan de descalificar porque saben que lo único que tiene un periodista es su nombre, es su marca, y eso es lo que tiene que defender con su credibilidad, ajustándose al Código de Ética del Periodista Venezolano y a la Ley de Ejercicio del Periodismo.

Hay mucha gente ejerciendo el periodismo ilegalmente, sin ajustarse a lo que establece el artículo 2 de la Ley. Este señala: “Para el ejercicio de la profesión de periodista se requiere poseer el título de licenciado en Periodismo o en Comunicación Social o título equivalente, expedido en el país por una universidad, o título revalidado legalmente”. La violación de este artículo está penalizado con cárcel de tres a seis meses. Tenemos un código de ética que solo podemos aplicar a aquellos que están agremiados porque tenemos su historial. 

Te cuento una anécdota que ilustra muy bien lo importante que es estar agremiado. Ante tantas agresiones que han sufrido los periodistas, una comisión del gremio fuimos a reunirnos con la entonces fiscal general, Luisa Ortega Díaz. Nos recibió en su despacho y expusimos los casos, pero cuando nos pidió los números de carnet de los periodistas por los cuales estábamos abogando, resultó que solo cuatro estaban agremiados.

Ella, dirigiéndose a mí directamente, dijo: “Te voy a dar un consejo. No puedes venir a defender a quienes no te conste que son periodistas, porque si no han llenado los recaudos que exige el CNP, pues para el gremio es como si no existieran porque, aunque tengan un título universitario, están desconociendo la Ley. Y si yo los defiendo igual que tú, me estaría haciendo cómplice de la violación de ese artículo 2, cosa que yo no voy a hacer y que te recomiendo a ti que tampoco hagas”.

A la semana, ella dictó un decreto mediante el cual solicitaba a las autoridades competentes la protección, el cuidado y la colaboración para los periodistas que mostraran su carnet del CNP. Poco después de eso la destituyeron y nos quedamos en el aire, porque nadie cumplió la disposición que había emitido.

Cuento esto para aprovechar la oportunidad que me brinda este medio y llamar a los colegas que no están agremiados a que lo hagan, porque si nos aprueban estas elecciones ellos podrían no solo elegir, sino participar y postularse para que formen parte de esa nueva sangre que debe tener el Colegio para seguir adelante con esta lucha, que parece ser eterna, porque hay mucha gente a la que no le gusta que se digan las verdades ni que se indague en ninguna de las áreas del comportamiento social del individuo. Hay presiones de todo tipo. Pero los periodistas debemos tener caparazón de morrocoy para aguantar la pela y para buscar siempre la verdad que esa noticia tiene como realidad.

Protesta tras salida del aire en Venezuela del canal CNN

De la participación de cada uno de nosotros como periodistas y como ciudadanos, depende que podamos hacer avanzar nuestra amada Venezuela. Dejemos la queja de un lado, seamos proactivos, propongamos soluciones. Animémonos, entusiasmémonos. Tal vez no lo veamos nosotros, pero sí los que vienen.

En la medida en que haya un reconocimiento del talento que hay en Venezuela, de la capacidad de ir adelante, de convertir a nuestra nación en una nación del primer mundo, estamos contribuyendo con la herencia libertaria que nos dejaron aquellos hombres y mujeres que entregaron su vida por hacer de esta una nación libre. Creo que es fundamental que asumamos esta tarea desde el área en la que estemos, desde el hogar, desde la calle, o desde el trabajo. Con el solo respeto a las leyes, a las normas, ya estaremos contribuyendo a hacer de esta una gran nación.  

Pero tu vocación inicial no era la de ser periodista, sino médico, porque considerabas que esa era una manera de servir a la gente.

Yo siempre tuve una debilidad por la radio, por la comunicación. Recuerdo que en mi casa se escuchaba mucho Radio Rumbos, principalmente por las radionovelas. Pero, estudiando ya bachillerato, tuvimos un profesor de Biología que nos hizo interesar muchísimo por todos esos procesos químicos y biológicos del cuerpo humano. De hecho, muchos de mis compañeros de bachillerato terminaron siendo médicos. Para mí eso era una manera muy noble de ayudar a las personas.

Cuando fui a hacer el examen de admisión en el Instituto de Anatomía Patológica me pusieron Tinedo como apellido, no como nombre, y por eso fui uno de los últimos que lo presentó. Por supuesto, delante de mí había muchísima gente brillante, con excelentes calificaciones, y como siempre ha habido problemas de cupo en la Universidad Central de Venezuela, quedé por debajo del promedio y no fui seleccionado.

En ese ínterin me puse a estudiar locución, que también me gustaba mucho porque siempre me llamó la atención esa posibilidad de comunicarse. Una vez que obtuve mi certificado de locutor comienzo a buscar trabajo en diferentes partes y a la vez me inscribo en la UCAB para estudiar Periodismo, donde cursé el primer año. Me había casado en noviembre y en enero me despidieron del empleo que tenía, por lo que tuve que dejar los estudios. Empecé a trabajar en Radio Capital, que recién salía al aire, además de ser locutor de cabina en el Canal 8, que en ese momento se llamaba Cadena Venezolana de Televisión (CVTV).

Así pasé mucho tiempo hasta que un día Isa Dobles me pidió el favor de que la ayudara a grabar unos micros para un programa que tenía en CVTV. Ella quedó encantada y me preguntó si me podía seguir molestando y le dije que sí, que con mucho gusto.   Seguimos haciéndolo y así fue como me propuso que estuviera con ella en su programa. Empecé haciendo reportajes científicos. Raúl Vallejos, que estaba con nosotros, me sugirió que terminara la carrera y le dije que lo haría en cuanto tuviera la primera oportunidad, porque necesitaba trabajar y en ese entonces la carrera no la daban de noche.

Un día, Arturo Mora, el hermano de Trino Mora, me dice que la Católica va a abrir la carrera de noche. Así pude reanudar mis estudios en 1984. En ese periodo, como la situación económica era un poquito apretada para mí, me postulé como preparador para la cátedra de Radio —el profesor titular era Javier Vidal— y me pagaban 900 bolívares que me servían para pagar la mensualidad de la universidad.  Terminé la carrera en 1989, en la especialidad de Publicidad y Mercadeo. Recibí mi diploma de manos del padre Luis María Ugalde.      

Me imagino que ya eres abuelo…

¡Claaaro! ¡Soy abuelo y bisabuelo! Tengo tres hijos que están todos afuera. Por cierto, los tres hicieron el curso de locución.

Te ves estupendo, además te mantienes muy activo…

Uno envejece si quiere envejecer. El alma y el espíritu siempre se mantienen joven, lo que se arruga es el cuero (risas).

¿Y te sientes bien de salud? ¿No hubo secuelas del cáncer de próstata que padeciste?

Ninguna, afortunadamente. No tuve necesidad ni siquiera de quimio o radioterapia. Lo detectaron a tiempo. Esta es una enfermedad que no da señales. Es como una enfermedad silenciosa que vas padeciendo y cuando sientes el malestar es porque ya hay hasta metástasis.

¿Cómo era la vida de un niño venezolano en la década de los cuarenta?

Como todo niño en esa época, sujeto a la disposición de sus padres, muy controlado, con muy claras normas de comportamiento y reglas a seguir. Pero también había juegos de todo tipo. Juego de metras, de perinola, de trompo, de gurrufío, de pelota, de chapitas…

Yo jugaba chapitas con mis amigos en el callejón Sánchez, ahí en Quebrada Honda, diagonal con el Hospital Ortopédico Infantil. Yo conocí la estación Caracas del Ferrocarril Central de Venezuela porque estaba muy cerca de donde vivíamos. Cada vez que podíamos, poníamos las chapas en los rieles y el tren las dejaba aplastaditas cuando les pasaba por encima. Con eso hacíamos los gurrufíos. Con un clavo les abríamos dos huequitos, como un botón, y las entrelazábamos con un guaral. Le sacábamos filo al borde. Todavía tengo cicatrices en los dedos de cuando me cortaba haciendo gurrufíos. Cosas de muchachos, en ese entonces tenía 7 u 8 años.

Mi abuela tenía en su casa un solar muy grande con matas de todo tipo de frutas. Había matas de guayaba, de cotoperí, de cambur, mamón, plátanos… Ese era mi pequeño reino, me la pasaba metido allí. Yo llegaba del colegio y comía frutas de todo tipo y por eso siempre me metía en problemas cuando me decían que tenía que terminarme toda la comida, que no me podía parar de la mesa hasta que no la terminara. También había matas de tártago, una fruta que crece en racimos parecidos a los mamones, pero llenos de espinas y con una china nos los lanzábamos. ¡Era un juego muy divertido!

¿Hay alguna enseñanza que te hayan dejado tus padres y que te haya marcado en la vida?

La honestidad, la responsabilidad y el cariño por la gente. Entre sus tantas matas, mi abuela también tenía una de guanábana que daba unas frutas espectaculares, y cada vez que hacía dulce de guanábana, que le quedaba delicioso, apartaba un poquito para regalar a los vecinos.

La disciplina y el respeto. Cuando alguien nos visitaba ya uno sabía que no debía estar allí porque solamente con la mirada nos decían que los adultos tenían cosas que hablar que no podíamos escuchar los niños.

Y el valor de la palabra. No decir nunca nada que no pudieras cumplir y si lo hacías, debías mantenerte firme en esa palabra. Y si no, es preferible quedarte callado entonces. No comprometerse, porque el decir algo te compromete a sostenerlo.  Todo esto lo aprendí de mi padre.

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Volviendo a lo de tu enfermedad, en una oportunidad dijiste que tu cáncer estuvo relacionado con el cierre de RCTV. ¿Cómo se da esa vinculación entre tu enfermedad y ese hecho?

Cuando era el presentador de El Observador debía hacerme anualmente un chequeo médico general, lo que llaman tutorial, un requisito para el seguro de vida. Cuando cierran la señal de RCTV a nivel nacional, que fue el primer cierre, decidí regalarnos un viajecito por Europa. Hay que señalar también que la familia Phelps le pagó su correspondiente liquidación a todo el personal, sin que le faltara un bolívar a nadie. Agarramos un tour muy económico, porque había que caminar mucho, pero muy bueno, porque yo creo que es así como uno conoce mejor los lugares que visita, caminando.

Cuando regreso, me dicen que RCTV va a salir de nuevo, ahora como un canal internacional, y que los directivos quieren que yo siga con ellos. Entonces tuve que hacerme de nuevo el tutorial para la renovación del seguro y en los resultados apareció una variación en el antígeno prostático, un marcador que no necesariamente indica que hay una afectación, pero puede ser una alerta de algo que debes comprobar con otros exámenes. Me hice todos esos exámenes adicionales y el antígeno seguía variando. Me tomaron una muestra y en las once punciones aparecieron células cancerosas. Llamé al consultorio del doctor René Sotelo, un médico muy reconocido en esta especialidad y que tiene muchísimos pacientes, y me dijo si me iba al consultorio al día siguiente muy temprano me examinaría al terminar de operar.

Eso fue un diciembre. Tras examinarme, me dijo:

—El 14 de enero tienes fecha para la operación.

—Día de la Divina Pastora, respondí yo.

Cuando llegó el día de la operación pedí al doctor que me permitiera mirar bien a la anestesióloga porque sería el último rostro bello que iba a ver en mi vida. Por supuesto, lo dije echando broma, porque estas cosas hay que tomarlas con mucho humor. Lo dije porque un tío mío, por parte de mamá, había muerto de cáncer de próstata y por eso pensaba que tal vez yo podría tener un destino similar.        

Pero no pasó, afortunadamente. Y como me gusta cantar, decidí entonces grabar un disquito para dejarlo de recuerdo para los amigos y la familia. Grabamos ese disco en una semana, con Nelson Alizo. Incluimos canciones de todos los extremos de Venezuela. Grabé como cinco mil discos y los terminé regalando, porque no se vendió ni para recuperar el costo, que salió de mi bolsillo. Lo titulé Con todo respeto, porque no soy cantante, pero lo hice con todo respeto para los cantantes, para los compositores y para los músicos. 

¿De dónde te viene esa vena musical?

Me viene de que toda la vida he sido medio parrandero (risas).

Mi mamá cantaba, mi tío también. Mi mamá le tenía casi que un altar a Carlos Gardel. Le gustaba mucho cantar tangos y cultivar orquídeas. Un señor que también las cultivaba se enteró de que mi mamá tenía una colección de orquídeas que eran una belleza y se presentó un día en la casa para verlas. Quedó impresionado. Le preguntó que qué le ponía a las matas para que estuvieran tan bonitas y ella le dijo que nada. El insistía, pidiéndole que compartiera su secreto con él, y ella le aseguraba que no le ponía nada especial a sus orquídeas, que solo las regaba en las mañanas y que mientras las regaba, cantaba. Y él concluyó que ese era el secreto; que, al cantar, las plantas recibían esa energía tan positiva y que por eso estaban tan bonitas.

Fíjate que hoy en día recomiendan poner la música de Mozart a los cultivos para que se desarrollen de manera más armónica. 

Siendo yo pequeño, a una vecinita que teníamos en Quebrada Honda le llevaron un piano y cuando lo vi dije en mi casa que me gustaría tocar piano. Pero me dijeron: “No, los pianistas solo viven tocando en bares y, además, para que llegues a ser un buen pianista se necesitan muchos años de estudio”. Y cuando me dijeron eso, yo, que era medio vago, dije “nooo, si apenas estoy en segundo grado y estoy peleando con los estudios, mejor no”. ¡Ni de casualidad! (risas).

Pero siempre me llamó la atención la música porque creo que es un lenguaje que no ofende, es un lenguaje de armonía, ritmo y melodía.  Me gusta cantar y tuve la suerte de que en Santa Mónica, con mi cuñado y con otros amigos que cantaban muy lindo, nos íbamos a dar serenatas, aunque en ese entonces aún no cantaba, solo tocaba las maracas.

Fue después que me animé a hacerlo, cuando fui invitado al Magnum City Club a una actividad que se llama Cantoterapia, donde la gente va y canta, acompañada de un tecladista, sin importar si desafina o si canta bien. Mi esposa, que sí canta muy lindo, cantó y me animó a que yo también lo hiciera. Ella dice que yo soy cantautor, porque empiezo a cantar una canción y cuando se me olvida la letra, la invento (risas). Entonces decidí aprenderme una canción completa para cantarla ese día y si no me iba bien, no cantaría más. Por eso escogí precisamente una canción que se llama Debut y despedida, de Chico Novarro. Quien acompañaba a los que cantaban era Nelson Alizo, que fue quien me animo a grabar el disco del que te hablé.

Destacaste que tu operación sería el Día de la Pastora. ¿Eres un hombre religioso?

Sí, Muchísimo, muchísimo. Soy devoto del Espíritu Santo. Creo en Dios, creo en Jesús, porque ¿tú sabes lo que es venir al mundo para dar tu vida y decirnos después “yo soy el camino, la verdad y la vida, te espero allá para servirte de abogado”? ¿Tú sabes lo que significa que alguien diga “yo doy mi vida y mi sangre para que ustedes se salven”? Cuando escuché eso, dije: “Este es el mío”. Es el único caso religioso donde Dios ha venido a buscar al hombre; en todos los demás, Dios busca al hombre. Jesús vino a buscar al hombre, se reunió nada más que con doce y uno le falló. Sin embargo, mira, estamos en 2022 y todavía seguimos hablando de ese evento que cambió el tiempo y la historia, que cambió todo. Esa es la religión que yo quiero y que además me gusta.

¿Eres practicante, vas a misa…?

Voy a misa los domingos. Y, además, tenemos la lectura en la parroquia Santo Tomás Apóstol, en La Trinidad, los últimos domingos de cada mes. Soy ministro de la lectura y he formado lectores para la Iglesia. Es una colaboración que hacemos con el mayor gusto.

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