“El límite lo marca Estados Unidos”: la supervivencia inteligente del chavismo tras la captura de Maduro

A un mes de la captura de Nicolás Maduro, el sistema ensaya un pragmatismo extremo para mantenerse en pie. La analista Maira Pereira advierte que la cúpula está haciendo “lo necesario” para preservar el poder bajo la sombra de Washington, mientras la oposición democrática queda desplazada de un tablero donde la Casa Blanca tiene la última palabra

“El chavismo está siendo inteligente. Yo sé que posiblemente esto es algo que a mucha gente no le gusta escuchar, pero está haciendo lo posible para mantenerse en el poder. Si tiene que hacer concesiones para mantenerse en el poder, lo va a hacer”, afirma Pereira con crudeza. En su análisis, el grupo que hoy administra el Estado no actúa como una cúpula derrotada, sino como un actor que “está haciendo lo que tiene que hacer para quedarse allí”.

Venezuela habita hoy un mapa de líneas difusas. A treinta días del estruendo que sacudió los cimientos de Fuerte Tiuna y terminó con la hegemonía de Nicolás Maduro, el país no ha entrado en una transición convencional, sino en un complejo ejercicio de reacomodo. Para la socióloga y analista política Maira Pereira, fundadora de la plataforma Miss Política, lo que estamos presenciando es una mutación estratégica donde el instinto de preservación del sistema ha pasado a primer plano.

El árbitro está en Washington

El balance de este primer mes sin Maduro arroja una realidad incómoda para los actores internos: la soberanía de la decisión parece haber cruzado el Caribe. Según Pereira, la dinámica de cambio en Venezuela no responde hoy a las presiones de la calle ni a la estrategia de los partidos locales, sino a un pacto de supervivencia condicionado.

“El límite no lo marca la oposición venezolana, tampoco el pueblo, el límite lo marca el gobierno de Estados Unidos”, sentencia la analista. Esta tesis coloca a la administración de Donald Trump como el verdadero elector de la profundidad del cambio. “Si el gobierno de Trump se conforma con la liberación de presos políticos, pero no exige una comisión para la verdad y la reconciliación, pues eso es lo que el chavismo te va a dar”.

Esta configuración ha generado un efecto secundario peligroso: el aislamiento de las fuerzas democráticas que lideraron la ruta electoral de 2025. Pereira observa con preocupación cómo el ejercicio del poder se ejecuta sin una intervención directa de la oposición, lo que deja a figuras como María Corina Machado y Edmundo González Urrutia “un poco al margen”. “Es peligroso porque no está participando un actor democrático importante dentro del contexto de lo que está pasando en territorio venezolano”, advierte.

Amnistía: “Anuncios sin contenidos”

En este escenario de estabilidad pactada, la Ley de Amnistía ha surgido como la gran promesa de la nueva cúpula para desescalar la presión. Sin embargo, Pereira insiste en que el país debe transitar este camino con la cabeza fría, alejándose de la emocionalidad para lograr conciliar la situación.

El problema, hasta ahora, es la opacidad del proceso. “Se nos están dando anuncios, pero no se nos han dado contenidos”, señala. La analista sostiene que la verdadera naturaleza del proceso se revelará solo cuando el texto sea publicado y se definan con precisión conceptos clave como «presos políticos» y «delitos conexos». “Cuando salga el texto publicado nos vamos a dar cuenta si existe buena intención o es solo un maquillaje. Todo tiene que estar muy especificado”.

El Helicoide: ¿reparación o limpieza de narrativa?

Quizás el anuncio más simbólico de este primer mes ha sido el cierre de El Helicoide. La mole de concreto, que Pereira define como un “símbolo de tortura y represión”, será transformada en un centro deportivo y comercial. Aunque reconoce que el cierre es una noticia positiva, la socióloga cuestiona el trasfondo ético de la propuesta.

“¿Qué significa esto? Ahora la gente se va a poder entretener en un lugar donde torturaron gente. Es una forma simplista de borrar lo que pasó y todavía está pasando”, denuncia. Para Pereira, esta transformación es un intento de “limpiar narrativas” que busca ocultar una historia oscura sin que medie una disculpa o una reparación real a las víctimas.

El cierre de este símbolo, además, deja una pregunta inquietante en el aire sobre la estructura represiva que no se ve: ¿Qué pasa con los centros clandestinos? “Valdría la pena preguntarse cuántos centros clandestinos hay en Venezuela. ¿Se cierra el símbolo, pero qué pasa con los demás?”, cuestiona Pereira, sugiriendo que la «normalidad» podría ser apenas una fachada para desviar la mirada de Washington.

Venezuela termina su primer mes post-Maduro en un estado de suspensión. Al decirnos que cierran El Helicoide, concluye Pereira, el sistema nos dice “lo que queremos oír, pero no necesariamente nos da lo que realmente queremos”. La supervivencia inteligente del chavismo ha logrado, por ahora, cambiar los colores del laberinto, pero las heridas siguen abiertas bajo un suelo que todavía no conoce la justicia.

Curadas / Vía El Nacional

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