Olot era un lugar tranquilo, un pueblo de montaña de no más de 30.000 habitantes
Una noche, María Àngels Feliu cerró su farmacia, subió a su coche para volver a casa y nunca llegó.
María Àngels Feliu
En cuestión de horas, su desaparición se convirtió en un misterio que desbordó a la policía local. Sacudió a toda la provincia y dividió al país entre los que creían en un secuestro y los que sospechaban de algo más. Y mientras la justicia y los medios la daban por muerta, María Ángels se encontraba viva y encerrada bajo tierra, en un diminuto hueco donde estuvo cautiva por 492 días.
Lo que parecía un crimen con fines económicos terminó revelando algo mucho más profundo. La torpeza, la rivalidad y la desconfianza de un sistema que falló en todos los niveles.

La noche del 20 de noviembre de 1992, María Angels Feliu cerró su farmacia en el centro de Ulot, guardó la recaudación y condujo hacia su casa donde la esperaban su esposo y sus tres hijos. Al llegar al garage, bajó del auto y en cuanto volteó para sacar una bolsa del asiento trasero, un hombre encapuchado y armado con una escopeta recortada se acercó y la obligó a subir nuevamente.
Luego, un segundo hombre subió con ellos, se puso al volante y se fueron. Así, uno de los secuestros más largos en la historia de España acababa de comenzar. Mariels fue llevada hasta un descampado donde la trasladaron a otro auto para dejar el suyo abandonado. Desde ahí fueron hasta una calle cercana donde la volvieron a cambiar de automóvil, aunque esta vez le cubrieron la cara y la metieron en el maletero.
Recién ahí fue trasladada al que sería su último destino por 16 meses.
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