Jesús Armas: No ha comenzado una transición porque el régimen está en el poder

El exconcejal de Caracas Jesús Armas asegura que es necesario aprovechar la apertura posterior al 3 de enero para lograr la reunificación de las fuerzas políticas que permitan exigir unas elecciones justas

El pasado 8 de febrero de 2026, Jesús Armas se convirtió en uno de los ya cientos de presos políticos que fueron excarcelados por el gobierno interino de Delcy Rodríguez. Aún a la espera de que los cargos en su contra sean borrados amparándose en la Ley de Amnistía, el ex concejal de Caracas y activista político está convencido de que Venezuela tiene “el chance definitivo” para lograr una verdadera transición a la democracia.

Jesús Armas recordó el tiempo que pasó detenido en El Helicoide, las torturas que recibió, y las personas con las que se relacionó estando preso. Surgió allí, comentó, un fuerte sentido de unidad. Si de verdad se aspira a tener un cambio a través de elecciones que verdaderamente reflejen el sentir del pueblo venezolano los “necesitamos a todos”.

Jesús Armas, quien también fue parte del equipo de María Corina Machado durante la primaria de 2023 y de Edmundo González Urrutia durante las presidenciales de 2024, asegura que en caso de llegar a comicios justos sería la líder de la oposición la que obtendría la victoria.

Está convencido de que la justicia ante la violación a los Derechos Humanos es necesaria para avanzar como sociedad, afirma que es imposible pensar en un verdadero cambio hacia la democracia en Venezuela mientras el chavismo se mantenga en el poder. Está de vuelta en las calles trabajando para reconstruir un tejido que se rompió tras la represión que siguió al 28 de julio de 2024, fecha en la que el miedo se instauró aún más entre la ciudadanía. Después del 3 de enero de 2026 y la operación militar de Estados Unidos que removió a Maduro del poder, asegura que el coraje está presente en la sociedad venezolana.

Jesús Armas
Jesús Armas durante entrevista concedida a El Nacional | Foto: Ricardo López

—¿Cómo vivió esos días siendo preso político?

—Uno los vive en distintas etapas. La primera siempre es de mucho miedo y ansiedad. Sobre todo los primeros días, las primeras horas. A mí me llevaron a una casa clandestina y obviamente, al no estar en un centro penitenciario regular, uno se empieza a hacer ciertas preguntas:

  • ¿Voy a salir vivo?
  • ¿estoy ahí para que me maten o alguna otra cosa?
  • ¿sencillamente estoy detenido?
  • ¿Cuánto tiempo vas a estar detenido?
  • ¿cómo se transita eso?

Después comienzas a atravesar un desierto con algo más de certeza, donde yo creo que viene la mayor parte del crecimiento personal en la cárcel porque es el momento en el cual empiezas a entenderte más a ti mismo. La cárcel es todo el tiempo una lucha contra ti, contra tus angustias, contra tus deseos, contra tus miedos, y en la medida que tú empiezas a controlar esas emociones, comienzas a crecer y a atravesar mejor cada día.

¿Cuándo se es una figura política cambia la manera en la que se le trata siendo preso político?

— Yo creo que el tema de la visibilidad, sin duda alguna, cambia la forma como te tratan los custodios e incluso los otros presos. Cuando estaba en la casa clandestina y me estaban torturando, ellos (los custodios) pararon porque uno de los Sebin estaba revisando TikTok y vio que Sairam, mi pareja, hizo una declaración pública.

Luego vio que María Corina Machado había puesto un tuit. En ese momento alertó a los otros efectivos del Sebin y dijo: «Mira, ya lo están buscando, hay que cambiar el trato». Entonces sí, la visibilidad es importante, también en términos de cómo te tratan si estás con presos comunes. Cuando llegué a Zona 7 encontré mucha hostilidad, ese no es un sistema para rehabilitar personas, sino uno para deshumanizar.

En Zona 7 los presos comunes tienen un pequeño televisor donde ven los canales nacionales. Sairam había dado una rueda de prensa en la cual denunciaba mi desaparición, y los presos lo habían visto. Cuando entro a la celda, me preguntan: «¿Tú no eres el chamo que está desaparecido? Que la esposa y la familia lo está buscando, ¿el de María Corina? E inmediatamente el trato fue distinto y de muchísima solidaridad. 

¿Mientras estaba preso tenía conocimiento de todo lo que pasaba afuera?

—Es muy duro porque durante los primeros 10 meses en El Helicoide estuve en aislamiento y eso significa que no tenía visitas, llamadas ni tenía información del mundo exterior. De hecho, la poca información que teníamos a veces era gracias a Víctor Castillo, otro preso político de Portuguesa, que tenía la posibilidad de informarse un poco más porque tenía visita.

Él pedía permiso y se ponía a la disposición de los Sebin para sacar la basura del recinto y pasaba por nuestra ventana y nos contaba las pocas noticias que podía saber. En medio de ese aislamiento, tú empiezas a generar cualquier tipo de conjeturas. Hay días donde estás con muchísima esperanza, donde crees que el cambio va a llegar muy pronto, no solamente tu libertad sino la del país, pero hay otros en los que tienes bajones emocionales.

Los días en torno al 10 de enero, diciembre y los cumpleaños fueron muy duros. Sin embargo, yo creo que en promedio pude mantenerme bastante estable porque estaba acompañado de gente buena que me apoyó, y porque también recordaba mucho las historias de otros presos políticos y cómo transitaron este proceso. 

¿Hubo una historia en particular que lo inspiró?

—Hay varias. Creo que hay dos en particular que puedo mencionar. La primera es la de (Václav) Havel, el líder de la Revolución de Terciopelo, la que hizo la transición a la democracia desde el comunismo en República Checa. Y cuando él estuvo preso, durante 4 años, en un momento le dio pulmonía y estuvo a punto de morir.

En esa biografía él contaba la situación y lo que lo ayudó a poder sostenerse en medio de esa enfermedad que casi le quita la vida. Yo soy asmático y en un punto de la cárcel estuve enfermo y no tenía atención médica. No podía respirar, pasé muchos días así y esto te genera más angustia porque cuando no tienes atención médica todo va empeorando, lo psicológico y lo físico. Recordar esa historia, y cómo pudo sobrevivir, me ayudó bastante.

Y lo segundo eran pequeños datos, como, por ejemplo, cosas que me habían contado Yon Goicoechea, Leopoldo (López), o muchos otros presos políticos que decían: «Mira, lo más importante de todo es que tengas una rutina y siempre tengas la mente ocupada». Yo, en la medida de lo posible, trataba de estudiar. 

Jesús Armas
Jesús Armas estuvo preso en El Helicoide | Foto: Ricardo López

En relación con el pensamiento de cambio del país, ¿cómo fue vivir el 3 de enero en El Helicoide?

—Lo viví con mucha incertidumbre. Estaba durmiendo y en medio de la madrugada escuchamos una explosión, vimos que se fue la luz y se encendió el generador de emergencia. Sentimos muchísima angustia, yo pensé en primera instancia que tenía que ver con la explosión de un transformador, algo que no es inusual en Caracas o en Venezuela.

Pero uno de los compañeros de celda me dijo: «Mira, vamos a ponernos los zapatos por si acaso, yo creo que esto es otra cosa”. Después comenzamos a ver la actitud de los carceleros, muy nerviosos corriendo de un lado hacia el otro, escuchamos a algunos compañeros cantando el Himno Nacional, algunos custodios hablando entre ellos y podíamos entrever qué pasaba. Pero la verdad es que con certeza nos enteramos de todo con la visita de nuestros familiares.

¿Qué sintió al enterarse de que había sido una operación militar?

—Sentimientos mixtos. Obviamente ningún venezolano quisiera que hubiésemos tenido que llegar a este punto. Ojalá hubiésemos podido resolver esto en medio de una elección, pero claramente no hubo voluntad de quienes están en el poder para  reconocer los resultados electorales el 28 de julio y tuvimos que llegar a este momento en el cual se utilizó una fuerza internacional para empezar a ver una apertura política en Venezuela y se pudiesen liberar presos políticos.

En términos generales, lo que más celebro es que han empezado las excarcelaciones, todavía quedan 600 y obviamente me alegro mucho por todos los que han salido, muchos amigos entre ellos, ver cómo se han venido reunificando a la familia venezolana es algo que nos tiene que llenar de alegría a todos.

Luego del 3 de enero, del inicio de las excarcelaciones, ¿qué sintió cuando por fin salió de El Helicoide?

—Fue un sentimiento muy raro, la verdad es que yo intuía algo. Los días subsiguientes al 8 de enero, cuando Jorge Rodríguez anuncia que iba a haber una Ley de Amnistía y que iban a excarcelar a los presos políticos, comenzó una angustia terrible entre nosotros porque piensas que cualquier día te puede tocar a ti. Tienes la maleta lista y en ese instante cuesta más dormir, te angustias mucho, te cuesta concentrarte, cumples muy poco la rutina.

El 8 de febrero, cuando me dan la salida, yo intuía que podía pasar. En la mañana habían liberado a Luis Tarbay, luego en la tarde había podido darle un abrazo a Perkins Rocha y me enteré que también lo iban a liberar. Estaba con mi mamá en la sala de visitas cuando se acerca el director de El Helicoide y me dice: «Vente conmigo que tenemos que hablar. Pero por favor, no digas nada ni mires a los lados”. Me llevó hacia la enfermería y me dijo: «Vas a ser liberado».

Y obviamente me dio muchísima alegría. Los primeros minutos cuando sales y ves la inmensidad de la ciudad, el cielo otra vez en su totalidad, son abrumadores. Pude sentir de nuevo el cariño de mi familia y de muchos amigos durante el encuentro que hicimos en la plaza Madariaga. Tanto cariño me hizo la transición muy sencilla.

¿Qué opinión tiene de lo que ha encontrado ahora que está libre?

— Obviamente nos encontramos con un tejido social destruido, con un país con muchísimo miedo. Pero, a su vez, en medio de un proceso en el cual la gente empieza a recuperar el coraje y la confianza, comienza a encontrarse no solo con los presos políticos liberados o excarcelados, sino que estamos viendo cómo mucha gente regresa del exilio.

Por ejemplo, el caso de mi pareja Sairam Rivas, que volvió hace un par de semanas. Al mismo tiempo empezamos a ver cómo comienza otra vez a tejerse esa red de activistas en todo el país y se percibe ese sentimiento de exigir una elección.

Obviamente, es todo muy complejo, es raro pensar que aquí comenzó una transición, pero la verdad es que no, porque todavía está el régimen en el poder. Sin embargo, se están dando pasos importantes que sin duda alguna nos dan pie para pensar que en muy pocos meses sí vamos a poder arrancar una transición a la democracia.

¿Se hace entonces necesario retomar la presencia en las calles?

—Sin duda alguna. Al final, el apoyo internacional que debíamos haber tenido, lo tuvimos. Ahora es un momento donde los venezolanos tenemos que asumir la tarea de reorganizarnos y luchar por tener una fecha de una elección libre, justa, con un CNE que sea genuinamente transparente y, sobre todas las cosas, una elección que refleje la intención de voto de todos los venezolanos y la soberanía popular. Yo creo que, en última instancia, eso hoy se traduce en una elección en la que pueda participar María Corina Machado. Sin duda alguna, ella ganaría esa elección.

Machado en su momento hizo una fuerte campaña en las comunidades. ¿Ha tenido la oportunidad de ir a estas comunidades?, ¿recorrerlas?, ¿qué ha encontrado ahí?

—Desde el día que salí de la cárcel no he dejado de visitar comunidades de Caracas. He estado en el Guarataro, en Catia, en La Pastora, en muchos lugares del municipio Libertador y siento a la gente todavía tímida, pero que con pasos cortos, pero firmes, comienza a perder el miedo. Y lo que percibí es que la gente está muy clara en lo que representa María Corina Machado y en la necesidad de una elección. Parte de lo que nos pasó después del 28 de julio es que la represión fue tan fuerte que no solamente la gente que estaba siendo explícitamente perseguida, sino todos los venezolanos, nos contagiamos de miedo. Pero estoy convencido de que el coraje y la valentía también se contagian y estamos en ese proceso. 

¿Cómo se hace entonces para que en este proceso que se inició con una acción extranjera, los venezolanos puedan recuperar el protagonismo?

—Creo que los venezolanos somos los protagonistas de lo que está sucediendo. Lo que pasa es que no hemos entendido que tenemos que asumir esa responsabilidad para poder genuinamente liderar el destino de nuestro país. Creo en lo que está pasando en los centros penitenciarios, donde están los familiares de los presos políticos están liderando todas estas protestas; esos campamentos en donde los familiares tienen más de un mes exigiendo la libertad de sus seres queridos es una semilla importante. También resalto el liderazgo que están mostrando los estudiantes y todo lo que hemos visto del movimiento estudiantil.  Es algo impresionante que nos tiene que llenar de coraje y de alegría, que nos tiene que inspirar y que eventualmente va a aterrizar en que toda la sociedad tenga este espíritu. Estoy convencido de que el momento cumbre de protagonismo de los ciudadanos va a ser el día de la elección.

Jesús Armas
Jesús Armas: «Enrique Márquez ve la política de una manera mucho más cercana al régimen» | Foto: Ricardo López

Y con respecto a los partidos políticos, ¿cómo se hace para reactivarlos?

—Los partidos políticos necesitaban que su liderazgo nacional y local estuviera en libertad. Y yo creo que con la salida de Juan Pablo Guanipa de Primero Justicia, de Freddy Superlano de Voluntad Popular, con el regreso de muchos activistas como Adriana Pichardo, entre otros, y por supuesto con las liberaciones de los líderes de Vente Venezuela, de Henry (Alviarez), de Perkins (Rocha), pues eso va a ser un impulso muy grande.

Ya estamos viendo a muchísimos líderes políticos que comenzaron a recorrer sus municipios, sus comunidades y esta pequeña organización comunitaria que se está dando en los últimos días se va a transformar rápidamente en un músculo nacional.

Hay que tener certeza de que los partidos políticos están pasando por un proceso de reorganización, pero que va a terminar transformándose en un músculo importante que va a liderar a la sociedad venezolana. Necesitamos partidos fuertes, pero partidos que estén genuinamente conectados con el deseo de los venezolanos; pero, sobre todas las cosas, necesitamos unidad, y necesitamos partidos que entiendan que no pueden solos. Creo que parte de lo que nos ha dado la cárcel es entender que nos necesitamos todos.

¿A su juicio, María Corina Machado sigue siendo la gran líder de la oposición aún fuera del país?

—No se trata de mi juicio, se trata de los números, de una realidad objetiva. Obviamente yo tengo una afinidad con María Corina, yo soy parte de su equipo, entonces sería irresponsable hablar desde mi juicio porque obviamente tengo un sesgo, pero cuando revisas todas las encuestas que han hecho organismos internacionales, incluso encuestadores nacionales, te das cuenta que de María Corina Machado es la líder política venezolana con mayor popularidad. Esto se ha reafirmado en distintos oportunidades: en las primarias que ganó con más del 90%, y cuando su candidato Edmundo González Urrutia derrotó por paliza al chavismo con más del 70% de los votos. Si hoy fuésemos a una elección limpia, transparente, con un nuevo CNE y además con participación de la diáspora, no dudaría que ganaríamos con alrededor del 80% de los votos.

Hablando de elecciones, algunos analistas afirman que Enrique Márquez pudiera ser un candidato presidencial. Estuvo con él en la cárcel ¿Qué consideración tiene sobre él?

—Compartí celda con Enrique Márquez por tres o cuatro meses, y del humano no tengo ninguna crítica, tuvimos una muy buena convivencia. Eso es difícil, a veces uno pelea con la familia, obviamente convivir con un extraño es complicado. Sin embargo, en lo político somos dos mundos aparte. Yo creo que él ve la política de una manera mucho más cercana al régimen. Es decir, a mí me cuesta muchísimo, por ejemplo, construir al lado de Juan Barreto, que era su jefe de campaña, o poder pensar que yo puedo hacer un país distinto de las manos de los hermanos Rodríguez (Delcy y Jorge). Y esos son sus principales aliados. Yo creo que él y yo podemos coincidir en muchas cosas, pero son más las que nos alejan. Sin duda alguna la candidata que genuinamente representa los valores de los venezolanos es María Corina Machado.

Ahora estando en libertad, ¿qué va a hacer Jesús Armas desde la política?

—Soy como una persona hambrienta que llega a un banquete y no es de comida sino de libertad. Estoy tratando de engullir toda la libertad posible lo más rápido que puedo y eso se traduce en promover la libertad del país. Ya comencé a recorrer Caracas, a reorganizar a los activistas, pero sobre todo quiero convertirme en un factor de unidad para quienes verdaderamente queremos un cambio en Venezuela, que es la mayoría de los venezolanos.

Hoy estoy tratando de reunirme con gente de La Causa R, de Acción Democrática, Voluntad Popular, con todo el liderazgo de Vente Venezuela, de Primero Justicia. Volver a reencontrarnos, pero sobre todo reencontrarnos con la ciudadanía que es lo más importante, porque es el motor que condujo las primarias, es el motor que hizo posible la victoria del 28 de julio, es el motor que llevó a las calles ese grito de libertad del 29 de julio, y son el motor que sin duda alguna nos va a llevar a una elección y a una transición a la democracia.

¿Se puede tener un país distinto al que tenemos ahora si en cinco años los Rodríguez siguen en el poder?

—Creo que mientras esté el régimen en el poder es imposible que nosotros podamos tener democracia, es imposible que podamos garantizar los derechos humanos en el país. Sabemos que hoy hay una pequeña apertura, quizás en los medios, en estas liberaciones a cuenta gota, pero es debido a que tiene muchísima presión encima.

Yo estoy seguro de que después de que haya una transición a la democracia, sin duda alguna va a existir el chavismo, van a ser un pequeño porcentaje que habrá que respetar; sus derechos humanos, su participación política, son ciudadanos.

Pero sin duda alguna, en Venezuela necesitamos un proceso de justicia transicional y ese proceso pasa porque tengamos la verdad y puedan ser resarcidos los hechos que hemos vivido durante estos 25 años, porque tengamos justicia y las personas responsables puedan enfrentar una justicia que represente genuinamente un Estado de Derecho, donde se respeten los derechos humanos a todos los venezolanos.

Habla de una pequeña apertura. ¿Cree que es la última oportunidad de Venezuela para verdaderamente tener un cambio hacia la democracia?

—Yo no creo que esto sea el último chance, pero creo que es el definitivo. Es decir, ya el pueblo venezolano ha sufrido suficiente, ya hemos pasado por suficientes penurias y suficientes procesos de ensayo y error. No nos podemos equivocar, esto tiene que ser el camino certero hacia una transición a la democracia.

Curadas / Vía El Nacional

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