Bayly cree que la partida de Edmundo González es un retroceso temporal para la oposición
Jaime Bayly expresó tristeza y decepción al informar que el presidente electo de Venezuela, Edmundo González Urrutia, había abandonado su país y solicitado asilo político en España.
Sigue un resumen, luego tienes el video y más abajo la transcripción.
Edmundo González no debió irse, según Jaime Bayly.
Según Bayly, aunque entiende el temor que motivó esta decisión, hubiera preferido que Edmundo se quedara en Venezuela, específicamente en la embajada española, donde ya estaba refugiado desde el 5 de septiembre. Esto tras haber pasado un tiempo en la embajada de los Países Bajos.
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Edmundo González no debió irse, según Bayly, pues sostiene que al irse, González Urrutia parece concederle una victoria al régimen de Maduro. Esto porque Bayly lo interpreta como una muestra de que el miedo logró doblegar al presidente electo.
Bayly comenta que aunque la partida de Edmundo es comprensible desde un punto de vista humano, le parece que ha dado un paso en falso.
En su opinión, al dejar Venezuela, Edmundo abandona a aquellos que confiaron en él, incluyendo a la líder opositora María Corina Machado, quien continúa en Caracas a pesar de la prohibición del régimen de presentarse como candidata presidencial.
Edmundo González no debió irse
Bayly reflexiona que si María Corina ha decidido quedarse, Edmundo debería haber hecho lo mismo y continuar ejerciendo presión desde la embajada española, en lugar de huir.
Bayly también reconoce que Edmundo no es un líder político tradicional, sino más bien un diplomático de buen corazón, lo que podría explicar por qué decidió exiliarse.
Sin embargo, Bayly señala que los grandes líderes políticos, como Leopoldo López, han demostrado un coraje extraordinario en momentos cruciales, enfrentándose a la adversidad sin dejarse paralizar por el miedo.
Comparó el caso de Edmundo con el de López, quien pasó más de siete años privado de su libertad, entre prisión y arresto domiciliario, sin optar por el exilio hasta que ya no tuvo otra opción.
Bayly lamenta que la huida de Edmundo, motivada principalmente por el temor a ser arrestado o que su esposa fuera detenida, le da al régimen de Maduro, así como a sus aliados como Jorge y Delcy Rodríguez, y a mediadores como José Luis Rodríguez Zapatero, la victoria que buscaban.
Desde su perspectiva, el régimen no tenía la intención de encarcelar a Edmundo, sino de asustarlo lo suficiente como para que huyera del país, lo cual, según Bayly, finalmente logró.
En cuanto a la figura de Zapatero, Bayly sugiere que su mediación, junto con el apoyo del gobierno español, facilitó la salida de Edmundo, lo que beneficia tanto a Zapatero como a Maduro, quien ya había insinuado que Edmundo escaparía.
Bayly lamenta que al final se cumplieran los pronósticos del régimen, quienes ridiculizaban a Edmundo diciendo que huiría del país en lugar de enfrentar la adversidad.
Aunque Bayly no considera que la partida de Edmundo signifique una derrota total, sí cree que es un retroceso temporal para la oposición.
Insiste en que la batalla por la libertad en Venezuela no ha terminado y que Edmundo podrá seguir presionando desde el exterior.
Sin embargo, considera que su liderazgo moral ha quedado debilitado al abandonar a los venezolanos que votaron por él.
Bayly concluye su reflexión reafirmando su compromiso de seguir luchando por la verdad y la libertad, y mantiene la esperanza de que Edmundo regrese a Venezuela y sea juramentado como presidente el 10 de enero.
Edmundo González no debió irse: Transcripción del video de Jaime Bayly.
Hola, ¿cómo están? Yo estoy triste y decepcionado.
El presidente electo de Venezuela, Don Edmundo González Urrutia, ha abandonado su país y ha viajado a España, país que le ha concedido asilo político.
Esto da la impresión de que se aleja de Venezuela y se refugia en España.
Yo hubiera preferido que no me odien, por favor, debo ser franco. Hubiera preferido que Don Edmundo se quedara en Caracas con María Corina y los millones de ciudadanos venezolanos que votaron por él.
Comprendo que estaba asustado; cómo no entenderlo, si habían dictado una orden de captura en su contra.
Pero ya estaba refugiado en la embajada española.
Hemos sabido que durante todo el mes de agosto, Don Edmundo, a quien veo con mucho respeto y admiración, estuvo escondido en la embajada de los Países Bajos en Caracas. A partir del jueves 5 de septiembre, se mudó a la embajada española.
Es decir, Don Edmundo ya estaba protegido, resguardado en la embajada española. Creo que debió quedarse ahí.
Al abandonar Venezuela y pedir asilo en España, da la impresión de que concede una victoria a la dictadura. Es decir, termina haciendo exactamente lo que la dictadura venezolana y sus agentes deseaban.
Ellos querían asustar a Don Edmundo, y por lo visto, lo han logrado.
Don Edmundo se asustó, pensó que iban a entrar en la embajada española a apresarlo o que iban a apresar a su esposa, y decidió marcharse cuanto antes y pedir asilo.
El ministro de Exteriores de España, el señor Álvarez, se apresuró a aclarar que el asilo le fue concedido a Don Edmundo a solicitud suya.
Yo hubiera preferido que se quedara en Caracas, en la embajada española. Creo que desde allí ejercía más presión contra el régimen de Maduro.
Estando allí, en suelo venezolano, demostraba que no se dejaba intimidar por los avances matonescos y prepotentes de la dictadura.
Si María Corina, que es mujer y fue prohibida de ser candidata presidencial, se ha quedado, me parece que Don Edmundo debió quedarse también, no en su casa, sino en la embajada española.
Está claro que Don Edmundo es un diplomático, un hombre tranquilo, de buen corazón, pero no es un gran líder político. Fue un líder elegido un poco por las circunstancias, por el azar, para ser candidato y lo había hecho muy bien.
No obstante, creo que esta partida al exilio forzado, dictada principalmente por el miedo, es un paso en falso.
Deja descolocada a María Corina y da la espalda a todos aquellos que votaron por él, que confiaron en él y que pensaron que él no se iba a rendir.
No digo que esta sea una rendición, pero es al menos una batalla que ha decidido no seguir peleando. Una batalla que ha concedido, que ha perdido.
La guerra, desde luego, continúa, y él seguirá ejerciendo presión desde Madrid.
Será un hombre libre y podrá volar por Europa y por el mundo.
Estos meses, de aquí a enero 10, cuando debería juramentarse, seguramente Edmundo ejercerá una presión importante desde el exterior.
A mí me queda un sabor triste, contrariado, un tanto melancólico.
Yo hubiera preferido que se quedara. Hubiera preferido que él dijera: «No les tengo miedo, acá me quedo».
Los grandes líderes políticos tienen que demostrarnos que en la hora crucial poseen un coraje que nosotros no tenemos.
Ellos, los grandes líderes políticos, sienten miedo, pero no permiten que el miedo les paralice y traspasan ese muro, esa barrera imaginaria, el muro del miedo, y dicen: «Aquí me quedo».
Pienso en Leopoldo López, que se quedó casi cuatro años encarcelado en Ramo Verde y luego otros años más en su casa en Caracas.
En total, fueron más de siete años que Leopoldo se encontró despojado de su libertad. Entregó su libertad y seguramente tuvo miedo, pero no se fue. Se fue cuando ya no había otro recurso.
Así las cosas, creo que es un triunfo, y lamento decirlo, pero es un triunfo para la dictadura venezolana.
Que el presidente electo de ese país, Don Edmundo, tan querido, haya escapado, se haya fugado al exilio, se haya visto invadido por el miedo y haya contemplado la posibilidad de una carcelería inminente.
Él razonó: «Tengo 75 años, tengo dos hijas, tengo cuatro nietos, quiero cuidar a mi esposa. Merezco una vida tranquila, sosegada y feliz, y es la vida que voy a tener en Madrid, en España, y ya no aquí en Caracas».
Digo todo esto con dolor.
Me cuesta mucho decir que en esta operación, en esta partida, el exilio forzado de Don Edmundo ganan Maduro, ganan Jorge y Delcy Rodríguez, gana Cabello, gana el innombrable Zapatero, que ha sido el mediador.
Los espadones de la dictadura venezolana querían que Zapatero persuadiera a Edmundo de irse al exilio. Lo habíamos dicho aquí: no van a meter en la cárcel a Don Edmundo, lo que quieren es asustarlo.
A Guaidó ahora mucha gente lo critica, pero es muy fácil criticar.
Guaidó aguantó en Venezuela desde 2019 hasta 2023 y ejerció mal como presidente interino. Salía de Venezuela, tenía reuniones importantes con grandes líderes mundiales, regresaba a Venezuela, daba la cara, ponía el pecho, no se escondía.
No se atrevieron a encarcelarlo porque era el presidente interino y no se habrían atrevido a encarcelar a Don Edmundo, porque todo el mundo sabe, incluyendo los militares venezolanos, que él es el presidente electo de Venezuela.
Edmundo González no debió irse, pero se perdió una batalla, no se perdió la guerra.
Hubiera sido mejor que Don Edmundo se quedara en la embajada española.
No era tanto tiempo lo que uno le pedía. Tenía que quedarse poco más de cuatro meses, lo que queda de septiembre, octubre, noviembre y diciembre, hasta el 10 de enero.
Solo hasta el 10 de enero.
Cuatro meses tenía que quedarse en la embajada española.
Los agentes de Maduro, sus sicarios, no iban a entrar a la embajada española. Ahí estaba tranquilo Don Edmundo, acompañado de su esposa. Ahí se tenían que quedar, porque era una manera también de acompañar a María Corina.
Edmundo González no debió irse, pero se fue. ¿Cómo queda María Corina?
María Corina queda sola, desprotegida.
Si el presidente electo escapa, y María Corina dice: «Yo no me voy, yo me quedo aquí hasta el final», se burlan de ella.
Naturalmente, ha salido el despreciable fiscal Saab a decir que es el final, el triste final de una comedia. De una comedia bufa, porque habían dicho: «Hasta el final». Y este fue el final. El presidente electo toma un avión y escapa a España, busca su libertad, su comodidad, su bienestar, la armonía familiar. Todo lo cual es perfectamente comprensible en un ciudadano común y corriente.
Pero en este momento, él ya no es un ciudadano común y corriente.
Cuando eligió ser candidato presidencial, tenía que saber que lo más probable es que ganara y que después vendría la persecución.
Tendría que haber calculado: «Voy a ganar y luego vendrán a por mí».
No han tenido un buen plan de contingencia para los días posteriores a la victoria, porque estaba claro que Maduro no iba a reconocer su derrota.
Estaba clarísimo que no iba a felicitar a Edmundo. Estaba cantado que iban a dictar órdenes de captura en su contra.
Había que tener un plan B, pero un plan B que fuera mejor que este plan C que ha resultado: «Tengo miedo, vienen a por mí y me escapo a España».
Principalmente, ha sido una victoria, y esto me duele decirlo, también para Zapatero, porque ha jugado para Pedro Sánchez. Son amigos, y a Sánchez le convenía.
Esto no es cierto: «Don Edmundo es un héroe, él nos ha pedido el asilo y se lo hemos concedido».
Es un triunfo para el amigote de Zapatero, o sea, Maduro, porque Maduro venía diciendo: «Está escondido, está enconchado, es un cobarde, tiene miedo, se va a escapar».
Entonces, claro, Maduro ahora dice: «Ustedes votan por un líder político que, frente a la adversidad, escapa al exilio».
Es un triunfo de Maduro, de los hermanos Rodríguez, de Zapatero, y es un revés apenas temporal, un paso en falso que se podrá corregir luego.
Don Edmundo, el presidente electo de Venezuela, por razones humanas comprensibles, ha rebajado su liderazgo moral, dejando sola a María Corina y dándole la espalda a aquellos que votaron por él.
Sin embargo, seguiremos dando la batalla, la modesta batalla de defender la verdad y la libertad.
Y abrazaremos la ilusión de que el 10 de enero, Edmundo González Urrutia estará de regreso a su patria y se juramentará como presidente.
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