El dato nuevo y decisivo es que el tiempo importa tanto como el contenido: así como en el primer mes post 3E se hizo mucho en poco tiempo, el segundo mes debería servir para hacer mucho más y más rápido, con el objetivo claro de aceleración política y económica que no debería ir más allá del inicio de la campaña de medio término en Estados Unidos; porque después de ese punto la ventana internacional para empujar la transición se estrecha
El cuadro general sigue siendo de realismo informado: hay cambios reales desde el 3E (reforma petrolera, potencial de producción mayor, ley de amnistía, operaciones conjuntas Saab–Gorrín, pérdida de miedo social), pero el centro de poder de la revolución sigue en manos de Diosdado Cabello, que usa a Delcy como ejecutora dual (hacia Trump–Rubio–Dogu y hacia adentro) y mantiene intacto el aguijón del escorpión mientras ensaya un repliegue táctico.
La coexistencia de dos asambleas –una alineada con el poder de facto y otra con referencia democrática– refleja un país roto, pero también el hecho de que solo EEUU puede imponer una solución, lo que permite espacios de acción que de otra forma no podrían siquiera considerarse.
El dato nuevo y decisivo es que el tiempo importa tanto como el contenido: así como en el primer mes post 3E se hizo mucho en poco tiempo, el segundo mes debería servir para hacer mucho más y más rápido, con el objetivo claro de aceleración política y económica que no debería ir más allá del inicio de la campaña de medio término en Estados Unidos; porque después de ese punto la ventana internacional para empujar la transición se estrecha.
1. Nueva base de poder: petróleo, amnistía, doble mando y bienestar
La reforma parcial de la Ley de Hidrocarburos por parte de la AN chavista, abre el juego a más capital privado y mixto, permite a socios minoritarios comercializar directamente crudo, abrir cuentas en el exterior y gestionar operaciones, siempre bajo control formal del Estado; flexibiliza la estructura de empresas mixtas y contratos, facilita el arbitraje independiente y reconoce de facto contratos de la “ley antibloqueo”.
Lo cual significa que solo tiene efectos internos, y que si no se alcanza un marco de legitimidad que la convalide, será algo que no dará las garantías amplias que requiere la inversión extranjera nueva. Este cambio solo alcanza a empresas que ya están operando por estar asociadas al chavismo, como Chevron, ENI y Repsol que ahora podrán operar con más margen, manejar divisas y recuperar inversión, mientras el chavismo preserva el “dominio público” y la capacidad de veto; el escorpión comparte la renta, no el poder.
Hoy la producción ronda los 861 mil bpd y los expertos estiman que, con inversión y estabilidad política básica, podría subir a 1,0–1,1 mbd en 2026 y 1,1–1,3 mbd (máx. 1,4 mbd) en 2027, lo cual podrá alcanzarse solo en el marco de la confianza que da la institucionalidad democrática que hoy no existe; de otra manera será más de lo mismo, pero ahora sin sanciones.
Para Cabello–Delcy, la mejora petrolera es oxígeno político si logran presentarla como “normalización” sin cambio de fondo; para el proyecto de MCM, en cambio, el petróleo solo tiene sentido si se convierte en una palanca directa de bienestar ciudadano, empezando por salarios dignos y servicios mínimos en las zonas más castigadas.
Que debe convertirse rápidamente en servicios, salarios reales y empleo productivo, y no solo en oxígeno fiscal para el chavismo. Lo cual implica plazos y prioridades: en los próximos 3–6 meses la gente debe empezar a sentir mejoras visibles en electricidad, agua, transporte, alimentación y salud, aunque sea de forma desigual y progresiva; y a partir de allí, el incremento petrolero tendría que sostener aumentos reales de ingreso, estabilización de precios básicos y recuperación de inversión privada en sectores intensivos en empleo.
Si el impacto social de la renta se retrasa demasiado –por ejemplo, más allá del arranque de la campaña de medio término en EEUU– la narrativa de transición útil para la gente se vacía y el proyecto corre el riesgo de no avanzar: la impaciencia social puede transformarse en frustración o en estallido.
Por otra parte, la Ley de Amnistía, Reconciliación y Reencuentro Nacional, con impacto interno, limpia el terreno para liberar presos políticos, permitir regreso de exiliados y normalizar la oposición democrática; lo cual tiene un impacto directo en el tejido social con familias reunidas, profesionales que regresan, organizaciones que recuperan cuadros y experiencia.
No obstante, habría que ser precavidos porque el poder represivo sigue intacto, solo que transitoriamente replegado… Hasta que el repliegue no sea el desarmado total de las fuerzas del mal, nadie estará seguro en Venezuela.
En manos de Cabello–Delcy, sin embargo, la amnistía puede ser arma de doble filo (gesto de apertura o puerta giratoria), por lo que su legitimidad dependerá de que la gente perciba que no es solo un intercambio entre élites, sino una herramienta concreta para reconstruir confianza, organización social y canales de participación.
Desde el 28J24, el jefe real de la revolución es Diosdado Cabello; Delcy opera como ejecutora dual, respondiendo hacia afuera al triángulo Trump–Rubio–Dogu (estabilidad, petróleo, relato de triunfo democrático) y hacia adentro a Diosdado (supervivencia del núcleo duro sin entregar la revolución).
Operativamente, Delcy irá cumpliendo mandatos externos “un día a la vez”, hasta donde Cabello lo autorice, manteniendo siempre capacidad de reversa; el problema es que el bienestar de la gente no puede esperar el ritmo de esa doble lealtad, y de allí la importancia de fijar un objetivo de aceleración con fechas específicas donde se muestre un paquete mínimo de mejoras visibles y reglas básicas.
2. Riesgos y oportunidades: escorpión, rana, calle, dos asambleas y la vida diaria
EEUU ha permitido que el chavismo, vía Delcy, se suba sobre su espalda para cruzar el río de la transición, evidenciado en la cooperación Sebin–FBI–CIA en Saab/Gorrín, validación de Delcy como “interina” y apoyo a la reforma petrolera como plataforma para inversión.
La apuesta implícita es que el aparato represivo está bajo control y que la necesidad de inversión externa limita el uso del aguijón; pero la estructura de poder de Cabello sigue intacta, y solo replegada; el riesgo central es que, si la presión social se desordena o si las exigencias externas se perciben como inaceptables, el escorpión vuelva a picar con colectivos, tribunales, cuerpos de seguridad y censura.
La gente ya empezó a perder el miedo, salen más, protestan más, hablan más; Venevisión rompió simbólicamente el cerco mediático y otros medios, especialmente streamers, tantean el terreno.
Para Washington, esto es una condición necesaria para sostener que hay una transición apoyada por el pueblo, pero para las familias venezolanas lo fundamental no es solo poder protestar, sino que protestar tenga sentido porque se conectan las demandas con mejoras concretas en servicios, ingresos y oportunidades.
La ecuación sigue rota: Cabello–Delcy tienen el poder concreto (aparato, armas, renta), pero sin pueblo; MCM tiene al pueblo, pero no el poder.
El punto crítico será cuando la movilización popular deje de ser “ventana” y empiece a rozar el borde del alzamiento descontrolado; aunque sin conducción política clara, la frustración puede disparar una escalada que termine perjudicando justamente a quienes más sufren; con conducción orientada al bienestar, la presión social puede obligar a adelantar concesiones reales en materia de servicios, salarios, cronogramas y garantías.
Hay que reconocer que hay avances reales (reforma de hidrocarburos, ley de amnistía, detenciones impensables hace un año, apertura mediática incipiente, pérdida de miedo), pero el núcleo duro del poder no ha sido golpeado y el aparato de represión está intacto, aunque en modo espera.
Por eso la categoría adecuada no es “optimismo informado” sino “realismo informado”: reconocer oportunidades, anclar el análisis en la vida concreta de la gente y entender que la ventana de aceleración es corta; si en los próximos meses no se sienten mejoras tangibles y no se fijan reglas claras antes de que la política norteamericana se meta en su propio ciclo electoral, la transición puede entrar en arenas movedizas.
3. Escenarios: transición útil para la gente o reciclaje estéril
- Escenario A: Transición negociada con desarme progresivo del aguijón y foco social
En este escenario, el bloque Trump–Rubio–Dogu usa la reforma de hidrocarburos y el potencial de producción como zanahoria, y la cooperación judicial (Saab, Gorrín, otros) como palo selectivo, vinculando explícitamente cada avance energético a pasos verificables en libertades, justicia y bienestar.
Cabello acepta desmovilizar gradualmente las estructuras represivas más visibles a cambio de preservar al PSUV como fuerza legal y de obtener garantías personales; la amnistía se aplica de forma amplia, con exclusiones claras para crímenes graves, permitiendo el regreso de líderes y cuadros técnicos que puedan aportar a la reconstrucción.
Se negocia un calendario de transición articulado con las etapas planteadas por MCM (100 horas / 100 días / 15 años) y las fases de Rubio (estabilización, recuperación, transición), pero ahora con una condición explícita: que desde el segundo mes post 3E se muestren resultados concretos en servicios, abastecimiento y seguridad cotidiana, y que antes del inicio de la campaña de medio término en EEUU exista un paquete básico de reformas y mejoras irreversibles.
MCM y su bloque entran a la arquitectura de poder de transición con un mandato claro: orientar la renta petrolera adicional a políticas visibles y rápidas en favor de la gente (salud, educación, redes de protección básica, salarios públicos prioritarios), evitando que toda la mejora se quede en licencias, balances y narrativas.
- Escenario B: Reciclaje autoritario con mejora económica relativa pero sin bienestar compartido
Aquí la reforma de hidrocarburos y el repunte petrolero se utilizan principalmente para recomponer las finanzas del Estado bajo control de PSUV–AN–Cabello, con flexibilización de sanciones y cierta entrada de inversión, pero sin cambio político de fondo ni transformación del modelo de distribución de la renta.
La amnistía se convierte en herramienta de disciplinamiento selectivo y la dualidad de asambleas se normaliza como parte del decorado; la gente puede percibir alguna mejora en el abastecimiento o en la estabilidad de servicios, pero sin recuperación clara de salarios ni apertura sostenida de oportunidades, lo que mantiene la sensación de “mejoría arriba, estancamiento abajo”.
Si este escenario se prolonga más allá del giro de la política estadounidense hacia su ciclo electoral, la capacidad externa de incidir disminuye y la dinámica interna se rigidiza: la prioridad deja de ser el bienestar y vuelve a ser la supervivencia del sistema, con el riesgo de un nuevo ciclo de frustración y radicalización social.
- Escenario C: Ruptura de control y estallido híbrido con alto costo social
En este caso, la combinación de hambre, tarifas, corrupción visible y sensación de engaño –sumada a la percepción de que las mejoras prometidas no llegan– detona un alzamiento híbrido, amplificado por medios más irreverentes y redes.
Cabello intenta reactivar al máximo el dispositivo represivo, Delcy queda atrapada entre mandatos internos y externos, la producción petrolera se resiente por conflictos y sabotajes, y la ventana para una transición ordenada se estrecha drásticamente, afectando directamente la vida diaria de la gente con más escasez, más incertidumbre y más violencia.
4. Recomendaciones ajustadas al bienestar y al tiempo
- Para el trío Trump–Rubio–Dogu
La prioridad debería ser amarrar petróleo a democracia y bienestar: cada flexibilización de sanciones, cada licencia, cada contrato nuevo debería estar condicionada no solo a hitos institucionales (amnistía, garantías para medios, cronograma), sino también a indicadores mínimos de impacto social (mejoras medibles en servicios, abastecimiento y protección de los más vulnerables).
El mensaje clave: “Cada aumento de producción estable y cada dólar de inversión irá de la mano de pasos concretos en justicia, libertades, reglas del juego y mejoras visibles en la vida de la gente, especialmente antes del arranque de la campaña de medio término en EEUU”.
- Para Cabello–Delcy
Convertir el poder de facto en poder negociado implica asumir que el tiempo del control total terminó y que la única forma de preservar parte de su influencia es vincularse a una transición que muestre resultados rápidos y tangibles para la población.
Dar señales inequívocas de desarme progresivo del aguijón y de uso social de la renta puede reducir el riesgo de estallidos descontrolados y mejorar su propio margen de negociación, siempre que esas señales se concreten en hechos visibles en los primeros meses, y no en promesas lejanas.
- Para MCM y su proyecto
La tarea central es traducir el discurso de transición en un paquete claro de beneficios tempranos para la gente: vincular el aumento de producción petrolera y las reformas institucionales con metas concretas de bienestar en plazos cortos (100 horas, 100 días) y con un horizonte más largo (15 años), pero evitando que el énfasis en el diseño termine diluyendo la urgencia.
Además, debe insistir en que, si el proceso se demora más allá del punto de inflexión de la política estadounidense, la correlación de fuerzas puede dejar de ser favorable y el proyecto puede no avanzar; esto obliga a pedir más y más rápido en el segundo mes post 3E, que en el primero.
- Para el pueblo llano de Venezuela
El realismo informado para la gente significa dos cosas al mismo tiempo: entender que hay una pelea en curso por quién capitaliza el repunte petrolero y la amnistía, y usar la pérdida de miedo para exigir no solo libertades, sino resultados concretos en la vida diaria.
Documentar abusos, apoyar medios que arriesgan y reclamar un cronograma de transición es importante, pero igual de importante es demandar que cualquier acuerdo se traduzca en mejoras visibles en servicios, ingresos y oportunidades para quienes han cargado con el costo de la crisis.
Y estar preparados para salir a la calle cuando las circunstancias lo indiquen.
5. Ventana corta, prioridad larga
Hay que acordar rápidamente una hoja de ruta institucional básica –con garantías para todos los actores– y un compromiso claro de impacto social de la renta; más allá de ese umbral, el margen de aceleración disminuye y crece el riesgo de que la transición se estanque o derive en reciclaje autoritario.
En términos simples: hay recursos, leyes nuevas, dos asambleas y una correlación de fuerzas que hacen posible una salida democrática útil para la gente, pero mientras el jefe real de la revolución siga intacto y el aguijón no esté desarticulado, todo avance será reversible.
La tarea de estos meses es lograr que el poder se acerque al pueblo que ya perdió el miedo, que la mejora petrolera se traduzca rápido en bienestar y que el liderazgo de MCM deje de ser solo social para convertirse también en institucional, antes de que la ventana internacional se estreche por el ciclo electoral estadounidense.
Cabe mencionar que a lo largo de este análisis no fue necesario apelar a la figura de Maduro, mostrando que su relevancia era meramente institucional, pues era el actor y vocero del verdadero jefe de la revolución. Y los que no lo creían así y operaban en consecuencia, ahora están pagando el precio de la purga impulsada por el chavismo y llevada a la práctica en los hechos por EEUU.