Trump rompe un tabú al hacerse con el petróleo de Venezuela

Durante mucho tiempo se ha acusado a los presidentes de EE.UU. de conspirar para controlar el crudo extranjero. Pero el presidente Trump ha afirmado que su país tiene derecho a él.

El presidente George W. Bush dijo que invadía Irak para mantener la seguridad de Estados Unidos. Pero los críticos vieron un motivo oculto: el petróleo.

“¡No más sangre por petróleo!” se convirtió en un grito de protesta mundial, y el presidente de Irak, Sadam Husein, acusó a Bush de intentar “controlar el petróleo de Medio Oriente”.

El gobierno de Bush rechazó la acusación y se empeñó en refutarla. Tras invadir y ocupar Irak en marzo de 2003, los funcionarios de Bush tuvieron cuidado de dejar a los iraquíes el control de su industria petrolera, y nunca buscaron un trato especial para las empresas estadounidenses.

Cuando los inversores extranjeros entraron en el país, los mayores ganadores con diferencia no fueron las empresas estadounidenses, sino las chinas.

Durante mucho tiempo se ha acusado a los presidentes estadounidenses de conspirar para controlar el petróleo extranjero. Pero, aunque Estados Unidos ha entablado relaciones e incluso ha intervenido en el extranjero por el petróleo, nunca se ha hecho simplemente con el control de las reservas de petróleo de otro país.

“No se me ocurre ninguna operación militar en la que Estados Unidos haya intervenido para realmente arrebatar el petróleo a nadie”, dijo Richard Fontaine, director ejecutivo del Centro para una Nueva Seguridad Estadounidense.

Hasta ahora.

Inmediatamente después de que las fuerzas estadounidenses capturaran al líder de Venezuela, Nicolás Maduro, en enero, el presidente Donald Trump anunció planes para tomar el control de la industria petrolera del país.

Desde entonces, Trump ha obligado al gobierno de Venezuela a empezar a “entregar” hasta 50 millones de barriles para que Estados Unidos los venda, y está presionando a las empresas estadounidenses para que empiecen a perforar en el país, que se asienta sobre las mayores reservas probadas de petróleo del mundo.

“El pueblo de Estados Unidos va a ser el gran beneficiario”, dijo Trump en la Casa Blanca el mes pasado. (Trump dice que se devolverán a Venezuela algunos ingresos del petróleo, pero no especifica la cantidad).

A finales de enero, el Congreso venezolano aprobó una ley que abre el sector petrolero del país, en su mayor parte estatal, a una mayor inversión extranjera, una decisión que, según señalan los críticos, se tomó mientras buques de guerra estadounidenses flotaban cerca de la costa venezolana.

“Les están quitando el petróleo a punta de pistola”, dijo el senador demócrata por Connecticut Christopher S. Murphy al secretario de Estado Marco Rubio en una audiencia celebrada a finales de enero. Trump está vendiendo “petróleo robado”, ha acusado el representante Thomas Massie, republicano por Kentucky.

Una estatua de dos hombres utilizando una plataforma petrolífera.
Un monumento a los trabajadores del petróleo en Cabimas, Venezuela. Trump ha acusado a Venezuela de “arrebatarnos nuestro petróleo” y “robarnos nuestros activos” en 2007, cuando aumentó el control estatal sobre su industria petrolera.Credit…Leonardo Fernandez Viloria/Reuters

La fijación de Trump con el crudo venezolano es un tanto desconcertante, dado que los precios mundiales del petróleo son relativamente bajos y que Estados Unidos es ahora un exportador neto de energía que ya no depende del suministro de petróleo extranjero.

A pesar de ello, los analistas afirman que Trump está confirmando algunas de las peores sospechas sobre los motivos de Estados Unidos en todo el mundo. También corre el riesgo de enfurecer a los venezolanos comunes, quienes podrían oponerse a los esfuerzos estadounidenses por perforar su petróleo —posiblemente con violencia— y resistirse a un alineamiento político con Washington.

“Una lección que surgió de Irak”, dijo Meghan O’Sullivan, exfuncionaria del gobierno de Bush que trabajó estrechamente en la política de Irak, “fue lo tóxica que puede ser la narrativa del petróleo, y lo potente que puede ser para fomentar el sentimiento antiestadounidense”.

Los críticos afirman que el plan de Trump reaviva amargos recuerdos de la explotación colonial y viola flagrantemente el derecho internacional, incluida una resolución de las Naciones Unidas de 1974 que afirma que todo país tiene pleno derecho a “todas sus riquezas, recursos naturales y actividades económicas”.

En China, una portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores dijo el mes pasado que Trump “intimidaba” a Venezuela para que renunciara a su petróleo. España se unió a cinco países latinoamericanos, entre ellos México y Brasil, para denunciar la “apropiación externa” de los recursos naturales de Venezuela como ilegal.

Trump ha intentado darle la vuelta a la situación, y ha acusado a Venezuela de “arrebatarnos nuestro petróleo” y “robarnos nuestros activos” en 2007, cuando el país aumentó el control estatal sobre su industria petrolera y obligó a dos de las tres empresas estadounidenses que operaban en el país a abandonar sus proyectos con un costo considerable.

No está claro si esa es la verdadera motivación de Trump. Ha afirmado el derecho de Estados Unidos a “llevarse el petróleo” de otros países, desde Irak a Siria y Libia, aunque no lo haya hecho antes.

Se trata de una ruptura brusca con décadas de precedentes, dijo O’Sullivan.

“En general, Estados Unidos se ha centrado en garantizar el acceso al petróleo y el buen funcionamiento de los mercados mundiales del petróleo, lo cual es distinto del control físico del petróleo”, dijo.

El petróleo ha marcado la política exterior estadounidense al menos desde 1941, cuando el presidente Franklin D. Roosevelt impuso un embargo de petróleo al Japón imperial para frenar su agresión en Asia. Japón respondió al atacar Pearl Harbor, lo que arrastró a Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial.

Un hombre trajeado subido a hombros de otros hombres en una multitud.
El primer ministro de Irán, Mohammed Mossadegh, con partidarios tras declarar sus planes de nacionalizar el sector petrolero del país en 1951. El gobierno de Eisenhower se unió al Reino Unido para fomentar un golpe de estado en 1953 que lo derrocó.Credit…Associated Press

El carácter industrial de la guerra demostró que la seguridad nacional dependía del acceso al petróleo. En 1946, el Estado Mayor Conjunto estadounidense advertía del riesgo de “una guerra por falta de petróleo” si Estados Unidos perdía el acceso a los suministros de Medio Oriente. Esa mentalidad dio lugar al cortejo estadounidense de Arabia Saudita, donde se descubrieron enormes reservas de petróleo en 1938.

Irán también surgió entonces como un importante proveedor de petróleo de Occidente. Pero en 1951 estalló una crisis cuando el nuevo primer ministro iraní, Mohammed Mossadegh, nacionalizó la industria petrolera de su país. Preocupado por la posibilidad de que Mossadegh aislara a Occidente y “negara el petróleo iraní al mundo libre”, como diría más tarde un memorando político del Consejo de Seguridad Nacional, el gobierno de Dwight Eisenhower se unió al Reino Unido, que había perdido una importante participación petrolera en Irán, para fomentar un golpe de estado que derrocó al dirigente iraní en 1953.

Sin embargo, Estados Unidos no intentó hacerse con el control del petróleo iraní. El memorando del NSC (Consejo de Seguridad Nacional, por su sigla en inglés), redactado pocos meses después del golpe, decía que el gobierno estadounidense debía ayudar a Irán a seguir siendo una nación “independiente”, en parte apoyando el desarrollo de su industria petrolera.

Se trataba de un caso en el que los intereses nacionales y el afán de lucro coincidieron. Las compañías petroleras estadounidenses y británicas obtendrían grandes beneficios después del golpe al hacer negocios con el sha de Irán, afín a Occidente, como señalan los críticos que citan el episodio como prueba de la codicia y la traición estadounidenses.

Después de décadas de negaciones oficiales por parte de Estados Unidos, la CIA admitió finalmente en 2013 su papel en el derrocamiento de Mossadegh.

En su discurso sobre el Estado de la Unión de 1980, el presidente Jimmy Carter hizo una declaración dramática: Estados Unidos libraría una guerra por el petróleo.

Una enorme columna de llamas rojas con humo negro.
El humo de los pozos de petróleo en llamas cubrió el cielo de Kuwait en 1991. Después de que las fuerzas estadounidenses liberaran el país, el presidente George H. W. Bush no hizo ningún esfuerzo por hacerse con el control del petróleo.Credit…Ángel Franco/The New York Times

“Nuestra excesiva dependencia del petróleo extranjero es un peligro claro y presente para la seguridad de nuestra nación”, explicó Carter. Así pues, cualquier intento de una potencia exterior de controlar el golfo Pérsico y su petróleo “se considerará un asalto a los intereses vitales de los Estados Unidos de América”, y “sería repelido por cualquier medio necesario, incluida la fuerza militar”.

La Doctrina Carter, como llegó a conocerse esa postura, fue impulsada por la invasión soviética de Afganistán meses antes. A los funcionarios estadounidenses les preocupaba que los soldados soviéticos pudieran continuar hacia el oeste, hacia los campos petrolíferos del vecino Irán.

Eso no ocurrió. Pero una década después, Estados Unidos lanzaría su primera guerra por el petróleo.

En agosto de 1990, Irak invadió Kuwait, su vecino rico en petróleo. El presidente George H. W. Bush decidió rápidamente responder con la fuerza. Argumentó que era vital defender el orden mundial. Pero no ocultó su motivo económico para liberar los yacimientos petrolíferos de Kuwait del control de Husein. “No podemos permitir que un recurso tan vital sea dominado por alguien tan despiadado”, declaró Bush.

Su secretario de Estado, James A. Baker, explicó por qué: “Si quieres resumirlo en una palabra, es ‘empleos’”.

Después de que las fuerzas estadounidenses liberaran Kuwait, Bush no hizo ningún esfuerzo por hacerse con el control del petróleo. Incluso declinó las agradecidas ofertas kuwaitíes de trato preferente para las compañías petroleras estadounidenses.

“Estados Unidos podría haberse apoderado del petróleo iraquí o kuwaití y no lo hizo”, dijo Fontaine.

Aun así, cuando el hijo de Bush, George W., invadió Irak en 2003, muchos escépticos descartaron su principal justificación —una afirmación falsa de que Hussein poseía armas de destrucción masiva— por considerarla una tapadera del objetivo secreto de controlar el petróleo de Irak.

El ex vicepresidente Dick Cheney, el secretario de Estado Colin Powell y el presidente George W. Bush sentados en el Despacho Oval.
Tras invadir y ocupar Irak en marzo de 2003, los funcionarios del gobierno del presidente George W. Bush tuvieron cuidado de dejar a los iraquíes el control de su industria petrolera.Credit…Stephen Crowley/The New York Times

El pasado de Bush como antiguo petrolero de Texas aumentó dicha sospecha, y su vicepresidente, Dick Cheney, había dirigido el gigante energético Halliburton.

Los funcionarios de Bush refutaron la acusación. “Eso no es lo que hace Estados Unidos”, dijo el secretario de Defensa de Bush, Donald H. Rumsfeld, a un entrevistador poco antes de la invasión. “Nunca lo hemos hecho y nunca lo haremos”.

Una letanía de explicaciones cambiantes y declaraciones erróneas de los funcionarios del gobierno de Bush invitó a dudar de sus motivos. Pero los expertos afirman que existen numerosas pruebas que demuestran que los funcionarios estadounidenses nunca intentaron apropiarse del petróleo iraquí ni conseguir un trato especial para las empresas estadounidenses, y que en realidad tomaron medidas para limitar su propio papel en la industria petrolera del país tras la guerra.

Cuatro hombres en un barco frente a una plataforma petrolífera.
Elementos de la Marina estadounidense patrullando cerca de una plataforma petrolífera en Irak en 2004.Credit…Ashley Gilbertson para The New York Times

“Esta idea de que la guerra pretendía ser una apropiación permanente de petróleo es falsa”, dijo Emily Meierding, profesora adjunta de la Escuela Naval de Postgrado y autora de The Oil Wars Myth: Petroleum and the Causes of International Conflict (El mito de las guerras por el petróleo: el petróleo y las causas del conflicto internacional).

Antes de la invasión, dijo, un equipo de funcionarios de la Casa Blanca elaboró planes para la industria petrolera iraquí. “Tenían muy claro que los recursos de Irak pertenecían al pueblo iraquí, que la producción de petróleo debía pertenecer a los iraquíes y que Estados Unidos debía transferir el control al pueblo iraquí lo antes posible”, dijo Meierding, y señaló que hablaba solo en su nombre y no en el de su institución.

Las empresas estadounidenses, incluida Exxon Mobil, firmaron contratos iniciales con el nuevo gobierno del país. Pero los elevados riesgos y los decepcionantes resultados las obligaron a retirarse. (Exxon Mobil firmó recientemente un acuerdo para volver a Irak).

Pero sus rivales chinos actuaron agresivamente, y hoy el actor dominante en el sector petrolero iraquí es la Corporación Nacional del Petróleo de China.

La mera percepción de que Estados Unidos robaba el petróleo de Irak causó graves daños allí, dijo O’Sullivan, y contribuyó a alimentar una sangrienta insurgencia contra las fuerzas estadounidenses y socavó la confianza pública en el gobierno iraquí respaldado por Estados Unidos.

Una multitud sostiene una gran bandera venezolana.
Simpatizantes del presidente derrocado de Venezuela, Nicolás Maduro, reunidos en Caracas el mes pasado. Inmediatamente después de que las fuerzas estadounidenses capturaran a Maduro, Trump anunció planes para tomar el control de la industria petrolera del país.Credit…Alejandro Cegarra para The New York Times

Esto podría ser una lección de advertencia para Trump. Los ejecutivos petroleros estadounidenses ya afirman que los riesgos y costos de hacer negocios en Venezuela son desalentadores. Esos obstáculos podrían aumentar si el enfoque de Trump enfada a los venezolanos que, de otro modo, podrían simpatizar con Estados Unidos.

El pueblo venezolano “es extremadamente sensible a cualquier percepción de explotación extranjera”, dijo Meierding. “Así que van a querer que se reactive su industria, y saben que necesitarán inversión extranjera. Pero no van a aceptar el control directo estadounidense, al menos a largo plazo”.

Meierding sugirió cuál puede ser la razón principal por la que los países no libran guerras por el petróleo más a menudo.

“La gente se resistirá a una ocupación por sus recursos, y se resistirá con fuerza”, dijo.

Michael Crowley cubre el Departamento de Estado de EE. UU. y política exterior para el Times. Ha reportado desde una treintena de países y con frecuencia viaja con el secretario de Estado.

Curadas / Vía The New York Times

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